Es probable que después de leer la nota de tapa de esta edición, la sencilla acción de abrir un e-mail ya no será lo que solía ser. O, al menos, dejará de ser ese procedimiento casi mecánico, habitual y, digamos, inconsecuente. A la sombra del imparable crecimiento del mundo virtual y de las nuevas tecnologías, sobrevuela una amenaza mutante e inasible. Advertidos o no, se trata de estar alerta: los delitos informáticos están entre nosotros. Una parte importante de nuestras vidas sucede en redes y sistemas en los que dejamos huellas, algunas obvias, otras imperceptibles para el común de los usuarios. Pero están ahí, al acecho de la ciberdelincuencia. Fraude, robo de identidad, falsificación, malversación, corrupción de menores y pedofilia son algunos de los ilícitos graves de un tramado delictivo tan sofisticado que requiere no solo de la concientización sino también de un esfuerzo de parte de los usuarios, de las empresas prestadoras de servicios infomáticos y, por supuesto, del Estado en todas sus competencias policiales y judiciales. Es esa otra faceta de la seguridad pública la que abordamos a fondo en este número de DEF. Hay una buena noticia: en la nota, para la que han sido consultados algunos de los especialistas que más saben del tema en la Argentina, se señala que nuestro país ha dado pasos certeros en materia legal con la modificación del Código Penal en 2008 y con la adhesión a tratados internacionales que están marcando el camino. Aunque no es poco, las cosas cambian demasiado rápido. Son crímenes modernos que necesitan herramientas modernas para prevenirlos y combatirlos.