El activismo y la desafiante postura del régimen iraní amenazan el equilibrio de poder internacional. Sin el peso de otras áreas claves del planeta, América Latina cobra cada vez mayor importancia en la política exterior de Teherán.

La visita de mediados de enero de 2012 del presidente iraní a los Estados dotados de regímenes de tinte más anti Estados Unidos en la región se enmarca en la necesidad de Irán de demostrar que no está aislado en el mundo frente a las crecientes sanciones y de reforzar su presencia diplomática y de agentes y personal de inteligencia en América Latina, con vistas a un escenario de eventual conflicto abierto con los EE.UU. En este sentido, la

decisión de Washington de expulsar a la cónsul venezolana en Miami bajo los cargos de participar en una supuesta operación venezolano-iraní a partir de 2006 para reclutar a jóvenes ingenieros informáticos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) para llevar a cabo ataques informáticos en los EE.UU. y países aliados, se enmarca en las respuestas moderadas y escalonadas que viene desarrollando la administración Obama contra ese nexo entre Irán y los bolivarianos. La protección de objetivos estratégicos, como el canal de Panamá o instalaciones petroleras en el Caribe y México, frente a eventuales ataques terroristas o sabotajes de la Fuerza Qods (fuerzas especiales de los Guardianes de la Revolución iraní) y del grupo libanés filoiraní Hezbollah, es una prioridad creciente frente a la mayor posibilidad de que la pulseada entre Estados Unidos/Israel vs. Irán derive en una escalada en 2013 o antes. Asimismo, estos grupos de operaciones encubiertas de Irán han desarrollado, según la DEA (Drug Enforcement Administration) y otras agencias de seguridad y de inteligencia occidentales, nexos con grupos ligados al narcotráfico en la zona.

En el caso de Venezuela, y en menor medida Ecuador, otro nexo relevante con Irán es la condición de ser países productores y exportadores de petróleo, interesados en mantener en niveles elevados su valor para hacer frente a situaciones económicas complejas. Cabe recordar que Irán es el segundo exportador de petróleo, a gran distancia del primero, que es Arabia Saudita, de los países de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), que nuclean el 40% de la producción mundial. Tanto Caracas como Teherán han asumido posturas duras y activas en la OPEP para evitar el descenso de los precios del barril y contrarrestar la política saudita de precios moderados y sostenibles para un buen desarrollo de los importadores occidentales, chinos e hindúes. Otro claro ejemplo de activismo iraní en la región en temas de seguridad quedó demostrado con la visita que durante 2011 realizó el ministro de Defensa de Irán a Bolivia para inaugurar la Escuela de Defensa del ALBA, que entrena en Santa Cruz, con instructores y asesores cubanos, a militares bolivianos, venezolanos, ecuatorianos, etc. La versión bolivariana alternativa a la ya inexistente Escuela de las Américas.

Este funcionario es acusado por la justicia argentina e Interpol de haber sido partícipe de la organización del atentado a la AMIA en Argentina en 1994. Este hecho derivó posteriormente en un reclamo a Evo Morales. Asimismo, Irán ha reforzado su presencia mediática en la región, con la instalación de dos cadenas de noticias, con fuerte presencia y cobertura de acciones y políticas de los gobiernos bolivarianos: Pressnews e Hispan TV, con base operativa en España. Este movimiento iraní en nuestra región, zona simbólicamente importante por ser de influencia histórica de los EE. UU., pero marginal si se la compara con el área vital iraní -tal como es el golfo Pérsico, el Levante libanés, Asia Central y el Caspio-, se coloca dentro de una tensión ascendente y peligrosa con Washington por la cuestión nuclear. Las recientes amenazas cruzadas entre la superpotencia y los iraníes por el control y paso del estrecho de Hormuz son parte de esta partida de ajedrez, en la que los líderes de Teherán calculan las fichas a mover diariamente tanto sea en el Golfo como en zonas de interés de los EE. UU., tal el caso de Irak (donde Irán ganó gran influencia post caída de Saddam Hussein), el Líbano, de la mano de Hezbollah, en Gaza con Hamas y, en menor medida, en Afganistán.

En tanto, el cúmulo de sanciones económicas y financieras que están descargando la administración Obama, la Unión Europea y Japón sobre el régimen fundamentalista está comenzando a tener resultados visibles. La masiva devaluación de la moneda iraní en los últimos años es un reflejo de ello. A esto se le suma un factor sensible a ser tenido en cuenta en Washington, Tel Aviv y las capitales europeas: las pujas y crecientes fricciones políticas, de intereses e ideológicas que presenta el alguna vez monolítico régimen de Irán. Las peleas entre su presidente y el líder religioso-político del país, la puja entre los poderosos grupos paramilitares de los Guardianes de la Revolución versus la elite religiosa, así como el capítulo aún no cerrado de los reformistas o la fallida revolución “verde” contra los conservadores. El mix de problemas económicos y estas facciones son un elemento a considerar con atención en este juego de ajedrez antes mencionado. Los errores de percepción o escaladas involuntarias ganan fuerza en un panorama así. No obstante, a no llevarse al engaño. Si algo genera un consenso entre todos los grupos en disputa en Irán es la prioridad y el derecho de contar con poder nuclear disuasivo y un sentido fuerte de resentimiento hacia las históricas políticas de los EE.UU. y de ex grandes potencias como el Reino Unido en el Medio Oriente. Sin olvidar la tradición milenaria y sofisticada de la política y la diplomacia iraníes. Como afirmaba Henry Kissinger al hablar de China, siempre hay que tener particular respeto y resguardo frente a países milenarios. Por algo lograron serlo y sobrevivir.