El ministro de Justicia y Seguridad porteño recorre, en esta conversación con DEF, la experiencia de la Policía Metropolitana. Se refiere a la importancia de una clara conducción política de la fuerza y a la necesidad de un plan integral que no se agote en el número de efectivos en las calles o en la cantidad de patrulleros.

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-¿Cómo fue el proceso de implementación de la Policía Metropolitana?

-La primera discusión se dio a fines de 2007 y principios de 2008, cuando Mauricio Macri conversó con el entonces jefe de Gabinete, Alberto Fernández, sobre la posibilidad de transferencia de las comisarías de la Policía federal con los recursos correspondientes. Sin embargo, quedó claro que no era factible. Ya en su campaña para la jefatura de Gobierno, Mauricio había planteado la necesidad de implementar servicios de seguridad y crear una Policía en la ciudad. En realidad, fue bastante más profundo: la seguridad no es solamente patrulleros o cámaras. Se necesita un plan de seguridad integral, un sistema de comunicación, videovigilancia, coordinación, capacitación y entrenamiento. La ciudad venía de ser una intendencia y, con la autonomía, era lógico que tuviera una fuerza civil armada. En el debate legislativo, tuvimos que generar necesariamente consensos con la oposición, porque solo con los votos del PRO no alcanzaba.

-Desde el punto de vista operativo, ¿cómo se dio la selección de las comunas donde hoy está trabajando la Policía Metropolitana?

-La primera comuna donde trabajamos fue la 12, que tenía una conflictividad promedio, una cantidad de habitantes similar a la del resto de las comunas porteñas, con accesos al territorio bonaerense que permitían una comodidad para movernos, y, adicionalmente, teníamos un buen lugar para el acceso a una comisaría comunal en la vieja traza de la AU3. Lógicamente, fuimos corrigiendo algunas cuestiones. La primera comisaría no es igual a la tercera o la cuarta que inauguramos. Nos dimos cuenta de que se necesitaba más lugar para el almacenamiento de los objetos secuestrados, un gimnasio para que los agentes pudieran entrenarse y, para eso, también buscamos que siempre hubiera un parque en las cercanías, que permitiera la actividad física y la comunicación con los vecinos. Después de la comuna 12, nos trasladamos a la 15, en la zona de Chacarita, que es más conflictiva; y, más tarde, a la comuna 4, en la zona sur, con un índice delictivo más alto y una complejidad aún mayor. El avance no fue solo en temas de seguridad; el Metrobus, la semaforización, la urbanización de las villas y los cambios en el alumbrado público hicierion que pudiéramos desarrollar una mayor presencia policial.

-¿Cuál es la imputación presupuestaria que tiene el área de seguridad?

-Los efectos presupuestarios se van modificando de año a año. Al principio, muchos costos tuvieron que ver con la infraestructura. El recurso humano, que impacta presupuestariamente en los sueldos, va a ir aumentando de acuerdo con el crecimiento de la fuerza. Debemos tener en cuenta que la seguridad no es un gasto, sino una inversión que tiene que ver con la calidad de vida de los vecinos. Además, el sector privado se siente más cómodo y genera inversiones. Una mejor seguridad genera un círculo virtuoso: lo que la ciudad gasta por un lado, lo recupera por otro. Es una política transversal que atraviesa todo el gobierno, porque no hay una política de Estado que pueda ser manejada únicamnete por un área. Eso habla muy bien de la capacidad de liderazgo de Mauricio Macri: el hecho de mantener el mismo equipo de trabajo durante todos estos años ha hecho que “juguemos de memoria”.

-Un elemento básico de las nuevas policías, tanto la Metropolitana como las Policías locales en la provincia, es la participación comunitaria y la generación de confianza en la ciudadanía. ¿Cómo se logra?

