El cardenal primado argentino Jorge Bergoglio es el nuevo Pontífice de la Iglesia Católica. Será el primer Papa jesuita de la historia del catolicismo. Ha adoptado el nombre de Francisco.

Reservado, poco afecto a lo mediático, preocupado por la marginación social, el nuevo Papa nació en Buenos Aires en 1936 y fue ordenado sacerdote en 1969. Juan Pablo II lo nombró obispo auxiliar de Buenos Aires en 1992. Ese mismo año fue designado vicario episcopal de la zona de Flores y al año siguiente asumió como vicario general de la Arquidiócesis de Buenos Aires. En 1997 fue nombrado obispo coadjutor, mientras al frente del Arzobispado de Buenos Aires se encontraba Antonio Quarracino. Al año siguiente, tras la muerte de este último, asumió como arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina.

Según consigna la agencia Reuters, una de sus biógrafas, Frascesca Ambrogetti, lo describe como una “personalidad absolutamente moderada. Es absolutamente capaz de hacer la necesaria renovación (en la Iglesia) sin saltos en el vacío”. “Coincide con la necesidad de una Iglesia misionera. Que salga al encuentro de la gente, activa y no pasiva. Una Iglesia que no sea reguladora de la Fe, sino promotora y facilitadora de la Fe”, explicó.

Se trata de un hombre austero, de marcada espiritualidad y apegado a las tradiciones seculares del catolicismo. De aspecto hierático, habita un departamento pequeño -rechazó la residencia oficial del arzobispado, más confortable-, donde pasa los fines de semana en soledad.”Sobriedad y austeridad es su estilo de vida. Viaja en subte, en colectivo, los viajes a Roma los hace en clase turista”, describió Ambrogetti.

Suele guardar para sus escasas apariciones públicas discursos cargados de palabras duras tanto para los políticos como para la ciudadanía, señalando la pobreza masiva, la marginación y la desigualdad social que vive Argentina.