Declarada la epidemia no transmisible más grande del mundo por la Organización Mundial de la Salud, la obesidad está entre los diez factores de riesgo sanitario más importantes. Por Susana Rigoz

Considerada hasta hace poco tiempo un problema estético que afectaba en especial a los países desarrollados, el problema del sobrepeso y de la obesidad estaba muy lejos de ser visto como una enfermedad y era abordado con dietas destinadas exclusivamente a la pérdida de peso. Sin embargo, con el transcurso de las décadas esta problemática alcanzó una dimensión tal que fue  nombrada como el enemigo público número uno por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Este organismo internacional, que nuclea a los países desarrollados, elaboró un informe donde manifiesta que supera el 50 por ciento la población con sobrepeso de los países que lo integran, alcanzando el grado de obesidad una de cada seis personas, situación que sigue aumentando sin pausa desde hace tres décadas. En cuanto al diagnóstico a futuro, se pronostica un aumento del 10 por ciento de la enfermedad a nivel global en la próxima década.

Diagnóstico global

Definidos como una excesiva cantidad de grasa que resulta perjudicial para la salud, el sobrepeso y la obesidad han aumentado en más de un ciento por ciento a nivel global desde 1980, y se han convertido en el quinto factor de riesgo de muerte en el mundo. Puesto en cifras, según informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año mueren alrededor de 2,8 millones de personas adultas como consecuencia de estas enfermedades, responsables también del 44 por ciento de la carga de diabetes, el 23 por ciento de las cardiopatías isquémicas y entre el 7 y el 41 por ciento de algunos tipos de cánceres. Según estimaciones realizadas en 2008, uno de cada diez adultos del mundo era obeso, y dos años después se concluyó que llegaban a 40 millones los menores de cinco años con problemas de sobrepeso, fenómeno que se da -contra lo que se pensaba- tanto en países del considerado primer mundo como en los países en vías de desarrollo.

Causas y consecuencias

Este problema mundial está directamente relacionado con dos causas. Por un lado, el tipo de alimentación, que se aleja cada vez más de lo saludable y natural, para inclinarse hacia los alimentos conservados, que son ser ricos en grasas, sal y azúcares pero pobres en nutrientes. Por otro, el sedentarismo, que lleva a un gasto escaso de energía y es producto del cambio en las formas de vida, de trabajo y de desplazamiento propio de la vida en la ciudades. “A menudo, las modificaciones en los hábitos de alimentación y en la actividad física son consecuencia de cambios ambientales y sociales asociados al desarrollo, y de la falta de políticas de apoyo en sectores como la salud, agricultura, transporte, planeamiento urbano, medioambiente, procesamiento, distribución y comercialización de alimentos, y educación”, afirman los informes de la OMS.

Cardiopatías, accidentes cerebrovasculares y cardiovasculares, diabetes, trastornos del aparato locomotor o algunos tipos de cáncer suelen relacionarse y aumentan el riesgo de contraerse si la persona tiene un elevado índice de masa corporal (conocido como IMC), método que permite calcular el peso ideal  (ver recuadro 1).

Un caso especialmente preocupante es el de los chicos obesos, quienes desde temprana edad sufren las enfermedades asociadas y aumentan las posibilidades de padecer esta enfermedad en la adultez, según los especialistas.

Sin fronteras económicas

El sobrepeso y la obesidad fueron históricamente considerados problemas de los países ricos. Esta realidad fue mutando con el tiempo, y en la actualidad, si bien los Estados Unidos y el Reino Unido lideran el ranking de estas enfermedades, los países de medianos y  bajos ingresos han aumentado bruscamente los índices de obesidad, junto a los de desnutrición.

Según un estudio difundido a fines de 2010 por la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la obesidad avanza nivel global y mientras el número de subnutridos creció de 2005 a 2010 de 47 a 52 millones, también lo hizo la obesidad, otra forma de la malnutrición. No se trata, en síntesis, de una cuestión de cantidad de alimentos, sino de calidad y esto queda evidenciado al comprobar que las personas sobrealimentadas padecen falta de vitaminas y minerales, y no es extraño que sufran de anemia.

