Barack Obama asumió el 21 de enero su segundo y último mandato al frente de la Casa Blanca. ¿Cuáles son los mayores retos que deberá enfrentar el mandatario de la principal potencia del planeta en los próximos cuatro años?

“Nuestra recuperación económica ha comenzado. Las posibilidades de Estados Unidos son infinitas, porque poseemos todas las cualidades que este mundo sin fronteras demanda: juventud e ímpetu; diversidad y apertura; una capacidad sin fin para los riesgos y un don para la reinvención”, aseguró Barack Obama durante su discurso de toma de posesión para el segundo mandato al frente de la Casa Blanca (2013-2017).

UNA SOCIEDAD FRACTURADA

A pesar de los 62,6 millones de votos obtenidos en noviembre, el presidente es consciente de la fractura que existe hoy en la sociedad estadounidense.  “Nuestro país no puede tener éxito cuando unos pocos, que cada vez son menos, viven bien, y las mayorías en aumento apenas si salen a flote”, afirmó. “Sabemos que EE.UU. florece cuando cada persona puede encontrar independencia y orgullo en su trabajo; cuando los sueldos del trabajo honesto liberan familias del borde de la pobreza”, añadió

Un dato que quedó reflejado en los resultados de estas últimas elecciones es la polarización de los votantes estadounidenses. Los 62,6 millones de sufragios conseguidos por Obama, candidato del Partido Demócrata, fueron consecuencia de su triunfo en 26 estados y en el Distrito de Columbia (Washington DC). Sin embargo, a pesar de la derrota, el republicano Mitt Romney, superó los 59 millones de sufragios y se impuso en 24 estados.

También fue determinante el abrumador respaldo de la comunidad afroamericana y el masivo vuelco de los hispanos hacia Obama. Entre los primeros, se impuso con el 93 por ciento, mientras que recibió el apoyo del 71 por ciento del segundo grupo mencionado. En ese sentido, la investigadora en Demografía y Migraciones Internacionales, Carmen González Enríquez, advierte acerca de esta “división étnica” que solapa a su vez la “división social”, pues “las minorías, especialmente la negra y la hispana, forman una gran parte de la población de menos ingresos, que a su vez ha votado a los demócratas”. Tengamos en cuenta que Obama llegó al 60 por ciento de los votos entre quienes tienen ingresos menores a los 50.000 dólares anuales. Recibió, asimismo, más votos que su rival republicano entre las mujeres y los jóvenes. Por su parte, Romney ganó claramente, con el 59 por ciento de los votos, entre los blancos no hispanos.

La fragmentación del voto refleja la pirámide social. Al respecto, González Enríquez opina que “mientras hispanos y negros sigan sobrerrepresentados entre la población más pobre y necesitada de ayudas estatales, los demócratas seguirán venciendo electoralmente en estos grupos”. En estas condiciones –sostiene–  el Partido Republicano tiene dos grandes opciones: “modificar su mensaje para atraer también el voto de las minorías, lo que implica un cambio sustancial en su política, o bien convertirse en el portavoz del terror que parte de la mayoría blanca siente ante el avance siente ante el avance de las minorías y la transformación social y cultural que ello supone”. La influencia del Tea Party ha provocado en los últimos años el deterioro de la imagen de esta fuerza política entre las minorías y la opción más inteligente para los republicanos sería un giro hacia un discurso menos confrontativo con esta amplia franja del electorado que acaba de darles la espalda.

“ELEVAR EL TECHO DE LA DEUDA”

En las primeras horas del pasado 1º de enero, el problema del fiscal cliff, o “abismo fiscal”, que amenazaba al país si no se alcanzaba un compromiso en el Capitolio, pudo ser parcialmente resuelto. De haberse alcanzado un compromiso entre demócratas y republicanos en el Capitolio, a partir del 1º de enero de 2013 se hubieran activado automáticamente una serie de subas de impuestos, combinadas con recortes en el gasto público, por un total de 600.000 millones de dólares.

Sin embargo, un problema que requiere de urgente atención es la necesidad de elevar el techo de la deuda, que en 2011 superó, por primera vez en 64 años, el 100% del producto interno bruto (PIB). En las próximas semanas se prevé que la deuda total supere el techo de 16,3 billones de dólares. Postergar la decisión “sería una herida autoinfligida a la economía”, afirmó Obama, quien agregó que dilatar el tema implicaría frenar el crecimiento y hundir al país en una nueva recesión.

LA NECESARIA REFORMA MIGRATORIA

Otro tema que deberá afrontar Obama en este segundo mandato es el de la reforma migratoria. Se estima que en el territorio estadounidense viven actualmente unos 11,5 millones de indocumentados y en ese grupo la amplia mayoría provienen de América Latina. De ahí, la urgencia de una solución legal al problema de los “sin papeles”.

Desde el punto de vista de Arturo Vargas, director ejecutivo de NALEO -la organización que nuclea a latinos electos para cargos públicos-, la percepción de los republicanos como “opositores a la reforma migratoria” perjudicó seriamente la imagen de su candidato Mitt Romney en las últimas elecciones. Respecto de la posibilidad concreta de avanzar hacia una solución definitiva del tema migratorio, dijo que dependerá de la “habilidad del liderazgo republicano para colaborar con la Casa Blanca”.

Al defender su política de inclusión de los hijos de indocumentados que llegaron antes de cumplir los 16 años y hoy cursan sus estudios o trabajan en el territorio estadounidense, Obama manifestó que no tenía ningún sentido “deportar a los jóvenes talentosos”. En esa misma dirección, el presidente suspendió en junio pasado este tipo de medidas en contra de los denominados dreamers, en inglés “soñadores”, aunque el término es en verdad un acrónimo del título de la propuesta de ley demócrata, Development, Relief and Education for Alien Minors (Dream Act), que fue aprobada por el Senado en 2010 y luego se empantanó en la Cámara de Representantes por la negativa de la mayoría republicana. Ante la dificultad para obtener el apoyo de esa bancada, el mandatario debió recurrir a una orden ejecutiva para suspender las deportaciones y viabilizar los beneficios para los dreamers.

