La detención de Joaquín Guzmán Loera abrirá una lucha de poder por su sucesión dentro de la Federación de Sinaloa y, muy probablemente, incremente la violencia que caracteriza la actual guerra contra grupos rivales. Por su parte, el PRI enfrenta el desafío de recuperar el control de amplias zonas del territorio mexicano, que hoy están en manos del narcoterrorismo. Escribe Horacio Calderón (Especial para DEF)

La localidad de Mazatlán, donde fue detenido el “Chapo” Guzmán está situada en el noroeste de México y pertenece al estado de Sinaloa, centro de gravedad de la federación de organizaciones criminales transnacionales que lleva el nombre de “Federación de Sinaloa”, no de “Cartel de Sinaloa” como erróneamente se la conoce y difunde, ya que carece actualmente de las cualidades que podrían distinguirla como tal. Para ser cartel, sintéticamente, debería tener la capacidad de determinar la cantidad de droga que van a producir y el precio que cobrarían por esta, además de abastecer el mercado como un monopolio integrado por un grupo de organizaciones que actúen al unísono. De hecho, el narcotráfico mexicano, como el colombiano por ejemplo, no está dominado por monopolios como lo fueron en el pasado los carteles de Medellín y de Cali, sino por organizaciones enfrentadas sangrientamente entre sí y con las fuerzas de la ley de sus respectivos estados. No cuenta, en consecuencia, con la capacidad de ordenar cantidades ni precios con carácter sostenido en el tiempo.

“Sinaloa” es una federación porque está compuesta por una suerte de estado mayor de jefes criminales mexicanos de máximo nivel, aliados con el “Chapo” Guzmán por razones de orden estratégico y conveniencia operacional, con el objeto de defender su amplia gama de negocios al margen de la ley, como también del acoso de otras organizaciones enemigas vinculadas al narcotráfico y otras actividades conexas. Asimismo, se complementan para diversificar sus actividades delictivas y  compensar pérdidas frente a reveses en materia de narcotráfico.

La detención del “Chapo” Guzmán, que tuvo peculiaridades difíciles de abordar en estos momentos sin pasar al plano de las conjeturas o de “teorías conspirativas”, habrá de impactar muy probablemente en tres frentes principales, combinados a su vez entre sí.

El primer frente más probable será la lucha por suceder al “Chapo” entre quienes componen las diferentes organizaciones y líderes que conforman hasta hoy la “Federación de Sinaloa”, encabezados muy especialmente por Ismael “El Mayo” Zambada Garcia y Juan José “El Azul” Esparragoza Moreno, entre otros notorios criminales que forman parte de dicha red.

Mientras “El Chapo” se encontraba en libertad pero cuidándose de un intento de asesinato o de arresto como el que se produjo, Zambada y Esparragoza tenían a su cargo las estrategias de la Federación; y no solo en México, sino también a través de la extensa y sofisticada red transnacional del crimen que ellos integraban al más alto nivel. Si socios del “Chapo” como Zambada y Esparragoza y otros miembros de la Federación se mantienen cohesionados con o sin vinculación con el líder detenido y tal vez incomunicado, esta megaorganización podría mantenerse unida por un tiempo. “Por un tiempo”, porque en el submundo de la droga no hay nada que tenga seguro de perdurabilidad, como tampoco de vida… Si por el contrario iniciaran una guerra interna por el poder en la Federación, ello sería interpretado como un signo de debilidad y aprovechado por sus principales contrincantes.

El segundo frente estará constituido por el muy probable incremento de la guerra en curso entre otras organizaciones criminales transnacionales, comenzando por “Los Zetas” y un conjunto de formaciones federadas desde hace mucho tiempo para combatir a la “Federación de Sinaloa”, con el objeto de apoderarse de los territorios dominados hasta el momento por esta última, y avanzar luego a la conquista de sus “plazas” o territorios en el exterior.

La fractura de la “Federación de Sinaloa” podría a su vez terminar con el balance de poder entre esta y los Zetas, y desatar una guerra de mayor intensidad entre todas las organizaciones criminales mayores mexicanas, tal el caso de las formaciones “del Golfo”, “Caballeros Templarios-Familia Michoacana”, “Jalisco Nueva Generación”, y los remanentes de la “Organización Beltrán Leyva”, ávidas todas estas de preservar, consolidar o aumentar sus territorios y cuota de poder según el caso.

El tercer frente estará constituido por las acciones que desarrolle el gobierno mexicano, que en el campo de la lucha contra las organizaciones criminales transnacionales opera en conjunto con los EE. UU., país que realizó un enorme aporte en materia de inteligencia humana y tecnológica a través de la CIA, la NSA, la DEA y comisarios del más alto nivel, para localizar con exactitud dónde se encontraba el “Chapo” Guzmán facilitando su captura.

La captura del “Chapo” ha constituido una gran victoria política para el presidente mexicano Enrique Peña Nieto, quien difícilmente podría adoptar la posición de sus predecesores del “Partido Revolucionario Institucional” (PRI), y suscribir algún tipo de pax mafiosa con las organizaciones criminales para rebajar el nivel de violencia actual que se ha llevado decenas de miles de vidas durante los últimos años.

El más que volátil balance entre la “Federación de Sinaloa” y “Los Zetas” obligará muy probablemente al gobierno mexicano a desplegar fuerzas militares, con la misión de controlar focos de violencia narcoterrorista promovidos por organizaciones que intenten tomar por asalto territorios controlados por la primera. Estos focos podrían estallar no solo en lugares turísticos de la región noroccidental del país, como Acapulco, Cancún, Puerto Vallarta y Cabo, sino también en otras “plazas” narcos como Tijuana, Ciudad Juárez y Sonora. Sin embargo, un despliegue militar preventivo no bastaría para prevenir la violencia, y en consecuencia, al escenario de guerra intercriminal podrían sumarse combates entre estos y las fuerzas del orden, con las pérdidas de vidas humanas de civiles inocentes que se vienen dando desde hace muchos años hasta el presente.

Estos son, sintéticamente y al margen de imponderables que pudieran ocurrir, los escenarios más próximos a contemplar en el horizonte mexicano, y en aquellos otros países en los que la “Federación de Sinaloa”, al igual que “Los Zetas”, tiene hasta el presente una presencia activa.

La Argentina, situada en el confín sur del mundo, tampoco quedaría excluida del impacto que produciría una guerra entre las bandas si se desintegra la “Federación de Sinaloa”, porque como dice un conocido periodista: “Nunca se está demasiado lejos”.

El autor de esta columna es periodista especializado en política internacional, terrorismo y crimen organizado transnacional.