Mientras cada vez más estudios advierten sobre los riesgos de su mal uso, los periodistas y divulgadores tech Julieta Schulkin, Sebastian De Toma y Juan Ruocco analizan el futuro de las diferentes plataformas digitales. Por Lucas González.

Acortando distancias y generando dependencia y ansiedad, las redes sociales formatearon la manera de relacionarse con el otro. Para bien o para mal, el impacto en la cultura popular moderna es innegable y transversal: no discrimina edad, sexo, raza o religión. Y aunque es difícil de cuantificar, el último The Global State of Digital, informe anual encomendado por la plataforma de gestión Hootsuite y la agencia creativa We Are Social, confirma que llegaron para quedarse, sobre todo si se tiene en cuenta que el 52% de la población mundial las utiliza.

Consultada por DEF, la periodista y divulgadora tech Julieta Schulkin sostiene que las redes no tienen fecha de vencimiento, y agrega que las tribus y las comunidades digitales en donde nos reunimos seguirán existiendo, aunque, es menester que tengan la capacidad de reinventarse: “Puede que dentro de cinco años compartamos otro tipo de contenido, donde el consumo de videos o juegos sea parte de esta plataforma”. En línea con lo que piensa la conductora de los podcast Las Promesas de Elon y Centennials, recientemente Spotify anunció un acuerdo con Instagram para que los usuarios puedan incorporar historias a sus perfiles.

Por todos los movimientos que se están dando y “por lo desaforados que somos con la tecnología”, Schulkin afirma que “atravesamos un momento histórico”. Se asume casi como a una “tecno-esperanzadora” y arriesga que la interacción entre los usuarios y las industrias se modificará. “Sin dejar de existir el contacto humano, puede que sea más común que la relación con un profesional de la medicina, por ejemplo, sea vía chat que en un consultorio”, pronostica.

El estudio de The Global State of Digital concluye que el 76% de los argentinos son usuarios activos, y que otro 69% las consume a través de dispositivos móviles. También, determina que el “tiempo promedio de uso es mayor en países latinoamericanos” y que al podio lo componen Brasil (3 horas, 34 minutos), Colombia (3 horas, 31 minutos) y Argentina (3 horas, 18 minutos).

Sin embargo, los usuarios activos crecieron tanto como los desertores en las redes. Por caso, Tim Cook, CEO de Apple, comentó públicamente no quiere a su sobrino cerca de ellas y otros, como el físico español José Ignacio Latorre, dan un paso más y se permite dudar sobre su permanencia en el tiempo. De hecho, en diálogo con la BBC, el académico fue tajante: “Ahora estamos deslumbrados por el hecho de poder tener un amigo donde sea y decirle en el acto lo que sea. Pero, poquito a poco, vamos a entender que tal vez no era una panacea, porque nos quitan tiempo para pensar, nos quitan la capacidad de reflexión”.

Además, el autor de Ética para máquinas (Ariel, 2019) sumó: “Los colegios más avanzados de Silicon Valley ya han prohibido todas las redes sociales y los teléfonos, porque hay una cierta reacción por parte de muchas personas que se han percatado de que hay una mejora tan solo aparente de nuestra libertad. Se produce exactamente lo contrario: aparecen las fake news, la desinformación, la manipulación”.

En consonancia con Latorre, un trabajo de Hill Holiday y Origin reveló que en 2018 el 91% de los usuarios estadounidenses de entre 18 y 24 años es activo en las redes pero, que sólo el 51% entra de manera habitual o frecuente. Entre los 1000 encuestados, el 34% reconoció que se está alejando, mientras que otro 64% respondió que considera tomarse un descanso temporal. Paralelamente, un reporte de eMarketer indicó que Facebook perdió aproximadamente 2,8 millones de usuarios menores de 25 años en 2017, y al alrededor de 2,1 millones en 2018.

Schulkin, De Toma y Ruocco tienen diferentes miradas, aunque, mantienen un importante punto de contacto: el uso responsable de las redes. Foto: Fernando Calzada.

Sebastián de Toma, periodista especializado en tecnología, se permite tomar distancia de este futuro sin redes y asegura que “sería muy grandilocuente y arriesgado” afirmar algo así. No obstante, añade que no está dicha la última palabra en torno a la cuestión y estima que sufrirán algún tipo cambio de cara al futuro. “No sé cómo ni en qué pueden evolucionar, pero hace poco años tampoco me hubiera podido imaginar algo como Instagram”.

Sin certezas, con algunos indicios y varias dudas, De Toma opina que el mundo está yendo hacia una dirección en la que ciertos consensos generales ya establecidos hace tiempo comienzan a perder relevancia frente a hechos personales y aislados. Para completar la idea, y citando como ejemplo a las discusiones en materia de salud pública, el periodista menciona que “un montón de personas que creen que lo que les ocurre es más importante que lo públicamente ya establecido por académicos” y que es ahí donde radica el conflicto con la amplificación de algunos debates que se creían extintos, como los propuestos por los terraplanistas o los antivacunas.

Debates, riesgos y desafíos

El discurso de Jaron Lanier, pionero de Internet y de la realidad virtual, coincide parcialmente con De Toma. De acuerdo al tecnólogo que en 2018 publicó Diez razones para borrar tus redes sociales de inmediato, no hay que darse de baja de ellas en forma inmediata sino que se las deben dejar aunque sea, una temporada para que ellos nos puede ser una forma de saber cómo nos están perjudicando y de darnos cuenta de lo que podrían ofrecernos”, sino rebelarse contra el modelo de negocio sobre el cual están montadas: la adicción y la manipulación, la explotación económica de las miserias.

Enzo Scargiali es Licenciado en Sociología y ante la pregunta de este medio esgrime un planteo similar al de Lanier, ya que solo a través de un mejor manejo y acceso a las redes vamos a ser parte del cambio cultural que el presente y futuro requieren: “Sociedades más democráticas, integradas, respetuosas, con prácticas saludables y ejercicio pleno de nuestros derechos. En ello, las redes sociales tienen un rol fundamental”.

En ese sentido, pueden ser herramientas de control social, “quitándonos la posibilidad de reflexionar y de ocultarnos información relevante para la toma de decisiones de los y las ciudadanas. O también, ser una vía para la democratización y equidad en el acceso a la información, educación y generación y difusión de contenidos democratizantes”.

A diferencia de sus colegas Juan Ruocco, creador y editor de Velociraptors, revista que linkea divulgación científica con cultura pop, sostiene que “en algún un punto” las redes tienen los días contados y usa como analogía lo que que ocurrió con la fiebre del oro en donde “hubo un momento en el que se lo descubrió y todos estaban en esa” pero, aclara: “Ahora hay diez millones de redes sociales, y todo el tiempo sale alguna nueva”.

“Me encantaría que mueran los servicios centrales, o que se vuelvan casi marginales. Que sólo existan pequeñas redes, todas muy chiquitas. Secretas, súper encriptadas. La información queda ahí, la lees y listo, no está más. Un contenido mega efímero. Lo usas para pasarte datos y a la mierda. Obviamente, todo mezclado con realidad virtual”, dice el autor de Autopista al espacio animándose a ir todavía un poco más allá.

Sea superficial –nombre, estética, contenido– o profundo –filosofía y ética–, las redes sociales vivirán un cambio en un futuro no muy lejano. Parece inevitable y por sobre toda las cosas necesario para interactuar con las audiencias del mañana. Es inevitable: lo que no muta, muere. O en este caso, pierde seguidores.