La presidenta de la Fundación NPS Global, Irma Argüello, y el exministro de Defensa, Horacio Jaunarena, quienes forman parte de la flamante red de líderes latinoamericanos por el desarme nuclear, analizan los desafíos y amenazas que conlleva este tipo de armamento diseminado a lo largo del planeta.

“El desarme nuclear, la no proliferación y la reducción de amenazas relacionadas con el terrorismo nuclear son responsabilidad conjunta de todos los Estados, de aquellos que poseen y de los que no poseen armas nucleares”. Esa es la premisa de la que parte la Red de Líderes de América Latina y el Caribe por el Desarme Nuclear y la No Proliferación (LALN), integrada por trece exministros, diplomáticos y antiguos funcionarios internacionales pertenecientes a ocho países de la región. DEF conversó con la promotora de la iniciativa, Irma Argüello, y con el exministro de Defensa, Horacio Jaunarena, firmante del documento.

-¿Cuáles son los objetivos de la Red?

-ARGÜELLO: El objetivo fundamental es avanzar en tres líneas específicas. Por un lado, la línea del desarme, haciendo todo lo posible por influir en los gobiernos de la región y del mundo, desde la óptica latinoamericana, para que los países poseedores de armas avancen hacia el desarme nuclear. Otra línea es la de la no proliferación en el sentido amplio, con el fin de que ningún país de la región prolifere ni se convierta en poseedor de armas nucleares, sea porque las reciba de un tercer país o porque aquel las estacione en su territorio. Y el tercer punto tiene que ver con la problemática de la seguridad regional. Por eso decimos: “Ninguna vulnerabilidad de seguridad en América Latina y el Caribe debe conducir, sea por acción u omisión, a aumentar los riesgos nucleares en ningún lugar del mundo”. Eso implica que si nuestras fronteras son permeables y nuestros países se usan como territorios de triangulación para que un terrorista pueda hacerse de un artefacto nuclear, va a ser una amenaza a nivel global. Entonces, debemos influir positivamente para reforzar la seguridad regional en todos sus aspectos, no solo en aquellos que intuitivamente entendemos como aspectos nucleares. Tenemos que evitar que redes ilícitas del crimen organizado intervengan en la región para alimentar un actor no estatal o un Estado para que prolifere o prepare un artefacto nuclear improvisado.

-¿Cuál será la interacción de la Red con organizaciones multilaterales como el Organismo para la Prohibición de las Armas Nucleares en América Latina y el Caribe (Opanal), autoridad de aplicación del Tratado de Tlatelolco?

-ARGÜELLO: Hay una gran convergencia de objetivos. Nosotros planteamos como objetivo final el tratado que prohíba las armas nucleares a nivel mundial. Por supuesto, los países poseedores de armas nucleares se oponen. Sin embargo, así como en su momento se logró una convención para la prohibición de armas químicas y biológicas, también se tiene que poder lograr a través del tiempo la prohibición de las armas nucleares. Lo triste sería que sucediera algún incidente y, recién en ese momento, empezaran a plantearse estos temas. Tengamos en cuenta que cuando terminó la Guerra Fría se pensó que el mundo iba a ser más seguro. Y no fue así. Se pasó de la bipolaridad a la multipolaridad, luego de un breve lapso de unipolaridad. Más aún, después del 11 de septiembre de 2001, el mundo se ha vuelto más complejo y los actores no estatales han manifestado en reiteradas ocasiones su interés por adquirir materiales nucleares. No han logrado reunir los 50 kilos de uranio altamente enriquecido, necesarios para armar un artefacto nuclear improvisado, pero ha habido tráfico de cantidades menores. Existe incluso la posibilidad de armar lo que se denomina una “bomba sucia” con una fuente radiactiva.

-JAUNARENA: Cuantas más armas haya, más probabilidades de incidentes van a existir. Hay una frase que define lo que señalaba Irma Argüello respecto de la situación internacional: al orden internacional que hubo sucedió el desorden internacional, que es por definición más inseguro.

TLATELOLCO, UNA “EXPERINCIA PIONERA”

-En uno de los párrafos de la declaración inaugural de la Red se hace referencia a “la experiencia pionera del Tratado de Tlatelolco”. ¿Qué importancia tuvo este instrumento para América Latina y para el resto del planeta?

