El libro “Jamás serán olvidados”, escrito por Claudio Meunier, recoge las historias de los pilotos navales argentinos que combatieron  en el Atlántico Sur. Un homenaje a todos los que lucharon, fueron heridos y murieron hace ya 32 años en defensa de los derechos argentinos sobre las islas.

“…En aquel momento, la Aviación Naval tenía un gran desequilibrio en su parque aeronáutico. Por eso, aviones con su vida útil agotada combatieron con otros de última generación. También mostró que su mandos tenían enormes carencias, afortunadamente las acciones de combate y planes de ejecución llevados adelante por sus comandantes y pilotos marcaron una bisagra única en la historia de la aviación militar mundial, pues el espíritu del aviador naval ganó para sí el reconocimiento incluso, del propio enemigo. En el espíritu de esta obra anida el deseo de búsqueda de las verdades que aún siguen ocultas. Allí se encuentran las reales situaciones con todo el vértigo y la adrenalina, tan lejos de las órdenes que se dieron desde la comodidad de los escritorios (…) Europa se puso de pie ante las hazañas de los pilotos argentinos (…) Es un hallazgo el hecho de contar la actuación detallada de algunas escuadrillas de las que, hasta ahora, nadie había oído hablar”, revela el historiador aeronáutico español Juan Arráez Cerdá en el prólogo del libro “Jamás serán olvidados”, escrito por Claudio Meunier y editado por el Grupo Abierto Libros, sobre las acciones de la Aviación Naval Argentina durante la Guerra de Malvinas. Con gran cantidad de testimonios, está acompañado por numerosas fotografías en color y blanco y negro y perfiles de los aviones y helicópteros. La ilustración de tapa es obra del pintor Allan O´Mill, especialista en temas navales, aeronáuticos y militares. El óleo muestra a dos helicópteros Sea King que bajo condiciones meteorológicas adversas y con el peligro de ser derribados por los Harrier ingleses, recorrieron 600 kilómetros (ida y vuelta) hasta la isla de Borbón, en la Gran Malvina, para rescatar a dos pilotos y siete mecánicos de la Aviación Naval aislados en el lugar y regresarlos al continente.

Detalles jugosos

En 14 capítulos el autor aficionado a  la aviación (dos volúmenes de “Alas de trueno”, en 2004; “Nacidos con honor”, en 2007 y “Del infierno a la victoria”, en 2008, son sus obras que lo certifican como tal) deja que los pilotos hablen. Así, a través de 530 páginas refleja sus ansias, miedos, sueños, temores, alegrías y tristezas. Pero con un común denominador, el valor y coraje con que enfrentaron a un adversario netamente superior. ¿Qué pasaba por sus mentes al salir en misiones de combate? ¿Cómo enfrentaron la muerte de sus camaradas? ¿Estaban preparados? ¿A qué atribuyen haber dañado tantas naves enemigas?  Además, presenta detalles poco o nada conocidos. Por ejemplo, el trabajo de los espías y las negociaciones secretas para comprar más Exocet a los traficantes de armas y el esfuerzo inglés para evitarlo; la ayuda de lejanos países y hasta, el ingenio de ingenieros y técnicos argentinos para hacer funcionar ese misil que quedó demostrado con el hundimiento del destructor Clase 42 Sheffield y el porta contenedores Atlantic Conveyor.

Combinación letal

La obra está dedicada al empeño de las escuadrillas navales para exploración, traslados, rescates en el mar,  búsqueda de los náufragos del crucero General Belgrano y las acciones de combate. Sin duda, aquellas que cautivaron la admiración, asombro e imaginación de todos fueron la Segunda Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque, “El terror del Atlántico Sur”, simbolizada por un gavilán (la Lora) con cara de pocos amigos y un garrote en la mano derecha. Con los Súper Etendard y el misil Exocet fueron las estrellas del conflicto. Le siguió la Tercera Escuadrilla de Caza y Ataque, “Halcones Navales”, que desde el portaaviones 25 de Mayo y el continente, atacó a los buques británicos con los obsoletos A4Q e impactó a varios y hundió la fragata Ardent. Por su parte, la Primera Escuadrilla Aeronaval de Ataque, “Los Leones de Malvinas”, mostraba siete jets de combate biplazas Aermacchi MB 326, diez MC 339 y 24 pilotos. Con el primer ataque de los Sea Harrier el 1º de mayo, perdieron todos los repuestos para esas aeronaves. Sin embargo, fue empeñada en varias acciones de apoyo; sobre todo, en Darwin. La más destacada la protagonizó el teniente de navío Owen Guillermo Crippa. No solo descubrió el desembarco inglés del 21 el mayo en el Estrecho de San Carlos, sino que atacó a una de las naves y luego, dibujó la posición donde estaban las demás. La información permitió la posterior y decisiva acción de la Fuerza Aérea Argentina en el lugar.

