En un artículo publicado en el Harvard International Review, el canciller iraní Mohammad Javad Zarif expone las propuestas de su gobierno para hacer frente a la violencia extremista.iran

En una columna titulada “La imperante necesidad de una estrategia integral para luchar contra la violencia extremista“, Javad Zarif llama la atención sobre el peligro que representa el Da’esh, acrónimo del Estado Islámico en idioma árabe (ISIS, en inglés), así como Al-Qaeda y sus afiliados del frente Jabhat al-Nusra en Siria, los yihadistas de Boko Haram en Nigeria y los Talibán en Afganistán, entre otros grupos. “La violencia extremista es probablemente el mayor desafío que enfrentamos y amenaza no solo a nuestra región, sino al mundo entero, pues no reconoce fronteras”.

“La sistemática destrucción y profanación de mezquitas y santuarios sagrados, iglesias, tumbas ancestrales y templos, así como de antiguos tesoros arqueológicos que representan la rica herencia cultural de la región, ilustran los objetivos de largo plazo que tiene la violencia extremista en la región”, alerta Zarif. Recuerda que este fenómeno “concitó la atención internacional décadas atrás, tras la invasión soviética a Afganistán, que condujo a la creación de Al-Qaeda y los Talibán, siguió con la invasión de EE.UU. a Irak, que produjo distintos grupos afiliados a Al-Qaeda y que posteriormente creció hasta transformase en el Da’esh (Estado Islámico)”.

“Valores humanos como la compasión, la empatía, la paciencia, la tolerancia y el perdón siempre han integrado el mensaje básico que todas las tradiciones religiosas, en particular el Islam, han propugnado y transmitido a lo largo de la historia”, añade Zarif, quien lamenta que “en los últimos dos siglos un reducido grupo de demagogos, de dudoso pasado, comenzó a presentar una versión distorsionada del Islam, con el pretexto de purificar la religión”. “El problema surgió cuando quienes tenían poder y dinero se abocaron a la difusión de este modo de pensar hacia una comunidad musulmana más amplia y repartida a lo largo del planeta (…) y no lo hicieron en pos de un puritanismo religioso, sino por cálculos políticos y estratégicos miopes”, agrega el titular de las Relaciones Exteriores del gobierno iraní. En ese sentido, advierte, el Daesh “no es un fenómeno nuevo”, pues se trata de “un grupo que se alimenta del colapso y del caos, que surgió de la inestabilidad creada luego de la invasión a Irak y durante los años de ocupación”.

Zarif también apunta a la fallida estrateiga de EE.UU. y sus aliados occidentales en Medio Oriente. “Las operaciones militares, combinadas con intentos mal concebidos y peor ejecutados de ingeniería soical en las sociedades de Medio Oriente, demuestran la profunda desilusión que han generado las políticas de EE.UU. y unos pocos poderes occidentales en la región”. Culpa de este fracaso a la denominada “Iniciativa por un Gran Medio Oriente” originada en círculos neoconservadores de Washington, quienes promovían la “exportación de la democracia” y establecieron un “marco teórico para la intervención militar” en la zona. “El daño creado en el curso de prosecución de esta fantasía ha sido tan profundo que los esfuerzos posteriores por mitigarlo han logrado magros resultados”.

“Las consecuencias persistentes de la inestabilidad creada en sociedades de la región -sostiene el canciller- hizo que la violencia extremista adquiriera mayor poder y diera paso a un círculo vicioso en el que la ocupación extranjera y el extremismo se retroalimentan, permitiendo a este último alimentar subsiguientemente las fracturas sociales y culturales”. “Hoy nadie puede negar que los extremistas y terroristas son mucho más fuertes y operan en muchos más lugares de Medio Oriente de los que sus demagógicos líderes jamás podrían haber siquiera imaginado o esperado en 2001”.

Al señalar sus propuestas para una nueva estrategia en el combate contra la violencia extremista, Zarif reclama un “cambio de paradigma y de mentalidad” en la campaña global contra el Daesh y otros grupos extremistas takfiríes, siempre “en el total respeto de las normas y principios del derecho internacional y de lo previsto por la Carta de Naciones Unidas, en particular del principio de la abstención de la amenaza o el uso de la fuerza contra otros Estados”. Lejos de limitarse al aspecto puramente militar, el diplomático sugiere “un frente cultural e ideológico”, que “movilice líderes religiosos y comunitarios, medios de comunicación, universidades, redes sociales e instrumentos similares para rechazar las interpretaciones violentas de los mensjaes religiosos y denunciar las filosofías que fomentan el odio y la violencia”.

También pide rever en los países occidentales aquellas “medidas que privan de derechos económicos, políticos y culturales a los jóvenes, y que discriminan a personas de origen extranjero”. Alerta además contra la “islamofobia” que vincula automáticamente a la violencia extremista con los verdaderos musulmanes. “La islamofobia debería ser considerada, ella misma, una forma de extremismo que, de una u otra forma, incita y lleva a la violencia”, sostiene Zarif, quien reclama “la condena y rechazo a todas las formas de violencia extremista”.

Zarif llama a involucrar a todos los actores regionales e internacionales en las medidas para frenar el acceso de los extremistas a fondos, reclutamiento y otros recursos que les permiten sembrar el terror en la región y fuera de ella. En este aspecto, considera que la comunidad internacional debería limitar cualquier ayuda militar tan solo a “aquellos actores de la región que luchen genuinamente contra el Daesh y otros grupos violentos y extremistas”. Pide, al mismo tiempo, brindar apoyo a “aquellos países que están directamente involucrados en la lucha contra la violencia extremista y sectaria”. “Cualquier otro enfoque que debilite el poder de las autoridades (estatales), permitiendo políticas de diferenciación de la población en segmentos para su supuesta protección, se convierte en una receta para el fracaso”, asegura el autor de la columna.

“Minar el apoyo hacia quienes han demostrado su dedicación y esfuerzo en el combate contra el Daesh, para apoyar a aquellos que han demostrado tibieza frente a este grupo, podría socavar los esfuerzos que se realicen para contener y aislar a los extremistas”, concluye Javad Zarif, quien afirma que “la unidad contra el Daesh y un entendimiento entre países y facciones que se oponen al Da’esh y a sus grupos afiliados podrían brindar el marco propicio para una lucha más eficaz contra el extremismo”.

La columna original de Javad Zarif (en inglés):

http://hir.harvard.edu/archives/11547