En Neuquén, la subteniente de Ejército María de los Ángeles Gruttulini protagonizó un momento que le demandó más tiempo y sacrificios de los que imaginó.

“Era la oficial a cargo del grupo que me designaron, integrado por 4 suboficiales y dos civiles del municipio. Los apoyos consisten en actividades que hacemos cotidianamente, incluso el día anterior yo había ido con personal de la Banda militar”, comienza su relato María de los Ángeles Gruttulini, la subteniente del Regimiento de Infantería de Montaña 10, unidad del Ejército Argentino ubicada en la ciudad de Covunco, provincia de Neuquén.

Allí, los temporales de nieve afectaron a los pobladores, por lo que el Regimiento se encuentra repartiendo víveres y leña a aquellos que se encuentran aislados. Era jueves cuando María de los Ángeles regresaba con su patrulla tras asistir a los ciudadanos del paraje Cañadón de la Vaca Muerta. “A 10 km del último lugar al que habíamos ido tuvimos que llevar leña a un señor que había quedado aislado junto a sus 3 nietos. Regresábamos de ahí cuando empezó a oscurecer y la cantidad de nieve dificultó el avance, así que decidimos buscar lugar para refugiarnos”, relata y agrega que tomaron contacto con la Unidad militar para avisar que el camino que ellos habían marcado se encontraba en mal estado y que no era necesario que los fueran a buscar.  Un estanciero les permitió permanecer en una casa que se encontraba vacía, incluso se encargó de hacerles llegar un plato de guiso caliente. Para llegar ahí, a unas 10 cuadras de donde estaban varados, caminaron cerca de 3 horas. “Era tanta la nieve que llegaba hasta el pecho de los caballos”, aclara la militar oriunda de Berazategui.

El viernes trajo aún más nieve y el camión UNIMOG del Ejército ya no podía moverse. A partir de entonces, detalla María de los Ángeles, la cooperación y la solidaridad pasaron a protagonizar los minutos de aquellas frías jornadas. Recién pudieron regresar a la Unidad el domingo por la mañana. “Una patrulla, con esquíes, logró acercarse, pero no pudo llegar al lugar. Así que un baqueano del Regimiento, con su caballo, nos alcanzó raquetas para poder caminar con ellas”, cuenta, al tiempo que destaca que fueron los baqueanos de la Fuerza los que pudieron reconocer el lugar para poder llegar a donde se encontraban: “A nosotros la nieve nos cambió mucho la visión del lugar, sin embargo, ellos ven un pico, un árbol o una montaña y reconocen enseguida el paisaje”.

Gruttulini ya se encuentra en el Regimiento y, como profesional del servicio de educación física del Ejército destinada en una Unidad de Infantería, explica que su presencia es muy requerida por el personal militar: “Siempre buscan hacer actividad física, más allá del adiestramiento, salen al terreno y llevan adelante marchas”, dice, al tiempo que confiesa que tras egresar el Colegio Militar de la Nación pidió ir destinada a una Unidad de montaña.

¿Cómo vive los apoyos que llevan adelante? “Las personas nos esperan con ansias. Nos invitan siempre a quedarnos. A veces, hacen panes y tortas fritas y nos piden que nos las llevemos. Con poco, son muy agradecidos”, y comenta que, durante estas actividades, se encontraron con una mujer de aproximadamente 70 años que cortaba leña con su hacha: “Enseguida los suboficiales lo comenzaron a hacer por ella. La señora estaba muy emocionada”.

“Las personas nos esperan con ansias. Nos invitan siempre a quedarnos. A veces, hacen panes y tortas fritas y nos piden que nos las llevemos. Con poco, son muy agradecidos”, comenta la mujer. Foto: Gentileza Ejército.

“Desde chica me llama la atención el Ejército. Cuando terminé el profesorado, quería entrar si o si, si no lo hacía como profesional, iba a ingresar como cadete al cuerpo comando. Me gusta mucho. Aquí hay muchos valores”, manifiesta, al tiempo que rescata la labor de los integrantes del Regimiento en las actividades diarias. “Somos todos soldados, estamos todos en la misma, buscando cumplir con la misión”, concluye.

“Nos gusta que la gente vea que el Ejército está para ayudarlos ante cualquier eventualidad”

Hoy al teniente coronel Carlos María Fraquelli le toca comandar a la histórica Unidad que, además de estar participando en la Operación “General Manuel Belgrano” (integrando la zona de emergencia de Neuquén en el marco de la pandemia provocada por el COVID-19), también asiste a las poblaciones ante las intensas nevadas. Llevan alimentos, leña, forraje para los animales y agua. Si bien el oficial está acostumbrado a estas contingencias, ya que, dentro del Ejército, se especializó en la aptitud de montaña, viene de Río de Janeiro, donde representó a la Fuerza en la Escuela de Operaciones de Paz. “Si bien el cambio fue un poco abrupto, me reencontré con mi especialidad”, confiesa.

Tenemos trabajo y lo estamos disfrutando. Nos gusta que la gente vea que el Ejército está para ayudarlos ante cualquier eventualidad. No solamente dentro de la operación “General Manuel Belgrano”, sino también por la emergencia climática. La zona de montaña es muy proclive a desastres naturales, como pueden ser aludes o erupciones de volcanes. Nosotros dependemos de una Brigada que históricamente se ha caracterizado por ayudar a la gente. Los ciudadanos valoran mucho nuestro trabajo”, sostiene Fraquelli, antes de finalizar explicando que el Ejército se prepara para defender al país, y que este adiestramiento es lo que permite que se puedan realizar este tipo de misiones subsidiarias con eficiencia.

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