Las ignoradas

Muy especialmente, el trabajo de Meunier hace justicia con las otras ocho escuadrillas de la Armada Nacional y una de la Prefectura Naval Argentina. De esa manera, la Primera Escuadrilla Aeronaval de Helicópteros con 27 pilotos, alistaba nueve Alouette III (uno produjo la primera acción de combate en las Georgias del Sur y otro se hundió con el Belgrano); dos Sea Lynx WG para exploración, patrullaje, misiones antisubmarinas y reconocimiento anti superficie. Mientras que los nueve aviadores de los tres Loocheed Electra L-188PF de la Primera Escuadrilla Aeronaval de Sostén Logístico realizaron 27 vuelos de abastecimiento sobre el mar o las islas entre los 15 y 30 metros de altura. Emplearon 90 horas de búsqueda, transportaron 10.628 pasajeros y 1145 ton de carga, entre otros récords. Por su parte, la Escuadrilla Aeronaval de Propósitos Generales con tres Grumman Tracker S-2, otros tantos Beechcraft BE-80 y un trío de Pilatus Porter, fue empleada en operaciones de reconocimiento en el canal de Beagle, la isla de los Estados, Río Grande y Ushuaia. Con el apodo de Los Reyes del Atlántico, la Segunda Escuadrilla Aeronaval de Helicópteros, dotada con dos aeronaves Sea King, desplegó operaciones aéreas antisubmarinas y transporte de tropas del Ejército y de la Infantería de Marina, desde el portaaviones y el rompehielos Irizar. El vuelo a la  isla de Borbón la destacó. Para la estadística, la Escuadrilla Aeronaval de Reconocimiento estuvo en el aire 63 de los 74 días que duró el conflicto y realizó misiones durante 41 jornadas en el área de operaciones. Sus pilotos volaron en dos veteranos BE-80. También, destaca el aporte de la Segunda Escuadrilla de Sostén Logístico Móvil con los Fokker FK28; de la Escuadrilla Aeronaval de Exploración, Amos de los Mares, con dos Neptune SP-2H, que descubrió a náufragos del crucero Belgrano y detectó la posición del Sheffield; la Escuela de Aviación Naval lo hizo desde el aeropuerto de Puerto Argentino con los T-34 Turbo Mentor y patrulló la frontera con Chile en la Patagonia; la Escuadrilla Aeronaval Antisubmarina, “Los Búhos Salvajes”, con cinco Grumman Tracker S-2E y finalmente, Los Gigantes Olvidados de la Aviación de la Prefectura Naval Argentina, volaron en cinco Short Skyvan y tres helicópteros  Puma, en apoyo y exploración y preocuparon y rastrearon a los submarinos nucleares ingleses.

Colofón

Apenas abierto el libro y de recorrer sus dos primeras páginas y después de los agradecimientos de práctica, aparece patentizado el espíritu que movió a estos hombres de la Aviación Naval. En un poema encontrado entre las pertenencias del teniente de fragata Marcelo Gustavo “Loro” Márquez, derribado y muerto sobre su Skyhawk A4Q, el 21 de mayo de 1982, en el Estrecho de San Carlos, lo describió con claridad: “Quiero vivir la vida aventurera de los errantes pájaros marinos/ no tener para ir a otra ribera la prosaica visión de los caminos/ Quiero volar cuando la tarde muera entre indecisos campos ambarinos/ y oponer a los raudos torbellinos el ala fuerte y la mirada fiera/ Quiero llenarme de luz, ser soberano de dos inmensidades, mar y cielo/ y cuando tenga el corazón cansado,/ morir sobre un peñón abandonado con las alas abiertas para el vuelo”.

TESTIMONIOS

“Fue un trabajo criollo”

Suboficial mayor (RE) Carlos Banegas,  personal de Top de Tiro de la 2ª Escudrilla  Aeronaval de Caza y Ataque,  encargado de descifrar el sistema de armas AM39 Exocet. Explica cómo lograron hacerlo sin ayuda de los técnicos franceses: “Las valijas que teníamos para testear y probar el misil y el avión Súper Etendard eran de la década del 70 y la que nos mandaron, de la del 80. Eran similares, pero había que encontrar los códigos y coordenadas virtualmente, para saber si en un lanzamiento real iban a funcionar. Tenía cuatro ventanitas con un sistema de rueditas, como un candado con combinación, que empezaba con el 0000.  Comenzamos a buscarlos en varios turnos, de día y noche, probando y probando números. Cuando lo logramos era casi de madrugada y bueno…explotamos de alegría. Después de la guerra vinieron los franceses para saber cómo lo habíamos hecho. Hubo un conflicto con ellos porque nos ordenaron no abrir la boca y no les dijimos nada. Una tarea que nos sorprendió hasta nosotros mismos. Iban apareciendo ideas, posibilidades y todo a base de prueba y error. Hasta que encontramos en número correcto. Por eso digo que fue un trabajo criollo”.