-ARGÜELLO: Efectivamente, el Tratado de Tlatelolco es pionero porque es el primero que define una “zona libre de armas nucleares” en una región poblada del planeta. Previamente existía el Tratado Antártico. Hay que recordar que no todos los países latinoamericanos adhirieron inicialmente al Tratado de Tlatelolco; incluso Argentina y Brasil lo hicieron después de que adhiriera la mayoría de los restantes Estados de la región. Lo que se plantea allí es la vocación de paz de la región y el objetivo de creación en forma sucesiva, a través del tiempo, de distintas “zonas libres de armas nucleares”, hasta llegar al objetivo final del desarme nuclear completo. Hay que remarcar que el Tratado de Tlatelolco no es todavía perfecto. Tiene dos protocolos, el primero de los cuales incluye a los países de fuera de la región que poseen territorios; y el segundo tiene que ver con el compromiso de los cinco países con armas nucleares que están en el TNP. Lo que sucede es que muchos de estos países han hecho uso de las llamadas “declaraciones interpretativas” y se han reservado sus derechos ante una situación de altísima necesidad. La prédica del consejo de la Opanal es que los países nucleares remuevan esas “declaraciones interpretativas”. La otra imperfección de Tlatelolco es que no cubre a los Estados no firmantes del TNP, como India, Pakistán, Israel y Corea del Norte (que se ha retirado unilateralmente), para los cuales el tratado no existe jurídicamente.

-¿Por qué demoró tanto la firma del Tratado de No Proliferación (TNP) y cuáles son las diferencias con el Tratado de Tlatelolco?

-ARGÜELLO: En realidad, el origen del TNP es totalmente distinto del de Tlatelolco. Como su nombre lo indica, se trata de “no proliferación”, no de “desarme”, y lo propusieron los cinco países que en ese entonces poseían armas nucleares y que tienen su asiento en el Consejo de Seguridad como miembros permanentes con derecho a veto. La idea era que ellos tuvieran permitido legalmente mantener sus armas, a través del derecho internacional, y que otros no lo tuvieran. En medio de la Guerra Fría, no estaban dispuestos a resignar su posesión de armas nucleares. Lo que ocurre es que cuando ellos someten el texto a la negociación internacional, a través de países no nucleares pero aliados de ellos, muchos Estados se opusieron a ese desbalance. Ahí se empezó a negociar y se logró balancear eso a través de un segundo punto que fue el de desarme. Sin embargo, el punto del “desarme” quedó bastante más difuso que el punto de “no proliferación”. Siempre ha habido expresiones de deseo, pero el objetivo del desarme nunca se ha concretado a un ritmo como es el esperable para aquellos países que no cuentan con armas nucleares. El tercer pilar del TNP fue el de los “usos pacíficos de la energía nuclear”, considerado como un derecho inalienable de todas las naciones que ingresaran al Tratado.

-JAUNARENA: La experiencia nos muestra que, por un lado, están los tratados firmados, pero otro aspecto a tener en cuenta es lo que sucede durante el tiempo que transcurre desde entonces, así como las actitudes políticas de cada uno de los países firmantes. En materia de desarme, una cosa es lo que se anuncia y otra cosa son las actitudes concretas de cada uno de los países. Yo creo que parte del trabajo de esta Red de Líderes Latinoamericanos será tratar de acercar lo pactado a la realidad del día a día.

-Doctor Jaunarena, como ministro de Defensa, usted fue testigo y protagonista del acercamiento entre Argentina y Brasil de mediados de los 80, antecedente del actual mecanismo bilateral de salvaguardia en materia nuclear. ¿Cómo vivió esa experiencia histórica?

JAUNARENA: Yo creo que con Brasil y con Chile se produjo un punto de inflexión. En un caso, a través del inicio de lo que posteriormente sería el Mercosur, a partir de la iniciativa de Alfonsín y Sarney; y en el otro, mediante la solución del conflicto del Beagle. Son dos puntos de inflexión que terminan con una manera de encarar las relaciones entre los países de la región. Yo fui el ministro de Defensa que retiró las tropas argentinas de la frontera con Brasil, que hizo lo propio con sus tropas estacionadas en la frontera con nuestro país. En el tema nuclear, nosotros tenemos que ser unos trabajadores de Tlatelolco para que este espíritu continúe. En ese sentido, una contribución importante para que se pueda avanzar por el camino indicado es el hecho de tener gente en cada uno de los países de la región que esté comprometida con estos objetivos, tenga un mismo discurso y señale las mismas alertas.

-Analizando el tema en retrospectiva, con el retorno de la democracia en los años 80, tanto Argentina como Brasil demoraron la firma del TNP. ¿Por qué?

-ARGÜELLO: En realidad, fue la consecuencia natural de un proceso que se dio desde abajo hacia arriba. El TNP, en realidad, estaba impuesto a los países por los grandes centros de poder. En cambio, el proceso de incremento de la confianza entre Argentina y Brasil se fue dando desde abajo hacia arriba. Fue la propia evolución histórica y política en los dos países la que favoreció este acercamiento. Entonces, una vez que ambos países empezaron a encontrar sus puntos comunes y a analizar la conveniencia de tener una buena relación y no una relación de recelo, el avanzar primero en la ratificación de Tlatelolco y luego en la firma del TNP fue algo natural, aunque se dio con los ritmos de cada país. Argentina firmó el TNP en 1995 y Brasil lo hizo en 1998.

