Acerca del desafío, pero también de las posibilidades que genera esta situación de emergencia sanitaria que nos obliga al aislamiento, conversamos con Melina Furman, profesora de la Universidad de San Andrés, doctora en Educación e investigadora del Conicet.

A fin de frenar la pandemia de Covid-19, una de las primeras medidas tomadas por el gobierno fue la suspensión de las clases en todos los niveles, determinación que colocó a la educación frente a frente con su propia realidad. Desde hace décadas nos planteamos las deficiencias del sistema, la necesidad de implementar cambios en el proceso de enseñanza-aprendizaje, la escasa formación profesional de los docentes en el ámbito de las nuevas tecnologías, la falta de motivación de los alumnos, entre otra interminable lista de acciones orientadas a repensar la educación. De golpe, y en medio de una pandemia, la comunidad educativa se vio inmersa en un cambio obligado que debe transitar, tratando de aprender las lecciones que va dejando en su camino.

– ¿Cuáles son las principales falencias que quedaron expuestas en este escenario?

-La gran dificultad con la que se están encontrando las instituciones —que, con escasa preparación previa, debieron suplir las clases presenciales, pero seguir enseñando— es la organización institucional. Me refiero a la articulación entre los equipos docentes, a poder ponerse en los zapatos de los estudiantes que reciben una diversidad enorme de tareas, a las demandas de parte de los docentes quienes, con la intención de acompañarlos en este proceso, están dando una importante cantidad de actividades a los alumnos. En este contexto, es fundamental una organización institucional que tome las riendas y dé directivas concretas porque sin ella, se convierte en algo muy difícil para todos. La sobre exigencia la sufren tanto las familias que acompañan las tareas escolares de los chicos como los docentes que están viviendo su propio período de adaptación. Ellos están aprendiendo a manejarse en la no presencialidad, modalidad muy demandante, en especial en la tarea de devolución de actividades, sumado a que tienen sus propias vidas familiares que atender. En este escenario, es clave la organización, tanto en el envío de tareas de parte del docente como en la claridad de la comunicación con la familia en cuanto a tiempos, prioridades, importancia de los contenidos a la hora de decidir las tareas para evitar sobrecargar de estímulos a los chicos. Y en este camino, estamos aprendiendo en comunidad.

-De todos estos recursos y modalidades pedagógicas, ¿considera que alguno llegó para quedarse?

-Creo que sí. En especial, la adopción de nuevas tecnologías digitales por parte de los docentes de todos los niveles es una de las cosas que llegó para quedarse, porque la realidad que estamos viviendo nos obligó, a los que enseñamos, a ponernos aceleradamente en modo aprendiz. Hay muchos elementos que ya estaban disponibles: recursos digitalizados como videos, libros en línea, plataformas de educación a distancia, videollamadas, entre otras estrategias que permiten enseñar de manera remota, pero la mayoría no había tenido la necesidad de utilizar. La buena noticia es que, una vez ensayadas, probablemente las sumemos a nuestra caja de herramientas y adoptemos nuevas maneras de enseñar y aprender. Se trata de encontrarle el gustito a la exploración de nuevos recursos y, definitivamente, creo que lo que llegó para quedarse es el enriquecimiento de las maneras de enseñar. Aunque es cierto que ésta incorporación no garantiza que las clases sean mejores, sí asegura que los docentes exploremos nuevas estrategias.

Más allá de las dificultades, según Furman, es sumamente positivo todo lo que está relacionado a las herramientas y a las distintas maneras de hacer las cosas que estamos ensayando. Foto: Archivo DEF.

-Siempre hablamos del derecho de todos a la educación. Sin embargo, en este momento queda más claro que nunca la disparidad de herramientas y habilidades que tienen los chicos. ¿Hay alguna posibilidad de minimizar estas desigualdades?

-Es un tema central en este momento. Es enorme la cantidad de familias que carecen de conectividad, de dispositivos o de un espacio donde los chicos puedan trabajar, entre otras dificultades que llevan a que el acceso a las actividades que manda la escuela sea difícil o inexistente. El Estado, tanto a nivel nacional como provincial, está haciendo mucho a través de los medios (Paka Paka y canal Encuentro, incluso se reparten cuadernillos impresos en los supermercados de todo el país con actividades que están también en línea). Sin embargo, es indudable que hay enormes desigualdades de origen, lo que en educación se denomina “efecto cuna”, que la escuela física de algún modo nivela. Todo queda a la vista en esta circunstancia porque las condiciones propias de cada familia desnudan la desigualdad: chicos que deben hacer tareas de cuidado en su casa, los que no tienen a quien preguntar sus dudas o quienes carecen de un espacio mínimo. En este contexto, se destaca con claridad el esfuerzo de las escuelas y los docentes para, con las herramientas a mano, garantizar la continuidad pedagógica.