“No pude salvar el avión”

Capitán de navío (RE) José Arca, piloto de A4Q de la 3ª Escuadrilla de Ataque que participó en el hundimiento de la fragata Ardent. “Ese desempeño se debió al óptimo entrenamiento que teníamos y la unidad de comando y los objetivos comunes. Luego del ataque de mis compañeros y del lanzamiento de mis bombas, miré para ver donde estaba el teniente Márquez y casi simultáneamente recibí una ráfaga de 30mm en mi ala derecha  de uno de los Harrier que había aparecido. Solo atiné a controlar el avión e ir en busca de mi agresor para romper la línea de tiro. Antes de lograrlo, recibí otros impactos en el ala izquierda, Me preparé para eyectarme del A4Q porque me había quedado con una total falla hidráulica y sin oxígeno.  Llegué como pude a Puerto Argentino. En ese momento la isla era un infierno: había constantes ataques aéreos con bombas, volaban misiles por todos lados y los cañones de ambos lados habían comenzado una batalla personal. Encaré a la pista y cuando comprobé que el tren de aterrizaje estaba trabajo, me eyecté y perdí el avión”.

“Luchamos codo a codo”

Suboficial segundo Julio Gatti, de la 1ª Escuadrilla Aeronaval de Helicópteros, mecánico y tripulante de Aloutte III. Estuvo en el bautismo de fuego de la aviación naval el 3 de abril, en las acciones de Gritviken contra comando ingleses. “Es fundamental sacar a la luz el trabajo silencioso de aquellos que desde un segundo plano hicieron muchísimo en el conflicto. Y este libro lo hace con creces. No solo éramos los tripulantes los que participamos sino que alrededor nuestro hubo un montón de historias que estuvieron ahí”. Habla sobre la participación conjunta de las FFAA. “Hay símbolos que marcan esa unión entre las fuerzas. Con la primera aeronave argentina abatida por los ingleses y que fue un helicóptero Puma del Ejército, entre sus tripulantes murieron dos conscriptos de la Infantería de Marina. Todos pusimos las ganas, la fuerza y el patriotismo necesario para hacer lo mejor posible y desempeñarnos de acuerdo con lo que reclamaba el momento”.   

Ejemplo del comandante

Capitán de navío (RE) Oscar Brandeburgo, era teniente de fragata y piloto de la 2° Escuadrilla Aeronaval de Helicópteros Sea King. Participó en el Operativo Borbón con dos máquinas Sea King. “No se piensa mucho cuando hay que iniciar una misión. Estaba preparado, aunque la cosa no era simple. Nunca se había hecho algo similar. Era muy larga la distancia. Recuerdo como si fuera hoy el tremendo silencio en el momento de la designación de las tripulaciones.  Debían ser cuatro pilotos y dos mecánicos. Jamás pensé en no ir porque el primero que dijo “me van a acompañar en este vuelo”, fue el propio comandante Norberto Barro. Los grandes riesgos eran los Harrier que patrullaban la zona y el destino muy cercano a la cabecera de playa donde estaban los ingleses. Los helicópteros son muy ruidosos y presa fácil porque se ven desde cualquier lado; son una gran pantalla reflectora en los radares y con poco armamento para defenderse. En el medio del mar no hay donde esconderse. Afortunadamente no los hubo. Sobrevolamos la Gran Malvina, aterrizamos en Borbón, cargamos combustible y a los soldados y regresamos ya cerrada la noche en medio de una lluvia torrencial”.

“Sabíamos que le pegamos…”

Capitán de navío (RE)  Roberto Curilovic, piloto de Súper Etendard de la 2ª Escuadrilla de Caza y Ataque que atacó el destructor Sheffield. “Cuando nos enteramos de la toma de las islas sentí una verdadera emoción. Queríamos participar y estábamos preparados porque nos tocaba bailar con la más linda: teníamos el avión acorde con la guerra que se avecinaba y fe de que el Exocet iba a andar bien. Al principio no nos dieron instrucciones sobre su manejo, pero lo prepararon y estuvo en condiciones. Salimos sabiendo que funcionaba. Creo que cumplimos. Fuimos y volvimos con la certeza de un 98% que habíamos hecho impacto por la forma en que lanzamos los misiles. Al otro día, nos enteramos del hundimiento y bueno…con toda la emoción del personal que nos estuvo esperando. En ningún momento se nos pasó por la cabeza que había vidas de por medio en el buque. Eramos profesionales contra profesionales y esa era la situación que nos tocaba vivir. Realmente no se piensa en eso, solo en neutralizar el buque y después uno se entera de que cayó gente del otro lado, pero del nuestro también murieron muchos. Era parte de toda contienda”.