-Lo más complejo de una política de seguridad es, desde mi punto de vista, generar la confianza de la gente en los sistemas policiales. Ha habido en nuestro país un deterioro en la relación del ciudadano con el policía. Nosotros, desde la política, somos responsables de que ese vínculo se restablezca rápidamente, mejorando el trabajo del efectivo policial, su sueldo, su capacitación, su equipamiento y colocándolo dentro de la sociedad. Si el policía está bien remunerado, bien equipado, bien entrenado y es respetado socialmente, esto le va a generar una mayor confianza para desarrollar su trabajo. Si no le alcanza para vivir, su problema no es cuidar al vecino, sino ver cómo llega a fin de mes, cómo paga el colegio de sus hijos, cómo repone el chaleco que se le venció, etc. Yo veo con entusiasmo el hecho de que intendentes del Conurbano, como los de Vicente López o La Matanza, se hayan dado cuenta de la importancia de cuidar al vecino. Nosotros lo venimos planteando, en la ciudad, desde hace años. Sin embargo, solamente diciéndolo no alcanza; hay que ejercitarlo. Cuando se genera una relación de confianza entre el ciudadano y el policía, ese ciudadano va a animarse a contarle lo que le sucede porque ve los resultados. No se trata solo de la Policía; también tiene que haber un Poder Judicial presente y leyes que acompañen el accionar policial. La política tiene una deuda con la sociedad en el tema seguridad, ya que en los últimos 30 años no estuvo a la altura de las circunstancias.

 

-La ley porteña establece la “igualdad de género” y “la plena integración de las mujeres a los puestos de mando y control” de la Policía Metropolitana. ¿Cómo se implementa en la práctica?

-Se va logrando progresivamente, de a poco. En todas las Policías, históricamente, han ingresado menos mujeres que hombres. No se puede forzar la situación. De a poco va cambiando: lo vemos en la cantidad de ingresos de mujeres que tiene la Policía Metropolitana cada año. También es cierto que hay mayor deserción de mujeres que de hombres a lo largo de la carrera. Pero, por ejemplo, en el área de violencia de género contamos con un número predominante de policías mujeres. Esto va a ir modificándose con el tiempo. Es lo mismo que ocurrió en los Tribunales: cuando yo entré había más hombres que muejres y hoy es al revés; en esa época prácticamente no había juezas mujeres y hoy todo cambió.

LA IMPORTANCIA DE LA CONDUCCIÓN POLÍTICA

-¿Influye el hecho de que la conducción de la fuerza policial esté en manos de un civil o de un uniformado?

-Todo depende de dónde se quiera colocar la figura política. Yo considero que la jefatura operativa de un organismo tan vertical tiene que estar en manos de un policía, que trabajó, estudió y se capacitó para eso. Lo importante es que el control de la actividad policial sea político. Me refiero al control de la calidad del servicio y al control de asuntos internos, que debe estar fuera de la Policía y dentro de la política; lo mismo que el control de la capacitación, su equipamiento y el entrenamiento. En la ciudad, ha quedado claro que la conducción política de la Metropolitana está bajo mi órbita y que, desde lo operativo, quien conduce es el comisario Horacio González (titular de la Policía Metropolitana). Si el día de mañana el jefe de la Policía fuera un civil, el subjefe debería ser un policía para que tenga a su cargo el manejo operativo de la fuerza.

-En la ciudad funciona también el Instituto Superior de Seguridad Pública (ISSP), que forma no solo policías sino también civiles. ¿Qué balance hace de su funcionamiento?

-Lo más novedoso que planteamos, a partir de un acuerdo con las distintas fuerzas políticas, fue que no se tratara solo de un lugar de capacitación y entrenamiento de policías, sino que era importante que la sociedad civil se involucrara en cuestioens que tienen que ver con la seguridad. La discusión sobre las políticas de seguridad se debe dar en la Legislatura, pero tenemos que contar con el insumo técnico, para lo cual hay que capacitar personas para que mejoren la calidad de la seguridad en todo el ámbito de la ciudad. Si logramos capacitar a los integrantes de empresas de seguridad privada, a encargados de edificios, a kiosqueros y dueños de puestos de diarios, toda esta capacitación del ciudadano común va a mejorar la calidad de respuesta del sistema. Yo me imagino al instituto como una universidad, que va a mejorar también la calidad de los propios funcionarios públicos en materia de seguridad. La política ha generado pocos especialistas en seguridad y debemos generar este tipo de expertos porque estamos ante una de las mayores demandas de la sociedad.

