El ingeniero Héctor Polenta, docente del ITBA y magister del MIT, descarta las visiones alarmistas sobre el funcionamiento de las centrales nucleares actuales.

El ingeniero nuclear Héctor Polenta, docente del ITBA con una larga experiencia en la materia y un máster en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), descarta las versiones alarmistas que circulan acerca del funcionamiento de las centrales nucleares y advierte que las fuentes renovables solo pueden reemplazar una mínima porción de la electricidad generada por ellas. Analiza además las diferencias entre los accidentes de Chernobyl y Fukushima y brinda detalles sobre la seguridad de las instalaciones hoy existentes.

Por Mariano Roca

-¿Qué grado de seguridad tienen las centrales nucleares y qué sucedió en Fukushima?

-Las centrales nucleares se diseñan para una serie de accidentes, que son aquellos que los ingenieros podemos prever. Siempre se coloca un coeficiente de seguridad, que se traduce en costos a la hora de su construcción. La unidad 1 de Fukushima estaba preparada para un terremoto de hasta grado 8 y se vio afectada por un terremoto de 8,9, que es casi 30 veces más poderoso en cuanto a su capacidad destructiva. Además estaba preparada para sufrir un tsunami de 6 metros y el que los golpeó fue de 10.

-¿Cómo actúan los sistemas de emergencia en estos casos?

-Cuando golpea el terremoto, las centrales tienen un mecanismo de detección por el cual inmediatamente dejan caer las barras de apagado del reactor y la reacción en cadena se corta en seco. A partir de que caen las barras, el núcleo del reactor sigue generando calor por la presencia de productos de alta radiactividad e incluso hay fisión retardada que se suma a la potencia que hay que disipar. Todo eso se va transformando, a corto plazo, en calor. Si ese calor no es extraído de allí, la consecuencia es una suba en la temperatura y es entonces cuando entran en juego los sistemas de enfriamiento de emergencia.

-¿Esos sistemas de enfriamiento fallaron en Fukushima?

-En realidad, al no haber electricidad externa porque se cayó el sistema en todo Japón, no pudo funcionar el sistema de diesel. El maremoto le pegó, pasó cuatro metros por encima de lo que tenían previsto y provocó destrozos. Hay que tener en cuenta que estamos hablando de una zona de desastre. Al fallar este sistema de emergencia, entró en funcionamiento un sistema de baterías, que como tales tienen una duración limitada.

-Entrando en el debate sobre la energía nuclear, ¿cree que existen alternativas para reemplazarla?

-Lo que debemos preguntarnos es si queremos mantener los beneficios de la vida moderna. Si la respuesta es que sí, la siguiente cuestión es si hay alguna alternativa a la energía nuclear para llegar a suplir toda la demanda que hoy es abastecida por la energía nuclear. Si uno puntea cada una de las opciones, hay que ir descartándolas porque no entregan suficiente cantidad de energía. Parte de esa demanda puede ser suplida con fuentes renovables, pero solo se puede reemplazar una mínima parte de la generación eléctrica que hoy entregan las centrales nucleares.

-¿No es demasiado alto el riesgo que debe asumir la población?

-Siempre debemos hacer un análisis de riesgo, que implica considerar la amenaza, la vulnerabilidad, la prevención y la mitigación. Bajar la amenaza implica quedarse sin energía o bajar el nivel de vida. Si no estamos dispuestos a hacerlo, hay que garantizar los máximos niveles de seguridad en las centrales. Si consideramos la vulnerabilidad de países como Japón, con una pequeña superficie y una gran densidad de población, es inevitable cierto nivel de riesgo porque no se puede trasladar a toda la población de las áreas circundantes. Dejando de lado la mitigación, que es lo que se hace después de que ocurre el accidente, lo que queda es trabajar sobre la prevención. La prevención viene dada por el diseño de la central nuclear, que -como dijimos- implica asumir costos económicos.

-¿Cómo ha cambiado el diseño de las centrales con el transcurso del tiempo?

-Para explicar esto hay que tener en cuenta que las centrales del tipo Chernobyl eran notoriamente más peligrosas que las de diseño occidental, porque estas últimas tienen un edificio de contención, que es un cilindro o esfera de cemento armado y acero, que está preparado para resistir el peor accidente imaginable. Ningún elemento radiactivo tiene que poder salir de ahí o, si sale algo, debe ser una fracción mínima y tolerable por la gente que está a su alrededor. Chernobyl, en cambio, no tenía esa contención y, al estallar el reactor, la radiactividad se desparramó por toda Europa.

-¿Qué comparación se puede hacer entre la tecnología para desarrollar un reactor nuclear y una bomba atómica?

-No tiene absolutamente nada que ver. Para hacer una bomba atómica, hay que tener una geometría perfectamente esférica de uranio metálico. Ese uranio en la naturaleza tiene 0,7% del isótopo útil, el 235, y en un reactor nuclear como los japoneses jamás supera el 5% de enriquecimiento. Para lograr una mezcla capaz de producir una explosión nuclear, hay que llevarlo a un enriquecimiento mayor que el 90%. Químicamente no se puede hacer porque los dos elementos -uranio 235 y uranio 238- son idénticos e indistinguibles. Esa es la razón por la que es tan complicado enriquecer uranio. Además, a esa geometría esférica hay que inyectarle un chorro de neutrones poderoso para hacerlo estallar, y ponerle alrededor un reflector que lo contenga antes de que se expanda.