-Hace muchos años que estamos viendo un progresivo desprestigio del rol docente. ¿Este escenario ayudará a revalorizar la profesión?

-Sin dudas, la cuarentena está logrando que se ponga en perspectiva y valor la función de los docentes y de escuela como un espacio que garantiza la igualdad de oportunidades. Es el lugar donde, por un rato, quedan abolidas las diferencias y el foco está puesto en que todos los chicos se sientan protegidos y abocados a aprender. En cuanto a los docentes, creo que las familias nos dimos cuenta de lo complejo que es ser un buen maestro y de cuánto los necesitamos.

-Mucho se habla de la posibilidad de transformar esta vivencia excepcional en una oportunidad. ¿Puede aplicarse este concepto a la educación?

-Creo que el hecho de poder acompañar a los chicos en las tareas escolares nos permite a las familias redescubrirnos como aprendices, como estudiantes, y también nos da la chance de ayudarlos a construir sus primeras herramientas, sobre todo a los más pequeños. Es lo que llamamos desarrollar “el oficio de alumno”: aprender a organizarse desde las tareas hasta los útiles, a poner foco, a buscar información cuando no entienden algo. En la medida en que los padres podamos hacerlo, estoy segura de que es una oportunidad enorme a la que se suma la posibilidad de seguir aprendiendo con ellos, tomando como punto de partida las tareas que da la escuela, pero también los juegos, las lecturas y las actividades que hagamos en casa. Lo estoy viviendo en carne propia con mis hijos. El otro día, por ejemplo, gracias a un cuento que les dieron para leer descubrí un autor que no conocía y juntos buscamos información y leímos otros textos. Uno de ellos transcurría en el monte chaqueño y aprovechamos para explorar cómo era ese ambiente, qué animales y plantas vivían ahí, y pensar si nos gustaría ir a conocerlo alguna vez. En síntesis, creo que es una hermosa excusa para aprender juntos.

– ¿Hay alguna idea aproximada acerca de cómo retomar la escolaridad presencial?

-No está claro cómo se sale de esto. Estamos atentos a lo que ocurre en otros países que, aunque tienen condiciones diferentes a las nuestras, están dando sus primeros pasos de regreso a la escuela. Hay diversas variables en estudio: desde que las clases sean más reducidas y los horarios escalonados hasta que comiencen solo algunos años (por ejemplo, el último grado de primario y secundario de modo que puedan cerrar su ciclo). En Noruega, donde están volviendo a clase, decidieron comenzar con los más chiquitos; en Argentina, al igual que en otros países como Francia o China, por el contrario, se está evaluando empezar con los mayores. Otra incógnita es qué hacer con los recreos. Si bien no hay nada decidido y se habla que de que no habrá vuelta a clase hasta mediados de año, está claro que las cosas no van a ser las mismas. Habrá que analizar cómo recuperar aprendizajes y contenidos, priorizando lo esencial para no perderlo con el tiempo disponible.

-Por último, ¿cuál es su visión global?

-Hay dos aspectos. En cuanto a los chicos, me resulta muy preocupante que se extienda la cuarentena porque creo que cuanto más tiempo pase sin que vuelvan a la escuela presencial, las desigualdades van a profundizarse.

Y en lo referido a los educadores, como hablamos antes, más allá de las dificultades que están todos atravesando en estos días y de lo difícil que resulta adaptarse a un nuevo contexto a distancia, hay un hecho sumamente positivo que es el relacionado a las herramientas y las distintas maneras de hacer las cosas que estamos ensayando. Vivimos una capacitación docente forzada y global que obliga a repensar lo que hacíamos. Si bien muchos temas -la revisión de contenidos, la elaboración de proyectos más relacionados con la vida real o cómo captar el interés de los alumnos- ya estaban presentes en la mesa de discusión, hoy comienzan a ser parte de la conversación pedagógica de la escuela real.

 

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Susana Rigoz
Profesora en Letras (UBA) y periodista. Especialista en Medio Ambiente y temas antárticos. Fue conductora del programa Más allá del Sur, emitido por Radio Nacional, dedicado a la Antártida. Publicó varios libros, entre ellos, Hernán Pujato, el conquistador del desierto blanco.