En una serie de entrevistas, DEF conversó con distintos divulgadores para conocer más sobre su labor e intentar responder una incógnita: ¿es un buen momento para posicionar mejor al ámbito científico?

Agostina Mileo habla de ciencia y, en ningún momento, deja de cuestionar la forma en que se la produce y se la acerca al público. Bajo su alter ego, La Barbie Científica, encontró la forma de realizar trabajos de divulgación y de sentirse protegida para cuando la “abatieran con prejuicios”. Comunicadora científica y licenciada en Ciencias Ambientales -se encuentra actualmente cursando un doctorado en Historia y Epistemología de la Ciencia-, la inquieta investigadora milita activamente por la democratización del acceso al conocimiento para hombres y mujeres, y deja en claro que para lograrlo no piensa aceptar ningún principio como artículo de fe.

—En una entrevista dijiste que uno de los principales obstáculos que tuviste que vencer fue el prejuicio y la mirada de los hombres, ¿Por qué hiciste ese postgrado en comunicación científica, sentiste que había algo de lo que mencionaste anteriormente? 

—La verdad es que cuando me metí, no lo tenía para nada claro. Había estudiado Ciencias Ambientales, esa es mi formación de grado, y la verdad es que siempre fui ‘muy de izquierda, muy politizada’ (risas). Así que cuando llegué a los últimos años de la carrera y surgía la pregunta “Ustedes, ¿a qué se quieren dedicar cuando termine esto?”, me pasó que la mayoría de mis compañeros y compañeras querían hacer investigaciones y evaluaciones sobre impacto ambiental, algo que es un requisito normativo de la instalación de industrias. En mi caso, a lo largo de la carrera, percibí que había dos grandes déficits respecto a la comprensión de los temas ambientales que tenían que ver por un lado con la educación y, por otro lado, con la circulación de la información en temas ambientales, y mucho más en esa época (eso fue hace como hace 15 años). Busqué posgrados en periodismo científico y encontré este en comunicación. Sentada en el aula, me enteré de que existía esta disciplina y sentí como una epifanía, el llamado vocacional.

—¿Se cumplieron las expectativas que tenías del tema o las superó?     

—Hice la maestría y podría decir que amo mi oficio. No me gustaría dedicarme a ninguna otra cosa, me encanta lo que hago y me parece una oportunidad espectacular de proponer información. Considero que hago comunicación pública de la ciencia, sobre todo desde los feminismos, y creo que es una oportunidad maravillosa de hacer algo poco explorado y que, por esto mismo, tiene sus momentos tensos. También es algo sobre lo que hay mucho recelo porque persiste esta idea de las ciencias como algo impoluto y cercano a la verdad, que no tiene que ser manchado con elementos del orden de lo político ni con perspectivas asociadas al universo de lo subjetivo. Me parece muy importante insistir con esto porque es la única manera de tener una construcción de un sistema científico tecnológico más cercano a la sociedad y a la articulación de las demandas ciudadanas, más popular, más inclusivo y diverso.

—¿Cuáles creés que son algunos del déficit que presenta la comunicación de la ciencia?

—Para empezar, hay una tradición de la comunicación pública de la ciencia que es explicativa, en la que no se fomenta una intervención de los discursos de la ciencia. Es decir, los comunicadores y comunicadoras de las ciencias se presentan y dicen: “Ahora te voy a explicar algo”. Vos lo podés entender o no, y reproducir o no, pero no podés operar sobre eso ni establecer criterios propios, si no estás dentro de las comunidades científicas. Entonces, me parece que lo primero en lo que fallan es en no dar herramientas de criterio para la evaluación de esa información dentro de la vida pública, cotidiana, de los movimientos sociales y populares, y de las creencias que cada uno tiene.

—¿Qué mujeres del ámbito científico local admirás?

—Me gusta pensar en el hecho de no admirar a científicas mujeres en forma puntual, sino a nuestra potencia colectiva. Del 2015 hasta acá, hemos hecho muchísimo, y lo que logramos fue gracias a las redes que tejimos y no a nuestras capacidades puntuales. Lo hicimos gracias a esta forma que encontramos de relacionarnos, que abrimos y sostenemos. Hay muchos grupos de mujeres en las ciencias que se reconocen como trabajadoras. Hemos abierto muchísimos espacios de diálogos y de unión.

“Hay muchos grupos de mujeres en las ciencias que se reconocen como trabajadoras. Hemos abierto muchísimos espacios de diálogos y de unión”, afirma Mileo. Foto: Fernando Calzada.     

“Trabajo por y para lograr mayor inclusión” 

¿Es un buen momento para la ciencia?

—La verdad es que hablar de la ciencia así, como una entelequia uniforme y homogénea, es raro. En todo caso, podemos hablar de las ciencias y eso de “buenos momentos” es también una afirmación relativa. Para decirlo corto y sencillo, con lo que vengo machacando es con que hay una inyección de recursos extraordinaria en ciertos sectores de la ciencia y en investigaciones muy puntuales. Ahora bien, debido a este momento, hay un montón de ramas que están trabajando más precarizadas -y ni hablar de las mujeres en las ciencias- que, en muchos casos, ven multiplicadas sus jornadas laborales, por tener tareas de cuidado a su cargo. Además, hay un montón de laboratorios e instituciones cerradas a los que un montón de investigadores e investigadoras no están pudiendo asistir.

Podría afirmarse que la expresión es, al menos, poco precisa…

—Estamos presentando a la ciencia como herramienta de resolución ante ciertos conflictos sociales y, de alguna forma, lo que estamos diciendo es algo a lo que solo uno acude en caso de emergencia cuando, en realidad, hay todo un desarrollo de las ciencias que no estamos atendiendo en muchos sentidos. Sobre esto, insisto en que los orígenes ambientales de esta pandemia están bastante consensuados en la comunidad y que las comunidades científicas venían advirtiendo desde hace muchísimos años sobre las consecuencias del modelo extractivista en la calidad de vida, como por ejemplo estos saltos zoonóticos (como sucede con el coronavirus, que se transmitió de animales a humanos). Esto, sobre lo que hay tanto consenso en la comunidad, no está presente en los discursos políticos. Entonces, tendría cuidado con esa afirmación.

¿Sentís que, a partir de esta tragedia sanitaria, puede haber un espacio mayor de jóvenes en el campo científico?

—No lo puedo saber, pero lo espero y trabajo para eso. Creo que vivimos en un mundo en el que la clase trabajadora está cada vez más golpeada, más vulnerabilizada y trabajar en las ciencias no brinda un panorama que se adecua a las necesidades de capital inmediato, porque requiere de muchísima preparación, tiene sueldos bajísimos y quienes pueden llegar a llevar a cabo estas carreras son, somos, pocos y pocas. Justamente por estas características.

No sé si habrá mayor lugar porque vivimos en un mundo que tiende a ser cada vez más desigual, la inclusión de más personas en la ciencia requeriría de condiciones estructurales más igualitarias. No lo sé y no lo creo, pero trabajo por y para eso. Hay ciertas áreas que están requiriendo de más personal y mayor capacitación, por ejemplo, en todo lo que tiene que ver con la programación y cuestiones digitales e informáticas. No son carreras científicas tal y como las conocemos, pero están asociadas al desarrollo de la ciencia.       

Un poco más sobre Mileo

Escribió en blogs ambientales (Sustentator y El otro mate), publicó un libro (‘Que la ciencia te acompañe’), escribe un newsletter sobre ciencia (Cenital), coordina la campaña #MenstruAcción en el espacio Economía Femini(s)ta y realiza publicaciones en su site (labarbiecientífica.com).

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