El nuevo director del Área de Estudios Laborales y Sociales de la consultora Poliarquía y Tomás Bulat mantuvieron un encuentro en el que Kritz presentó su diagnóstico sobre los desafíos y falencias, en términos laborales, económicos y sociales, de la Argentina de los últimos diez años.

Tomás Bulat- El empleo es algo que nos preocupa. Sabemos que este ha experimentado un fuerte crecimiento en Argentina desde 2003 hasta 2011, sobre todo después de la crisis. Me gustaría preguntarte si este cambio fue lineal. Por otro lado, ¿cómo es la situación del empleo hoy en la Argentina?
Ernesto Kritz- Yo diría que hubo un ciclo que comenzó con la recuperación y posterior salida de la crisis que experimentó el país entre 2001 y 2002. Diría que este período de recuperación se inició en 2003 y llegó hasta fines de 2007. En dicha etapa, hubo un gran crecimiento del empleo, incluso, de todo lo que se creó desde entonces hasta aquí, dos tercios fueron en el período 2003-2007, con un promedio anual cercano al 5 por ciento. Sin embargo, a fines de 2007, esto comenzó a desacelerarse progresivamente.
TB- ¿Más de lo esperado? Porque es lógico que en un proceso de tanto desempleo este se reduzca rápido y después empiece a avanzar más lentamente, ¿o podría decirse que fue más fuerte, logrando quebrar la tendencia?
EK- Yo te diría que fue más fuerte, pero quizá sucedió porque el punto de comparación, el período 2003-2007, tiene dos particularidades; por un lado, había una enorme reserva de mano de obra desocupada, una parte importante de ella calificada; y, en segundo lugar, el costo de crear un empleo había caído muchísimo por la devaluación de comienzo de 2002. La combinación de estas dos cosas, gran reserva de mano de obra y una caída del salario real -que en 2002 fue del 25 por ciento y luego llegó casi al 50 por ciento- permitió un enorme crecimiento del empleo. En 2005 aparece un fenómeno que había estado ausente durante todo ese tiempo: las negociaciones colectivas. Entonces, comienzan las negociaciones y las reservas de mano de obra se achican, sobre todo en el sector formal de la economía. De esa manera, los salarios comienzan a crecer más rápidamente que la productividad. En mi opinión, la combinación de esos tres factores hizo que se desacelerara el crecimiento del empleo. Cabe destacar que hubo una caída del empleo privado en este segundo período que fue provocada por la recesión de 2008-2009, compensada por un aumento importante del empleo público. Este último comienza a crecer fuertemente en este momento; fuertemente en términos relativos, porque se recupera el crecimiento del empleo pero a niveles menores que en el primer ciclo, en el de Néstor digamos. Además, se recupera pero a tasas mucho más bajas. Así como dije que entre 2003 y 2007 hubo un crecimiento del empleo del 5 por ciento, entre 2007 y 2012 apenas superó el 1 por ciento.
TB- O sea que en ese período el quiebre es muy fuerte.
EK- Exactamente, 2012 fue un año malo.
TB- En 2012 se da una destrucción neta del empleo en el sector privado, ¿es así?
EK- En ese sector hay un crecimiento muy pequeño pero solo en el cuarto trimestre; incluso, hasta el tercer trimestre, se habían perdido cien mil empleos privados, estoy hablando solo de los formales. Esta situación experimentó una recuperación en el cuarto trimestre pero, aun así, el saldo neto fue negativo.
TB- Entonces la demanda del sector privado hoy está planchada y el sector público sigue teniendo una demanda creciente. Este es el panorama de hoy.
EK- Hay que tener en cuenta que no tenemos todos los números de empleo porque los de las provincias son incompletos, ya que los únicos datos más o menos completos que tenemos son los de las provincias que transfirieron sus cajas previsionales a la Nación. No tenemos los datos de las provincias que no lo hicieron, y no son pocas.
