En diálogo con Luis Rosales, el ex embajador argentino en EE.UU. analiza los desafíos de Barack Obama. La influencia de las minorías, la agenda progresista, el control de armas y las razones por las que, finalmente, todos los caminos conducirán a China.

LUIS ROSALES: En noviembre pasado, Barack Obama ganó la reelección, pero lo que quedó expuesto es la gran paridad política en la que vive hoy EE. UU.

DIEGO GUELAR: Sí, la característica es la paridad. Cuando hablamos de un resultado electoral estrecho con una diferencia de aproximadamente un punto, que en términos electorales fue lo que pasó, estamos ante la ratificación del único sistema bipartidario que hoy existe en el mundo. Un sistema que está vigente y activo, que se basa justamente en la paridad. Es inimaginable que el Partido Demócrata o Republicano puedan vencer con el 60 por ciento de los votos, por ejemplo. Sería una crisis del sistema. Entonces lo que vemos es una paridad aunque, en este caso, muy especial por el peso que tuvieron en la elección las dos primeras minorías, la afroamericana y la latina, que hoy constituyen un 25 por ciento del electorado. En un sistema en donde se gana por 1 o 2 por ciento, que esas minorías mayoritariamente hayan votado a Obama le da una característica muy especial a este resultado. No es casual que el presidente haya tomado como banderas muy importantes algunas causas sectoriales, como la reforma migratoria. Otra minoría es la comunidad homosexual, cuyo voto a favor de Obama fue en un porcentaje muy alto. Por otra parte, estas consignas sectoriales que promueve el presidente están tomando en cuenta que el Partido Republicano se encuentra de alguna manera rehén del Tea Party. Es decir, muy corrido a la derecha, y esto le da a Obama una gran oportunidad. Entonces aparece el Partido Demócrata como el representante de las grandes minorías.

LR: ¿Este cambio en los EE. UU. es permanente o coyuntural? ¿Los republicanos podrán reconciliarse con las minorías?

DG: Lo van a tener que hacer.

LR: Porque los republicanos hoy están representando al EE. UU. que está en retirada, al país del pasado que se va achicando.

DG: Sí, pero a la vez recordemos que un presidente tan controvertido como George W. Bush fue muy exitoso en sus elecciones respecto al voto de las minorías afroamericanas y latinas.

LR: O sea, un populismo de derecha podría reconciliar a los republicanos con minorías clave.

DG: La tendencia en los EE. UU. es clara: cuando un partido se aleja del centro, pierde. En el caso de los demócratas, si va para la izquierda, que es lo que se llama “liberal”. Los republicanos pierden cuando se corren a la derecha. Obama es claramente un hombre de centro. Si yo tuviera que hacer una apuesta a la próxima elección, diría que es muy probable que un latino (o una latina) integren la fórmula presidencial de ambos partidos. La presencia de la minoría latina es un hecho político irreversible y creciente.

LR: ¿Quiénes son los latinos en EE. UU.? Porque dentro de la visión republicana se entiende por “latinos” a los cubano-americanos, que son una minoría muy particular.

DG: En un 90 por ciento, los latinos son los mexicanos. Después hay minorías más pequeñas pero que tienen su influencia como los cubanos, los puertorriqueños y los salvadoreños, que son muy reconocidos como una comunidad de élite. Estas minorías son importantes en peso pero en términos de números, los latinos son mexicanos.

LR: Veo que nos pasa muy de lejos a los argentinos la “hispanización” de la política norteamericana. No tenemos ningún poder de lobby a favor de intereses de nuestro país.

DG: Creo que la historia de América del Norte, Central y del Sur ha sido totalmente modificada. Hoy tenemos una realidad norteamericana de Alaska a Panamá, donde el peso latino es cada vez más fuerte, y una nueva historia sudamericana, de Colombia hasta el Sur.  Son dos procesos que van en simultáneo. Por un lado, la latinización ítalo-mexicana de la política norteamericana (que incluye a los italianos, una minoría latina que todavía no ha generado un candidato presidencial con chances. Quizá por la influencia de la mafia los italianos no llegaron) y por el otro, un proceso de sudamericanización, con Brasil a la cabeza. Dos procesos que tienden a constituir desde una nueva perspectiva el sueño del hemisferio occidental en un nuevo esquema de integración que no es el del ALCA. Es decir, ya no va a ser por el dato comercial, sino que viene mucho mas por el dato cultural, étnico.

LR: Dos polos que se unirían a través del canal de Panamá.

DG: Dos polos que, en principio, no son conflictivos. Hoy, el principio de la unión sudamericana no se da por enfrentamiento con los EE. UU., al margen de la impronta chavista que no tiene futuro. Lo que quedará es la necesidad operativa e histórica de la unidad sudamericana para tratar en bloque con EE. UU., con Europa y con China, que es otro gran desafío.

LR: ¿Qué viene en EE. UU.? ¿Una presidencia testimonial de Obama? ¿El bronce?

DG: Como siempre ocurre, en las segundas presidencias los mandatarios tienen una visión más histórica que reeleccionista. En este caso, a Obama le toca una presidencia que tiene mucho de bipartidaria, tiene una de las cámaras legislativas bajo control del partido opositor. Es decir, en términos operativos necesitará un perfil mucho más bipartidario. Será además un gobierno de centro con el matiz de dos cuestiones minoritarias que Obama pretenderá que queden como sello de gestión, que son la reforma migratoria y la igualdad total para la comunidad homosexual. Estos datos lo insertan a Obama en una agenda conservadora de centro en lo económico y muy bipartidaria en lo político, pero con este hecho progresista.