-¿Cómo es la convivencia actual de la Policía Metropolitana con la Federal, con la que están trabajando juntos en algunas comunas porteñas?

-Partamos de la base de que tanto el comisario Horacio Giménez, jefe de la Metropolitana, como el subjefe Raúl Pedace, son exmiembros de la Policía federal. Los efectivos de la Metropolitana tienen varios compañeros, subalternos y superiores que trabajan en la Federal. Incluso hay matrimonios entre efectivos de una y otra fuerza. Con el tiempo hemos logrado coordinar muchas acciones conjuntas, incluso procedimientos específicos. Tenemos claro que la capacidad de la Policía federal es superior, por número, por historia, por capacidad operativa e incluso por experiencia. Nosotros estamos para ayudar. Como ministro de Jusiticia y Seguridad de la ciudad, hoy yo estoy presente en las mesas en las que se discute la política de seguridad a nivel nacional y hasta en el plano internacional. Hace cuatro años, a mí no me llamaba nadie. El hecho de tener una buena comunicación con las personas de la otra institución también hace que el diálogo sea más fácil y fluido. Tengo una relación de veinte años con el comisario general de la Policía federal, Román Di Santo, cuando yo era fiscal y luego juez, y con el comisario mayor Horcacio Calviño, a cargo de la Superintendencia de Seguridad Metropolitana. Todo eso hace que la buena intención se dé por sobreentendida y que esté claro que no hay voluntad de perjudicarnos entre nosotros. La problemática de las fuerzas de seguridad va más allá de Sergio Berni y de Guillermo Montenegro; nosotros vamos a pasar y las instituciones policiales van a seguir.

LA COORDINACIÓN ENTRE NACIÓN Y CIUDAD

-¿Ha mejorado la relación con el gobierno nacional, luego de las idas y vueltas que hubo por la seguridad?

-A la gente no le interesa el partido político que gobierna; quieren soluciones y respuestas, que son muy complejas. Si realmente queremos bajar los índices delictivos, eso lleva mucho tiempo; y el ciudadano quiere respuestas inmediatas. Es como la aspirina y el antibiótico: le das al paciente una aspirina, pero para curarse necesita el antibiótico. Tenemos que hablar de desarrollo social, inclusión y trabajo, porque todo eso impacta en la seguridad. Ha habido, en el último año y medio, un buen diálogo con el gobierno nacional. Nosotros vinimos a sumar y estamos para acompañar. Volviendo a la pregunta anterior, la vocación de servicio del policía es la misma, sea de la Federal, de la Gendarmería o de la Metropolitana. La elección de la fuerza se da, muchas veces, por accidente.

-¿Cómo observa el panorama de cara al futuro en materia de coordinación y de trabajo conjunto entre Nación y ciudad?

-La Ciudad de Buenos Aires debe contar con una fuerza de seguridad numerosa. A fin de año, si Mauricio Macri llega a la presidencia, un sector de la Policía federal (la Superintendencia de Seguridad Metropolitana) va a ser transferido a la Metropolitana. Eso casi triplicaría el número de efectivos. No se va a dar de un día para el otro porque tenemos que hacer una transición.

-¿Existe predisposición de parte de la Policía federal?

Lo más importante es cómo se lo comunica y que el policía vea que se lo va a seguir cuidando. Lo fundamental es cómo damos entidad a una decisión política. Si el gobierno de la ciudad mantiene y acentúa el vínculo, el policía va a estar tranquilo porque lo que quiere es trabajar bien.

-Luego de la reforma de la ley Cafiero de 2007, ¿se requiere alguna otra reforma legal para hacer esta transferencia de efectivos a la Metropolitana?

-No, porque incluso la Ley de Seguridad Pública contempla la posibilidad de que ingrese a la Metropolitana personal procedente de otras fuerzas, que tiene que hacer un curso de equiparación. Eso nos va a dar un perfil de quiénes son los que ingresan, Es una discusión política de buenas intenciones. Yo estoy confiado en que lo vamos a lograr.