La poca sintonía entre Alberto Fernández y Jair Bolsonaro abre grandes interrogantes sobre el futuro del Mercosur, luego del tan mentado acuerdo comercial con la Unión Europea.

“Brasil fue y sigue siendo el gran actor internacional del Mercosur por su particular dimensión económica”, afirma Luis Fretes Carreras, exembajador de Paraguay en Portugal y actual investigador del Centro de Estudios Internacionales del Instituto Universitario de Lisboa (ISCTE-UIL). Si bien es consciente de “la fragmentación política y la influencia de sectores reaccionarios a la integración”, este académico considera que las diferencias ideológicas que puedan existir entre los dos principales socios “no son suficientes excusas para no afrontar los desafíos” del bloque.

En diálogo con DEF, Fretes Carreras se explayó sobre la agenda actual del proceso de integración, sus problemas estructurales, la discusión sobre el Arancel Externo Común (AEC) y el histórico acuerdo comercial con la Unión Europea. Al margen de la crisis en Venezuela, cuya incorporación y posterior suspensión como miembro del Mercosur ha tenido un fuerte tinte político, este especialista considera que “en materia de expansión del bloque, el desafío inmediato es la incorporación de Bolivia”.

-¿Está el gobierno de Jair Bolsonaro en condiciones de retomar el tradicional liderazgo brasileño del Mercosur?

-La realidad se impone siempre sobre el discurso y no se avizora, en el corto y en el mediano plazo, un cambio de la correlación de fuerzas dentro del bloque. De acuerdo con datos suministrados en 2019 por la Oficina Europea de Estadística (Eurostat), el 74% del comercio entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur provenía de Brasil. La administración Bolsonaro ha concentrado sus principales esfuerzos a fortalecer su compromiso con EE.UU. e Israel, evolucionando hacia lo que Guido Di Tella definía como unas “relaciones carnales”. En ese sentido, la política exterior brasileña ha apoyado la expansión de iniciativas como Prosur (Foro para el Progreso de América del Sur) y el Grupo de Lima con el objetivo de contener lo que denominan el “marxismo cultural” y los gobiernos bolivarianos. Aunque parezca una contradicción, el acercamiento de Brasil a EE.UU. fortalece su liderazgo en el Mercosur, puesto que lo ubica en una posición de relevancia en la región y le da mayor capacidad para definir el sentido de las negociaciones y el desarrollo de proyectos de integración, particularmente en el sector financiero, energético y de las infraestructuras.

-Mauricio Macri intentó, durante la etapa final de su gestión, asumir el liderazgo dentro del Mercosur y, de hecho, condujo las negociaciones con la UE. ¿Qué impacto tuvo para la Argentina?

-El gran esfuerzo desplegado por el gobierno de Mauricio Macri para liderar las negociaciones entre el Mercosur y la UE fue parte del objetivo que la Argentina “retornara al mundo” y fuera un actor mejor considerado a nivel global. Fueron evidentes que esos esfuerzos estuvieron basados en demandas internas, con la idea de reinsertar la Argentina en los mercados de capitales internacionales y en los organismos de financieros multilaterales para obtener nuevas fuentes de financiamiento, lo que llevó al país, a las puertas de una gran crisis, a obtener un préstamo extraordinario del Fondo Monetario Internacional (FMI). En este sentido, se puede interpretar que la politica exterior fue parte de esa agenda interna cuando se observan las iniciativas de un mayor protagonismo de la Argentina en el G-20, de la candidatura a la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) y tambien lograr, bajo su presidencia, el acuerdo de libre comercio con la UE.


“El Mercosur no ha sido capaz de consensuar una política externa común y de articular directrices comunes para enfrentar las dinámicas financieras y comerciales a nivel internacional”.


-¿Podría producirse una fractura dentro del bloque, debido a los diferentes enfoques entre los gobiernos de Bolsonaro y de Alberto Fernández en temas como la apertura económica y la reducción del Arancel Externo Común (AEC)?

-El bloque no está funcionando, pero no creo que el Mercosur se fracture por la reducción de aranceles, puesto que ha convivido con la diversidad de aranceles en todas estas décadas y las condiciones de los Estados miembros no han cambiado. El principal problema que enfrentan los países del bloque es no tener una política externa común; cada Estado tiene una agenda propia y el Mercosur no ha sido capaz de articular directrices comunes capaces de enfrentar las dinámicas financieras y comerciales a nivel internacional. El mejor ejemplo es el atraso en la implementación de un mercado energético común y otro caso emblemático es el de las redes de comunicaciones, que no se limita a la falta de líneas férreas, hidrovías o carreteras, sino también a redes de fibra óptica o satelital que limitan formas de comunicación vital en la región para las nuevas formas de desarrollo económico y social.

