María Eugenia Lopez. Foto: Fernando Calzada.

En una serie de entrevistas, DEF conversó con distintos divulgadores para conocer más sobre su labor e intentar responder una incógnita: ¿es un buen momento para posicionar mejor al ámbito científico? Por Fer Villarroel

¿Qué pasa si se mezclan, en una probeta, un perro de nombre Darwin, una mamá “apasionada por la naturaleza y los bichos” y un campamento científico en la adolescencia? En el caso de María Eugenia López, el resultado es una carrera como bióloga y una marcada vocación por comunicar. Para ella, lo mejor de su trabajo es “hacerse preguntas y no tanto ensayar respuestas, sino aprender a preguntar”. Además, afirma que “mientras más personas tengan acceso al conocimiento, más serán los que tengan mayor libertad y herramientas para poder tomar decisiones basadas en evidencias”.

¿Qué le aporta la divulgación al campo científico?

—En la Declaración de los Derechos Humanos figura el “derecho a la ciencia”. Es decir, todos tenemos el derecho a beneficiarnos de los descubrimientos científicos, pero para eso hay que conocerlos. Está muy bien que hagamos investigaciones y tengamos una bella manera de ver el mundo, pero cuantas más personas tengamos acceso a esos conocimientos, con más libertad y con más herramientas vamos a poder tomar decisiones basadas en evidencias. La comunicación de la ciencia sirve para despertar la curiosidad y la chispa de la vocación. Obviamente, lo que se muestra en la televisión, en los museos y afuera de la escuela tiene que ir de la mano con la educación formal. Muchas veces, no alcanza con la educación formal porque en la vida cotidiana nos suceden un montón de otras cosas que tienen que ver con una mirada científica y que pueden ser aprovechadas para que haya más personas involucradas. Hoy en día, queda más evidenciado que nunca que hay que tomar decisiones basadas en evidencia. Se vienen momentos muy complejos y no hablo solo de la pandemia, sino también del calentamiento global, la contaminación o las súper-bacterias, que son resistentes a los antibióticos. También tenemos problemas sociales, donde la ciencia puede ayudar a minimizar el sufrimiento de las personas.

¿Cuáles fueron los investigadores que a vos te marcaron?

—Mis referentes son, claramente, Gabriel Gellón y Melina Furman, una bióloga que se dedica a la educación de la ciencia y tiene una mirada de la curiosidad y del aprender durante toda la vida. En cuanto a la divulgación y a la comunicación, por suerte tuve acceso a libros de muchos escritores, algunos de ellos científicos –como Carl Sagan y Richard Dawkins– y otros escritos por periodistas científicos, como “Tiempo, amor, memoria” de Jonathan Weiner, que es un libro hermoso sobre la genética del comportamiento.

¿Cuáles son los déficits que hay en materia de divulgación científica? ¿Qué le falta para llegar a más gente?

—Se necesita más ciencia en más lugares. Lamentablemente, esto sigue siendo para pocos, aunque empiezan a haber iniciativas muy copadas que tratan de llegar a más personas. Una autocrítica que hago es que tenemos que dejar de hablarnos a nosotros mismos. Los que hacemos comunicación de la ciencia solemos indignarnos con las pseudociencias y, en vez de compartir esta mirada de la cual estamos enamorados y que nos gusta, a veces hacemos chistes o ironías respecto de estos temas, desde la astrología hasta los cristales mágicos. Tenemos que entender que la homeopatía, por ejemplo, surgió de una mirada alternativa respecto de la medicina, que ya no tiene tiempo para los pacientes. Muchas veces, la ciencia no está ofreciendo esta conexión con el universo que la gente necesita. A veces, en vez de ver cómo ser más inclusivos, nos ponemos un poco arrogantes y “predicamos al coro”. Es decir, nos hablamos a nosotros mismos, en lugar de ver por qué a las personas las conmueve la astrología o estas otras alternativas. ¿Qué nos está faltando? La gente necesita buscar patrones, entender el comportamiento humano y tratar de predecir el futuro o de encontrar alivio. Desde el punto de vista de la ciencia y de la búsqueda de la verdad, ¿qué herramientas tenemos para ofrecerles eso? Si nuestra mirada del mundo también está llena de poesía, ¿por qué no compartirlo de esa manera, en vez de ser tan arrogantes y reírnos de los que piensan diferente? Afortunadamente, de a poco eso está cambiando.