Un problema social

Si bien quienes sufren este tipo de enfermedades pueden implementar diversas estrategias relacionadas con el consumo de alimentos y una eficaz actividad física para combatirlas, es fundamental el rol de la sociedad civil y de los gobiernos. Si la comida más accesible fuera más económica y se fomentara la actividad física, probablemente el sobrepeso y la obesidad podrían prevenirse. Según la OCDE, estas enfermedades están afectando cada vez con mayor gravedad a las personas de bajo nivel social debido a la carestía de la alimentación sana frente a la denominada “comida chatarra”. Por ello, es indispensable el compromiso político y de la industria en la promoción de la alimentación saludable y la comercialización responsable.

Consciente de esta realidad, la OMS estableció un Plan de acción 2008-2013 -en el marco de la Estrategia Mundial sobre Régimen Alimentario, Actividad Física y Salud- destinado a la prevención y control de enfermedades no transmisibles, en el que declara que las dietas saludables y una regular actividad son la clave de una buena salud para toda la vida e instó a los gobiernos a hacer hincapié en la educación alimentaria. Considera también que el más importante reto del siglo XXI de la salud pública es la obesidad infantil y aporta un dato más que alarmante: el 75 por ciento de los niños afectados pertenece a países de bajos y medianos ingresos. Los niños con sobrepeso alcanzaban los 42 millones a nivel global, 35 millones de los cuales pertenecen a países en vías de desarrollo.

Otro aspecto importante a tener en cuenta, además de la salud, se relaciona con la dificultad de conseguir empleo debido a que quienes padecen la enfermedad, según el estudio mencionado de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, tienden a ser menos productivos y faltan con mayor frecuencia.

Argentina

La Argentina no permanece ajena a esta problemática global y, según el informe de la FAO,  encabeza el ranking de obesidad en menores de cinco años en Latinoamérica, seguida de Brasil y México.

Para recabar datos acerca de la situación nutricional, en 2005 se realizó en nuestro país la primera Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR), tales como el tabaco, la mala alimentación y la inactividad física. La segunda se llevó a cabo cuatro años después, permitiendo evaluar la evolución de las enfermedades crónicas no transmisibles que están relacionadas con alrededor del 80 por ciento de la mortalidad en nuestro país (según estimaciones de la OMS, en 2008 el 62 por ciento de las muertes a nivel global se debió a este tipo de enfermedades, porcentaje que se elevará a 75 por ciento para 2020).

Entre las principales conclusiones de la encuesta efectuada por el Ministerio de  Salud, podemos destacar que en 2009 el 19,2 por ciento de la población evaluó como mala o regular su salud; la inactividad física alcanza al 54,9 por ciento; más de la mitad de la población (53,4 por ciento) presenta exceso de peso, registrándose un aumento de la obesidad del 14,6 al 18 por ciento entre ambas encuestas. En cuanto a la alimentación, el 25,4 por ciento de los encuestados declaró agregarle sal a las comidas siempre y el promedio de consumo de frutas y verduras fue solo de dos porciones diarias. El significativo incremento de la falta de actividad física y de la alimentación poco saludable entre 2005 y 2009 registrado en las encuestas, sin duda debe relacionarse con el aumento de la obesidad, la diabetes y el colesterol de los argentinos.

La aldea

En la ciudad de Buenos Aires, se recabaron datos distritales a través de una encuesta alimentaria y nutricional que arrojó estadísticas desalentadoras para los porteños: el 46,7 por ciento de los adultos tiene sobrepeso y el 43,3 no realiza actividad física. En el caso de los jóvenes, uno de cada tres tiene sobrepeso u obesidad y no realiza ninguna actividad fuera de la escuela el 44 por ciento, mientras que pasan semanalmente 17 y 18 horas frente al televisor y la computadora, respectivamente.