Otros tiempos: Macron, Merkel, Bolsonaro y Macri en el anuncio del acuerdo Mercosur-UE, durante el G20 de 2018. Hoy, la realidad del bloque regional sudamericano es muy frágil. Foto: Archivo DEF.

-Considerando los vaivenes políticos de nuestra región y la crisis de liderazgo en Europa, ¿es factible cumplir con los compromisos del acuerdo entre el Mercosur y la UE en los tiempos pactados?

-Sí, considero que es posible concretar los compromisos en los tiempos pactados (10 a 15 años) tanto en el Mercosur como en la UE. Los países del Mercosur enfrentan una situación muy crítica en el campo social, con una presión por dinamizar sus economías, aumentar su productividad y disminuir el desempleo. Esto limita la capacidad de los políticos y gobernantes para relegar un acuerdo de esta escala. En el caso de la UE, percibo que la situación es diferente por el desarrollo de su sistema productivo y la continuidad de sus políticas públicas. El bloque europeo también enfrenta demandas sociales, dada la precarización del empleo, los límites del mercado interno y la inestabilidad del Estado de bienestar. Yo no me preocuparía por los liderazgos en Europa, ya que tienen un fuerte contrapeso en las instituciones y veo difícil, aunque no imposible, que se consagre un líder del estilo de Trump, Putin o Bolsonaro en la UE. En cuanto al acuerdo comercial, los compromisos que se conocen hasta ahora son razonables y, si bien puede haber discrepancias y nuevas necesidades en ambos bloques, este período puede ayudar para realizar los debidos ajustes.


“La presión por dinamizar sus economías, aumentar la productividad y disminuir el desempleo limita la capacidad de los gobernantes del Mercosur para relegar un acuerdo como el alcanzado con la Unión Europea”.


-¿Qué rol pueden cumplir Paraguay y Uruguay, los dos socios menores del bloque?

-El rol de ambas naciones dentro del Mercosur es el de ser moderadores, pues tienen la experiencia de enfrentar el contexto global desde el realismo de su debilidad estructural -que, notablemente, comparten todos los integrantes del bloque, aunque con diferentes escalas-. Su sistema productivo está fuertemente basado en la explotación de sus recursos naturales y en la agroindustria y es altamente dependiente de los cambios climáticos. Además, todos los países del Mercosur, incluyendo a Bolivia y a la suspendida Venezuela, soportan cada vez mayores demandas sociales, que se han visto largamente postergadas. En los casos de Paraguay y Uruguay, si bien son contextos diferentes, ninguno de llos ha logrado aún asumir su rol estratégico de moderador en el Mercosur. En el caso de Paraguay, su política exterior se han concentrado en responder a las demandas de sus élites internas, en particular la élite oligárquica agroexportora que se siente confortable con la dependencia de Brasil y Argentina. Tampoco han tenido la capacidad de tener una política exterior dinámica que enfrente las complejidades del contexto internacional.

-Un tema que ha generado divisiones dentro del Mercosur ha sido la incorporación y posterior suspensión de Venezuela. ¿Considera que podría reconsiderarse en el futuro?

-La decisión de incorporar a Venezuela al Mercosur tuvo un objetivo político: sumar a la cuarta nación más poblada y al mayor productor de petróleo del subcontinente al bloque regional. Esta incorporación permitía ampliar la dimensión del Mercosur y abrir posibilidades de un aumento del intercambio comercial. Esas legítimas aspiraciones de Brasil y de la Argentina por aumentar su comercio en el mercado venezolano tenían, como lógica compensación, cesiones hacia Uruguay y Paraguay. La dirigencia política paraguaya desaprovechó esa oportunidad y se encargó de bloquear el acceso de Venezuela por divergencias ideológicas. La destitución del entonces presidente Fernando Lugo en 2012 dio lugar a la arbitraria suspensión de Paraguay y la incorporación de Venezuela sin guardar las formas, lo que generó el estigma de su imposición por parte de los demás socios. El proceso posterior solo demostró las limitaciones del proyecto de integración y generó una desconfianza en la solidez jurídica del bloque regional. En el corto plazo, Venezuela difícilmente se pueda reincorporar al bloque. En materia de expansión del Mercosur, el desafío inmediato es la incorporación de Bolivia.

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Mariano Roca
Periodista y Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UBA). Se desempeña desde 2006 como integrante de la redacción de la revista DEF y ha colaborado con distintos proyectos editoriales en TAEDA.