Una vez más, nos encontramos con el desafío de desarrollar un ejercicio prospectivo respecto del futuro de la Argentina. El modelo económico y la defensa: algunos aspectos clave.

Como dice ese irónico chiste, “siempre es difícil predecir lo que vendrá, especialmente cuando es a futuro”. La vida humana y la de los Estados, por ende, está siempre atravesada por lo que Maquiavelo llamaba “suerte y virtud”, así como por los inefables “cisnes negros” o sorpresas estratégicas. Un repaso de los estudios prospectivos realizados a nivel internacional en 2010 revela un ensordecedor silencio y falta de anticipación de fenómenos como la “primavera árabe”, que dio inicio a comienzos de 2011 y todavía está en plenos coletazos y evoluciones.

Basta recordar el “saber convencional” que para fines de 2007 imperaba en la Argentina vis a vis el nuevo gobierno que se iniciaba. Las referencias y pronósticos se centraban en la búsqueda de una mejora del dialogo con los EE. UU., resquebrajado después de la Cumbre Hemisférica de Presidentes en Mar del Plata en 2005, de un gradual sinceramiento de variables de la economía -como los crecientes subsidios al consumo de luz, gas, teléfonos y transporte-, y de menor aspereza en el diálogo con la oposición y algunas corporaciones empresariales, entre otras cosas. La dialéctica de los hechos, la crisis internacional de 2008 y su impacto sobre Argentina en 2009, nos mostrarían un panorama distante de las expectativas iniciales. Para algunos, mejor; para otros, peor; pero sin duda no concordante con lo esperado.

Cuatro años más tarde, nos encontramos nuevamente con el desafío de desarrollar este ejercicio prospectivo. Una de las primeras cosas que cabría evitar es caer en el cliché de referirnos al “modelo” confundiéndolo meramente con algún tipo de cambio, montos de subsidios, azules o rojos en las cuentas fiscales, por nombrar solo algunos conceptos. Si así fuese, el “modelo” imperante en lo que respecta a tipo de cambio competitivo, superávits fiscales y balanza de pagos e inflación relativamente moderada (inferior a dos dígitos o levemente superior al 10%) dista de estar plenamente presente hoy, y en el corto y mediano plazo. Tal como afirma Luis Tonelli en un reciente artículo en la revista Debate, el “modelo” es más una forma de conducción, análisis y toma de decisiones, y una forma de concebir el accionar político, que meras variables económicas. Desde ya, la fortaleza de dichas variables a partir de las virtudes de pilotos de tormenta como Duhalde, Lavagna y el primer Kirchner, así como un espectacular escenario de precios internacionales de nuestros productos de exportación y un real brasileño cada vez más revaluado hasta 2010, ayudaron a darle solidez a ese modelo de hacer política. En este sentido, una de las pocas certezas existentes es que en este punto no se cambiará, a menos que la adversidad adquiera dimensiones epocales. La economía presenta tensiones estructurales de mediano y largo plazo, sin que ello implique crisis serias e inevitables si se hacen progresivamente las correcciones necesarias.

No quisiera terminar este artículo sin alguna referencia al sector de la Defensa nacional: todo indica que continuará ganando una modesta pero creciente valoración y gravitación en la toma de decisiones. En un escenario en donde la justicia y el reloj biológico van saldando las cuentas del pasado violento de los años de plomo, la presidenta Cristina Fernández ha continuado y profundizado la recuperación de hitos como Fabricaciones Militares, astilleros navales, la Fábrica Militar de Aviones. También ha impulsado proyectos como el submarino de propulsión nuclear, el relanzamiento de la terminación de Atucha 2 y futura construcción de Atucha 3; así como el reactor Carem, el programa de satélites y el vector Tronador 2.

Periódicamente, la primera mandataria habla de la necesidad de proteger con todos los medios los valiosos recursos naturales estratégicos con los que cuenta nuestro país, que adquieren cada vez más valor, y en algunos casos van ser escasos si se piensa en el largo plazo; esto ocurre, por ejemplo, con el agua de consumo humano. Asimismo, la decisión de ordenar un rol activo de las Fuerzas Armadas en las tareas de lucha contra el narcotráfico que lideran las fuerzas de seguridad abre el panorama de una visión más realista de las amenazas que enfrentan los Estados, y que no dejan mucho espacio a visiones rígidas Estado-céntricas ni a dogmas ideológicos que trazan rubicones infranqueables entre la Defensa y la Seguridad.