POLÍTICA EXTERIOR: MEDIO ORIENTE, EN EBULLICIÓN

A pocas semanas de su victoria en las urnas, Barack Obama debió hacer frente a una escalada de la violencia entre Israel y el movimiento radical palestino Hamas, que finalmente pudo saldarse con un cese del fuego merced a la intervención de la secretaria de EE.UU., Hillary Clinton, y del presidente egipcio Mohamed Morsi, en su debut como mediador regional. Este será uno de los frentes diplomáticos más complicados para el mandatario estadounidense. La intransigencia del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu ha sido uno de los obstáculos para el avance del proceso de paz, que encuentra por otro lado un débil liderazgo del presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abbas (Abu Mazen), quien ha resignado a manos de Hamas el control de la Franja de Gaza y ha perdido visibilidad en los recientes acontecimientos. El ingreso de Palestina como Estado observador en las Naciones Unidas, rechazado por Israel, será otro dolor de cabeza para la diplomacia estadounidense.

Como telón de fondo de un Medio Oriente convulsionado, donde la guerra civil en la vecina Siria amenaza con desestabilizar el Líbano, otro de los grandes problemas que enfrentan EE.UU. y la comunidad internacional es el avance del plan nuclear iraní. En este punto, durante la campaña electoral, Obama defendió la política de sanciones contra el régimen de Teherán, pero no se refirió en forma explícita a la posibilidad de una acción militar, solución que pareciera auspiciar Netanyahu a pesar de las objeciones de su estado mayor miliar, según filtraciones de la prensa israelí. “Trataré de presionar en los próximos meses para ver si podemos abrir un diálogo entre Irán y la comunidad internacional”, prometió Obama, quien dejó abiertos los canales diplomáticos para evitar que el régimen de los ayatollahs pueda disponer de armamento nuclear.

AF-PAK: RETIRADA DE AFGANISTÁN Y DIFÍCIL VÍNCULO CON PAKISTÁN

La región que los analistas han bautizado como Af-Pak (Afganistán-Pakistán) es una de las más candentes del planeta y, más allá de la inminente retirada de las tropas estadounidenses, seguirá siendo prioritaria en la agenda exterior de EE.UU. Obama prometió acelerar la salida de las fuerzas militares de Afganistán, como hizo anteriormente en Irak, dos guerras heredadas de la gestión de su antecesor George W. Bush. “Por primera vez en una década, no hay tropas de EE.UU. luchando y muriendo en Irak y unos 33.000 soldados ya han regresado de Afganistán”, recordó durante un encuentro que mantuvo con un grupo de veteranos de guerra. Se espera que en los próximos meses el contingente de 70.000 soldados que aún permanece en suelo afgano regrese a suelo estadounidense.

Los vínculos del vecino Pakistán con EE.UU. se tensaron luego de la operación secreta de los Navy Seals que terminó con la vida de Osama Bin Laden, quien se encontraba alojado en Abbottabad, a pocos kilómetros de la capital Islamabad. “Pakistán tiene que ser parte de la solución”, había dicho Barack Obama en alusión al combate global contra el terrorismo, tras reunirse con su colega Asif Alí Zardari en abril pasado en el marco de una reunión de la OTAN que tuvo lugar en Chicago. Los históricos lazos del ISI –servicio secreto paquistaní– con los Talibán y la dificultad de las autoridades locales para controlar la frontera afgano-paquistaní preocupan a Washington y a sus socios de la Alianza Atlántica. Las operaciones con aviones no tripulados (drones) contra objetivos en territorio paquistaní también han generado chispazos entre ambos gobiernos.

AMÉRICA LATINA: LA IMPORTANCIA DE MÉXICO COMO SOCIO REGIONAL

Los analistas consultados por DEF coinciden en señalar que la principal preocupación de Obama en América Latina –región que ha perdido relevancia para Washington en los últimos años– seguirá siendo su vínculo con México, socio del NAFTA y actor central en el combate al narcotráfico y a los problemas de seguridad transfronterizos. La intención del nuevo mandatario mexicano, Enrique Peña Nieto, es estrechar las relaciones comerciales con EE.UU. y abrir un nuevo debate sobre el combate al narcotráfico, cuyo enfoque basado únicamente en la represión ha comenzado a ser cuestionado en otros países de la región. De todas formas, la Iniciativa de Mérida –plan de cooperación entre EE.UU. y México en materia de seguridad– seguirá en pie.

En la campaña electoral estadounidense casi no se mencionó a América del Sur, donde solo estuvo presente en forma indirecta el venezolano Hugo Chávez, cuyo gobierno Obama negó que fuera una amenaza para EE.UU. “En mi parecer, las acciones del señor Chávez no han tenido en los últimos años una repercusión grave en nuestra seguridad nacional”, expresó en una entrevista, lo que provocó un contrapunto con su rival republicano Mitt Romney, quien calificó de “ingenua” esa postura del presidente. Los halcones republicanos han perdido, por el momento, la oportunidad de modificar esos vínculos.

El próximo 20 de enero marcará el comienzo del segundo y último mandato de Barack Obama. Todos los ojos estarán puestos en él, que tendrá por delante una ardua tarea para conducir al país hacia la recuperación económica y deberá hacer frente a nuevos desafíos en su política internacional. De sus logros y fracasos dependerá, en gran parte, el futuro del planeta.

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