“Unión, equipo y coraje”

Almirante (RE) Benito Rótolo, piloto de la 3ª Escuadrillaque atacó la Ardent.  Nosotros teníamos perfectamente la idea de como era la situación. Con 30 años conocía un poco el mundo y las relaciones internacionales y por supuesto, no nos parecía que esto era para ir a una guerra total. Sin embargo, cuando ese momento llegó participé en varios escenarios como embarcado en el portaaviones y después, junto a la Fuerza Aérea desde Río Grande. Lo único que vi fue unión, equipo y coraje. Y la verdad que me enorgullezco de eso. Lo positivo de todo son los testimonios que pueden recogerse. Y aún faltan muchos y deberían reflejarse antes de que pase el tiempo y no lo puedan relatar. El campo de batalla se vivió de manera distinta a la que se contó. Había mucho orgullo, valor, con pocas retracciones o ninguna y si las hubo, normales en todo conflicto. Estaba claro que el país nos pidió esto y teníamos que hacerlo”.

Cuadro sobre la hazaña

Adam O´Nill, hace 25 años que pinta escenas militares y es el autor de la tapa del libro Jamás serán Olvidados. “Empecé en la Argentina donde primero fui piloto del Ejército y luego de línea. Me jubilé y aquí nadie miraba mis cuadros. En  1987, en una muestra de mis pinturas el agregado aeronáutico italiano las vio y me invitó a hacerlo en Italia. Ahí nació una amistad muy grande con el ministerio de la Defensa de ese país y me fui a vivir allá. Empecé a pintar para la Fuerza Aérea (hice más de 200 cuadros históricos) y la Marina que me nombró en 1998, su pintor oficial y con lo cual tenía derecho a embarcarme en naves, participar en ejercicios militares, volar en sus aviones, ir al frente caliente, etc. Y allí me salió la oportunidad de dibujar también para las FFAA de Bélgica y  España donde reflejé toda su historia en casi seis años de trabajo. Vine a visitar amigos y traer este cuadro como reconocimiento de lo que hicieron los pilotos navales argentinos”.

“Conocíamos las chances”

Capitán de navío (RE) Rodolfo Castro Fox, comandante de la 3ª Escuadrilla de Caza y Ataque y piloto de A4Q embarcado en el portaaviones 25 de Mayo. “Cuando supimos como era la situación tratábamos de poner en las mejores condiciones los tres aviones que teníamos y a los cinco pilotos adiestrados para ir al combate. Hacía mucho que venía preparándome para una situación como esa. Estaba jugado con 40 años, cinco hijos y sabía las chances que teníamos. La sensación de ir a enfrentar a los ingleses fue la misma que sentía durante el adiestramiento con todas las etapas sobre el mar, muy acostumbrados a volar sobre el agua, ver los blancos, etcétera. Así,  hasta la parte final del vuelo en el momento en que el cielo se llenaba de puntos negros (los disparos de la artillería enemiga) y por ahí, la trazadora de algún misil. Esa era la diferencia. Por suerte, no me pegaron. Nosotros éramos 12 pilotos y un tercio quedó fuera de acción: dos fallecieron, Márquez y Zubizarreta y dos se eyectaron: Arca y Philippi y perdimos un 50% de los aviones. Pero ellos (por los ingleses), también recibieron lo suyo”.

“No me dejaron volver”

Teniente de navío Owen Crippa, piloto de la 1ª Escuadrilla de Ataque, relata cómo fue el regreso después de la experiencia en el estrecho San Carlos. “Me sentía perdido porque no tenía idea clara de por dónde andaba. Cuando por fin apareció el mar, gané altitud para comunicarme con Puerto Argentino. Me contestaron los guardacostas de Prefectura. Quería gritar, desahogarme y sin embargo, informé que había 14 buques en San Carlos. Me indicaron el rumbo de aproximación  y pedí que informasen al teniente Talarico para que alistasen bombas y balas de cañón. Quería volver para seguir atacando a los barcos. Al revisar el avión, increíblemente no tenía ningún impacto, ni rasguño alguno. Dios me había ayudado. Al rato, me informaron que los aviones de la FA atacaban a los ingleses. A mí, me denegaron la posibilidad de encabezar otro ataque. Fue una gran desilusión. En cambio, me ordenaron que con mi compañero revisásemos los cables de frenado de la pista”.

1 COMENTARIO

  1. Cuando fue la guerra tenia 12 años,segui los acontecimientos por prensa y Tv, supe de la valentia y diferencia de tecnologias. donde puedo adquirir el libro en Chile?

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