AMÉRICA LATINA Y LOS ACTORES EXTRARREGIONALES

-¿Qué ocurre con los actores extrarregionales que ingresan material nuclear, como denunció el gobierno argentino en el caso británico en el Atlántico Sur?

-ARGÜELLO: Hay varios puntos para analizar en el caso particular del Atlántico Sur. Si bien Argentina hizo la denuncia, el OPANAL -organismo que ejerce la secretaría del Tratado de Tlatelolco- no denunció explícitamente esta posible intrusión de armas nucleares. Es importante puntualizar que “propulsión nuclear” no significa “arma nuclear” y está permitida, incluso en submarinos. Lo que no está permitido por el TNP y por Tlatelolco son las armas nucleares. Nunca se supo si realmente el Reino Unido introdujo ese tipo de submarinos y la altísima probabilidad es que no tuvieran armas nucleares, sino que se tratara solo de propulsión nuclear. Esa tecnología es la misma que actualmente está buscando Brasil y que también va a buscar la Argentina.

-JAUNARENA: Muchas veces, sobreactuar no sirve y se vuelve en contra de quien sobreactúa. En el caso del Atlántico Sur, es evidente que el gobierno británico, cuando le conviene, usa el tema Malvinas. Si nosotros entramos en esa pelea, favorecemos al gobierno del Reino Unido.

-Con respecto a Irán y su acercamiento a Venezuela, Ecuador o Bolivia y la última negociación con Argentina, ¿hasta qué punto afectan la credibilidad de la región? ¿Son temas que van paralelamente o hay que prestar atención a estas situaciones?

-JAUNARENA: Lo que me preocupa es la poca efectividad que tiene la comunidad internacional para evitar la proliferación y la diseminación de armamento nuclear. El ejemplo de Irán es típico. En ese sentido, como un capítulo de nuestro esfuerzo, debemos reforzar aquellas políticas de los Estados que tienen que evitar que se siga desarrollando impunemente armamento nuclear. En el caso de la Argentina, si bien yo no estoy para nada de acuerdo con lo que se hizo (NdR: memorándum por la causa AMIA), tampoco estoy de acuerdo con mezclar ese tema con la no proliferación.

-ARGÜELLO: Existe una situación internacional que nos preocupa como red. Se avanza poco en la negociación internacional para lograr resultados positivos, ya sea preventivos o punitivos, una vez sucedidas las situaciones. Tanto respecto de Irán como de Corea del Norte, el Consejo de Seguridad de la ONU ha emitido distintas resoluciones de sanciones, que sin embargo no han detenido los programas nucleares. El mundo tiene que replantear los modos. Una de las cuestiones que se va a trabajar desde la Red de Líderes Latinoamericanos son los nuevos aspectos de la negociación internacional, de modo de solucionar estos déficits muy grandes de la diplomacia internacional. Este tipo de grupos de reflexión -que no están en el fragor de la gestión gubernamental, pero tienen amplia experiencia local e internacional- puede aportar ideas creativas para encarar estos problemas.

-Si bien estamos refiriéndonos a América Latina y el Caribe, un actor que no podemos eludir es EE. UU. ¿Creen que hay voluntad política de avanzar en la reducción del arsenal nuclear de parte de la administración Obama?

-ARGÜELLO: Aun cuando Obama ha mostrado desde el discurso de Praga de 2009 una decisión de profundizar ese camino, la realidad es que no ha logrado grandes avances. No consiguió que el Senado ratificase el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (CTBT) y tampoco la enmienda de 2005 de la Convención sobre la Protección Física de los Materiales Nucleares (CPFMN), instrumentos cruciales para la seguridad nuclear global. Todavía hay viejos conceptos y viejas prácticas que nos va a costar mucho revertir; por ejemplo, la idea de la disuasión. Aún hay gobernantes en el mundo que piensan solamente en términos de Estados y no tienen en cuenta que al factor no estatal no se lo puede disuadir. Se asume una racionalidad que los actores no estatales no tienen. Los actores no estatales son capaces de no inmolarse y no tienen miedo de nada. En ese esquema, las actuales doctrinas de seguridad de los países deben ser modificadas. Ahora bien, cambiar una doctrina de seguridad como la de EE. UU. no es el trabajo de una persona; son muchas las opiniones a tener en cuenta y hay muchos intereses en juego, como por ejemplo los de la industria nuclear. Existe incluso un movimiento, el Nuclear Security Project, surgido sobre la base una serie de artículos de opinión publicados a partir de 2007 por Henry Kissinger, George Schultz, William Perry y Sam Nunn. El primero de ellos se tituló “Un mundo libre de armas nucleares”; quienes hacen esta reflexión son justamente exfuncionarios que habían estado con las manos en la masa en las décadas anteriores. Se sumaron otros líderes, como Mijail Gorbachov, quien también se dio cuenta de que al final de la Guerra Fría el mundo se volvió más inseguro, más inestable y que las armas nucleares se convirtieron en un peligro real y concreto.