Foto: Fernando Calzada.

La desigualdad en los ingresos ha alcanzado alzas sin precedentes en la mayoría de los países de la OCDE y se mantiene en niveles aún más altos en muchas economías emergentes. Según un nuevo informe de la OCDE, la población que ocupa el 10% superior de la escala de ingresos en la OCDE ahora gana 9.6 veces el ingreso de la población que ocupa el 10% inferior.

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El nuevo informe de la OCDE, titulado Todos juntos: ¿Por qué reducir la desigualdad nos beneficia?, muestra también que el patrimonio se concentra aún más en el extremo superior que el ingreso, lo cual incrementa la desventaja general de las familias de ingresos bajos. En 2012, aquellos en el 40% inferior de la escala de ingresos poseía sólo el 3% del patrimonio familiar total en los 18 países de la OCDE que contaban con datos comparables. En contraste, la población ubicada en el 10% superior controlaba la mitad del patrimonio familiar total y el 1% más adinerado poseía el 18%.

“Hemos llegado a un punto de inflexión. La desigualdad en los países de la OCDE se encuentra en el nivel más alto desde que empezaron a registrarse estadísticas”, comentó el Secretario General de la OCDE, Angel Gurría, en la presentación del informe en París junto con Marianne Thyssen, la Comisaria Europea para el Empleo, Asuntos Sociales, Competencias y Movilidad en el Empleo. “La evidencia indica que una alta desigualdad es negativa para el crecimiento. La razón de ser de una acción de política es tanto económica como social. Al no trabajar en resolver la desigualdad, los gobiernos afectan el tejido social de sus países y perjudican su crecimiento económico de largo plazo.”

En el informe se destaca la necesidad de mejorar las condiciones de trabajo. La creciente proporción de personas que trabajan a tiempo parcial, con contrato temporal o que son autoempleadas es un factor importante del incremento constante de la desigualdad. Entre 1995 y 2013, más del 50% de los empleos creados en los países de la OCDE se ubicaron en estas categorías. En particular, los trabajadores temporales poco calificados tienen ingresos mucho más bajos e inestables que los trabajadores permanentes.

Los jóvenes son los más afectados: el 40% tienen empleos atípicos y cerca de la mitad de los trabajadores temporales tienen menos de 30 años de edad. Asimismo, son menos sus probabilidades de cambiar de un empleo temporal a uno permanente y estable.

Otra conclusión clave presentada en la publicación es que es necesario trabajar más en reducir la brecha de género. El aumento del número de mujeres que trabajan ha ayudado a contener el aumento en la desigualdad, pese a que es 16% menos probable que su trabajo sea remunerado y su ingreso es alrededor de 15% menor que el de los hombres. Si la proporción de familias con mujeres que trabajan hubiera permanecido en los niveles de hace 20 a 25 años, la desigualdad de ingresos habría aumentado en casi 1 punto Gini más en promedio.

Más allá de su impacto en la cohesión social, en el informe se hace hincapié en que la creciente desigualdad y las débiles oportunidades disponibles en el mercado laboral son nocivas para el crecimiento económico de largo plazo. Se estima que el incremento en la desigualdad ocurrido entre 1985 y 2005 en 19 países de la OCDE analizados, restó 4.7 puntos porcentuales al crecimiento acumulado entre 1990 y 2010. De hecho, el efecto negativo de la desigualdad en el 40% de personas con menores ingresos es la causa principal de la reducción del crecimiento general. A medida que la desigualdad se eleva, las familias con un entorno socioeconómico más bajo experimentan caídas importantes en el logro educativo y la adquisición de competencias, lo que implica que se desperdicien grandes cantidades de potencial y haya una menor movilidad social.

La desigualdad alcanza su nivel más alto entre los países de la OCDE en Chile, México, Turquía, Estados Unidos e Israel, y su nivel más bajo en Dinamarca, Eslovenia, la República Eslovaca y Noruega. La desigualdad es aún más alta en las grandes economías emergentes, aunque en muchas, entre ellas la de Brasil, ha disminuido.

Para reducir la desigualdad y aumentar el crecimiento incluyente, la OCDE afirma que los gobiernos requieren promover la igualdad de género en el empleo; ampliar el acceso a mejores empleos, y estimular una mayor inversión en formación y adquisición de competencias durante toda la vida laboral.

La redistribución mediante impuestos y transferencias es también una manera eficaz de reducir la desigualdad. En décadas recientes, la eficacia de los mecanismos de redistribución se ha debilitado en muchos países. Para resolver esta situación, es necesario que las políticas garanticen que las personas más ricas, así como las empresas multinacionales, paguen la parte que les corresponde de la carga fiscal.

Fuente: OCDE