TB- Claro, quedan afuera Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba.
EK- Sí, pero a mí me parece que no quedan fuera de la tendencia.

Ingreso al mercado laboral

TB- Lo que describís hasta ahora es con respecto a la demanda; me gustaría saber más sobre la oferta. Se sabe que el desempleo que hay en la Argentina, que no es alto, impacta mucho en los jóvenes, pero,  ¿hay un problema de ingreso al mercado de trabajo por parte de este segmento? Y ese problema, ¿es debido a la falta de capacidades?
EK- Se dan las dos cosas. El desempleo entre los jóvenes siempre es más alto, en todos los países del mundo duplica el promedio general de la economía. Acá pasaron varias cosas simultáneamente. Desde el año 2003 en adelante, incluyendo el último período, el empleo juvenil aumentó, o sea que se crearon oportunidades para los jóvenes. Por otro lado, a diferencia de lo que sucede con los adultos, entre los jóvenes hay un componente mayor de informalidad. El tercer fenómeno que quiero destacar es que, a pesar de todo esto, desde 2003 ha aumentado el segmento ni-ni (ni estudia ni trabaja), hoy hay más chicos entre 15 y 24 años que están fuera del mercado de trabajo y del sistema educativo de los que había en 2003.
TB- Escuchar eso es muy fuerte ¿no?
EK- Exactamente, con una diferencia adicional ya que, en 2003, la enorme mayoría de los chicos que estaban en esa situación no habían completado la escuela secundaria. Ahora, cerca de un tercio de los chicos que están en esa situación, son chicos que no están trabajando ni estudiando. Es difícil saber el número exacto, pero yo creo que estamos hablando de cerca de ochocientos mil.
TB- Y, esa gente, ¿cómo se reincorpora al mercado de trabajo? Porque cada año que no hacés ni una cosa ni la otra se traduce en pérdida de oportunidades.
EK- Es muy baja la reincorporación, y si la tienen es básicamente en la informalidad.
TB- Los planes de subsidio, ¿pueden haber motivado este tipo de conducta? Hay un preconcepto en la sociedad de que, en general, los planes sociales están eliminando la cultura del trabajo, sobre todo en los más jóvenes.
EK- Cuando hablamos de planes sociales estamos hablando básicamente de la asignación universal, que es el plan más importante. Este es hasta los 18, después no hay mucho más, están las pensiones no contributivas a madres con hijos menores, a las que tienen más de siete chicos.
TB- ¿No están también los planes trabajar de cooperativa de trabajo?
EK- Mirá, imagínate que fueran todos jóvenes, estamos hablando simplemente de unos doscientos mil.
TB- Listo, o sea que esa idea se puede descartar. El problema es más complejo que una cuestión de un subsidio…
EK- Por supuesto que es más complejo, porque, con respecto a la asignación universal, por ejemplo en una familia promedio de clase baja con tres chicos solo entran entre 600 y 800 pesos. No creo que eso sea un desincentivo para buscar trabajo. Ahí me parece que hay un problema que es mucho más complejo y que tiene que ver con que la gran mayoría de los chicos que están en esta situación pertenecen a familias pobres.
TB- O sea que los ni-ni pertenecen a familias pobres.
EK- Efectivamente. En esos hogares la mayoría de los que trabajan son  informales, no hay una cultura del trabajo formal. Luego, si por una u otra razón no terminaron el colegio, o lo hicieron en uno de muy baja calidad, primero les es difícil acceder a un empleo formal y, segundo, los salarios que pueden obtener por esos empleos no son buenos. Eso constituye un desincentivo para buscar trabajo. El precio de reserva que tienen es más alto.
TB- Cuando uno tiene en cuenta los últimos meses, en los que según el INDEC el salario del sector informal creció más que el formal…
EK- No le creo. No sé de dónde sale eso…
TB- De hecho, los últimos datos me llaman mucho la atención.