A partir de esta tragedia sanitaria que es la pandemia, ¿es un buen momento para reposicionar a la ciencia?

—Veo, positivamente, que llaman a muchos científicos y médicos en la televisión, pero, a la vez, me pregunto si no se los valida más por el principio de autoridad que por entender realmente el proceso de llegar a ese conocimiento. Tenemos que entender que, detrás de esas supuestas verdades, hay manera de generar el conocimiento: se llega a los consensos científicos porque hay previamente una discusión entre pares y, en base a la evidencia, se toman las decisiones. No termino de entender y me gustaría medir qué les pasa a las personas cuando escuchan o ven a científicos en la pantalla. Si las personas no conocen a los científicos y a las científicas de nuestro país ni la manera como se construye la ciencia, no van a poder identificarse como actores y potenciales creadores de conocimiento, así como tampoco sentarse a discutir sobre esa ciencia que se está haciendo. Estamos en un momento que deberíamos aprovechar para que se vaya construyendo una idea más cercana de cuál es el rol que puede jugar la ciencia y que exceda esta coyuntura. Y me refiero no solo a la comunicación científica, sino también a las transformaciones que se están dando en la educación formal y también en el cine, las series o la prensa.

“Las licencias deberían durar la misma cantidad de días porque eso permitiría que las mujeres no quedaran relegadas por cuidar más a sus hijos o a sus parientes”, dice López sobre la búsqueda de paridad en la ciencia. Foto: Fernando Calzada.

¿Cuál es el estado de la ciencia en el país? ¿Qué nos falta todavía?

Se necesita inversión. Hay proyectos que se están relanzando, como el programa Pampa Azul para fomentar la cultura oceánica y también la utilización, el aprovechamiento y el cuidado de la biodiversidad y los recursos marinos. Venimos de años muy difíciles, en los que a muchos institutos no le alcanzaba el dinero para pagar la luz. Contamos con talento y con personas formadas y dispuestas a formar a otros. Habría que ser competitivos para evitar que esas personas decidan quedarse en la Argentina en lugar de irse al exterior. También sería importante que las empresas argentinas invirtieran en investigación y desarrollo y apostaran a que el conocimiento pueda dar frutos.

¿Cuáles son las deudas más fuertes que tiene la ciencia en nuestro país para con las mujeres?

—Si bien estamos bastante parejos en número de investigadores e investigadoras, sigue habiendo desigualdad. Por lo general, las tareas de cuidado del hogar siguen recayendo en las mujeres muchísimo más que en los hombres. No existen licencias de maternidad y paternidad equivalentes y desde la ciencia deberíamos empezar dando el ejemplo. Esas licencias deberían durar la misma cantidad de días porque eso permitiría que las mujeres no quedaran relegadas por cuidar más a sus hijos o a sus parientes. Se podría empezar por ahí.

¿Querés cerrar con algo que te gustaría decir?

—Además de una útil manera de ver el mundo, que –como siempre dice Andrés Rieznik, mi compañero de “La Liga de la Ciencia”– tiene la capacidad para minimizar el sufrimiento de los seres sintientes, también es una bella manera de ver el mundo. Y eso hay que compartirlo más, para que no nos digan cientificistas o reduccionistas. Los que estamos apasionados por la ciencia también podemos hacerle críticas, porque la ciencia está hecha por personas y está llena de problemas y aspectos a mejorar. Lo que más haría falta sería entender que la curiosidad y la búsqueda de la verdad son una manera de ver el mundo que está llena de poesía y magia; y, además, nos puede servir para ponernos de acuerdo, minimizar los problemas que tenemos y encontrar juntos una mejor manera de vivir. En definitiva, se trata de minimizar el sufrimiento y la ciencia es la herramienta.

Un poco más sobre López

Realizó un Máster en Neurología y Educación, forma parte de asociación civil sin fines de lucro Expedición Ciencia, trabaja en el Ministerio de ciencia, Tecnología e Innovación y se desempeña en el área de educación del Centro Cultural de la Ciencia en dónde diseña actividades y capacita a los guías, co-condujo el programa de televisión “Ciencia a la carta” (TECtv, 2013) y, actualmente, se encuentra al frente de “La liga de la ciencia”, junto a su compañero Andrés Reznik  (Televisión Pública).

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