EK- Fijate que antes vos mencionaste que el desempleo es bajo, ponele que esté en siete y medio, dejando de lado los planes sociales… Si vos separás el origen de los desocupados entre los que provienen de un empleo formal y los que vienen de uno informal, el 70 por ciento de los desocupados procede de un empleo informal. Es decir que, donde hay desempleo de dos dígitos es en la informalidad.
TB- Como una presión a los salarios a la baja. Clarísimo. Llama mucho la atención. Mucha gente se queja de que no se consiguen trabajadores eventuales y, además, hay salarios bajos. ¿Cómo se logra que vuelvan a insertarse al mercado laboral cuando los que demandan consideran que el salario es alto y los que ofrecen sostienen que es bajo?
EK- Acá hay salarios que son muy bajos, por ejemplo, en el sector agrícola.
TB- Sin embargo, los que producen dicen que lo que pagan de mano de obra no les compensa…
EK- Ahí tenes una relación entre costo laboral, productividad y, en los sectores transables, el tipo de cambio.
TB- El otro tema del cual quisiera hablar es el costo laboral. Cuando uno suma la recaudación del año 2012, uno tiene en cuenta los aportes, las contribuciones, los ingresos de seguridad social, como es el Pami, y suma también la cuarta categoría, que es el impuesto que más recauda, incluso más que el IVA. ¿Cuánto impacta en la creación de empleo tener costos laborales impositivos tan altos?
EK- Yo diría que bastante, cerca de un tercio del costo laboral es no salarial. De cada cien pesos que se le pagan al trabajador el Estado se lleva 30, al bolsillo el trabajador van 70. Esto ha crecido año a año, sobre todo en este último período. Hay una correlación entre crecimiento del costo laboral no salarial, que ha ido creciendo entre uno o dos puntos por año, y la desaceleración del crecimiento del empleo formal. Habrá que hacer el costo econométrico correspondiente
TB- Pero la tendencia se ve, mientras más presión hay del costo laboral, más baja el empleo formal.
EK- Además,  en lo que se refiere a los precios relativos entre trabajo y capital, ocurre lo mismo.
TB- Las empresas tienen ahora un incentivo fuerte para reemplazar trabajo por capital…
EK- Siempre suponiendo que haya crecimiento. Si no lo hay, se da un fenómeno relativamente nuevo, y que ha estado ocurriendo. El desempleo no aumentó, entonces, ¿cómo hacen las empresas para ajustar los costos laborales que les pesan mucho? Simple, no despiden pero no contratan. Toda persona que se va no se vuelve a reemplazar, se bajan las horas extras, se adelantan jubilaciones o se quitan algunos beneficios. Ahora, cuando vos le preguntás a la empresa qué va a hacer con la planta… a comienzos de 2011, la diferencia entre el porcentaje de empresas que iban a aumentar la dotación y las que la iban a bajar era de aproximadamente 40 por ciento, hoy es de un 10 por ciento. O sea que no está en los planes de las empresas aumentar la dotación.
TB- ¿Qué rol cumple la educación en la posibilidad de conseguir empleo?
EK- Yo te diría que no es lo decisivo pero es importante. Alguna vez, hace tiempo, yo hice una pregunta similar. Pregunté qué es lo más importante para conseguir un empleo, y la respuesta fue “contactos”. Hay una cosa que es muy clara, en el sector informal, el 60 por ciento de los trabajadores completaron la educación secundaria y, en el sector formal, el 60 por ciento tiene secundario completo y más. Ahí, en ese sentido, la educación pesa. Pero los contactos también pesan, y bastante. Además, hay otro punto a destacar, las empresas formales te dicen que necesitan una educación más o menos buena. En ese sentido, hace dos años, se quejaban de la escasez, pero de todas maneras me parece que para estos chicos “informales” el no haber completado la escuela secundaria, o haberla realizado en una de baja calidad, los deja con muy pocas oportunidades.