LR: El tema de la igualdad de la comunidad gay es muy relevante para Obama.

DG: Bueno, lo ha marcado como un objetivo central. Es un tema de gran volumen. Voy a dejar un dato polémico en números: la mitad de los hombres y las mujeres en el mundo, por pertenencia o simpatía, están muy tocados por el tema de la igualdad de derechos de la comunidad homosexual. Esto lo veremos muy fuertemente expresado en EE. UU. y, por extensión, en todo el mundo. La decisión de Obama garantiza que este tema estará en la agenda durante estos cuatro años. Los presidentes saben que están haciendo historia y quieren dejar su legado.

LR: También será importante el tema del control de armas.

DG: Muy importante. Ahí creo que Obama planteará una dualidad entre el respeto a la Segunda Enmienda de la Constitución (NdR: se trata de la enmienda constitucional  referida al derecho a la portación de armas de fuego), preservando su fundamento constitucional y filosófico, es decir, el hecho de que un pueblo “en armas” no puede ser sometido a un golpe de estado desde dentro o a cualquier intento de ocupación extranjera. Y, por otro lado, planteará nuevas regulaciones que tienen como objetivo restringir la posesión de rifles automáticos, granadas, etc. Es decir, la fundamentación histórica de la enmienda no perderá vigor y el propio Obama se ocupará de aclarar que no está pidiendo que se desarme el pueblo, pero sí avanzará con un cambio de reglamentación.

LR: Sobre esta cuestión, las realidades son muy diferentes entre los estados de las costas, siempre más progresistas, y el interior profundo norteamericano. La diferencia es casi insalvable.

DG: Estamos ante un debate que en EE. UU. siempre ha sido importante, y que desgraciadamente se irá alimentado de cualquiera de estos loquitos que aparecen y provocan matanzas en escuelas o lugares públicos. Esta es una patología que por el mismo dato mediático tiende a repetirse. No podemos pensar que en los próximos años, mientras se dé este debate, lamentablemente no habrá otros episodios. Y estos casos van a fortalecer la tendencia hacia el aumento de las reglamentaciones y controles.

LR: Otro tema interno muy fuerte es el debate sobre la legalización de las drogas. En la elección de noviembre pasado, los estados de Colorado y Oregon votaron a favor de la legalización del consumo de marihuana para uso recreativo. ¿Es una tendencia o una excepción?

DG: Creo que es una tendencia muy clara y lo vemos en las nuevas series de TV que se emiten en las cadenas norteamericanas. Hoy la tendencia marca que la gente fuma menos tabaco, entonces no ves gente fumando en las series de TV. Lo que se ve en las ficciones de TV, en cambio, es consumo de marihuana como algo absolutamente normalizado. E inclusive, y esto lo digo con mucha preocupación, veo una tendencia a la legalización de drogas como la cocaína.

LR: En este sentido, hace unos meses durante una visita que realizamos al Departamento de Estado en Washington D.C., se le planteó a un funcionario una consulta muy interesante. Le preguntaron: “De continuar esta tendencia de legalizaciones en diferentes estados (como Oregon y Colorado), ¿qué debería hacer el Estado federal respecto a la importación de drogas? ¿Qué debería hacer la DEA y todo el aparato represivo federal?”. El funcionario se quedó pensando y dijo: “Qué buena pregunta. La verdad es que… ¡no tengo respuesta para eso!”

DG: Claro, es que hoy no tienen respuesta para ese tipo de cosas. El sistema norteamericano tiene una característica muy interesante que es la de legalizar los debates. Los temas se instalan públicamente, aparecen figuras prominentes que empiezan a tomar partido, lo ves en la TV, en los diarios, hay libros, películas. Se genera una opinión pública fuerte. Creo que EE. UU. está en esta etapa ahora mismo. No creo que haya decisiones inmediatas porque toda la tendencia ha sido represiva con presupuestos muy importantes.

LR: Una tarea represiva que justifica todo ese aparato federal. Si cambia la visión, obviamente no tendría sentido ese esfuerzo represivo.

DG: Además, como todos sabemos, sobre estos temas hay mitos y realidades. Lo que nos  obliga a ser muy prudentes. Creo que es un mito pensar que la sola legalización resuelve el problema. Siempre se pone el ejemplo de que el fin de la Ley Seca resolvió el problema del tráfico de alcohol y puso límites al consumo. Esto no es así, porque lo que sucedió realmente es que el fin de la Ley Seca multiplicó brutalmente el consumo de alcohol. Una cosa era ir a buscar una botella de whisky a un garito clandestino y otra cosa es que las grandes empresas de distribución masiva entren a jugar y llenen los supermercados de alcohol. Es un absurdo pensar que hay una relación entre la legalización y el límite al consumo. La legalización también implica la multiplicación exponencial del producto en el mercado. Con la droga legalizada, por ejemplo, en lugar de haber un camello vendiendo en una esquina marginal, van a ser los grandes laboratorios multinacionales quienes llenarán de drogas farmacias y supermercados en todo el mundo, con gran marketing y publicidad. Comprar este argumento me parece absurdo y me llama la atención que lo hagan figuras muy importantes que operan en relación a la opinión pública. Al mismo tiempo, la legalización trae aparejado un nuevo esquema de precios en donde el precio final de la droga será mucho más alto porque por los impuestos que le sumarán. O sea, por un lado crecerá el mercado negro y el tráfico de drogas a precios más bajos y, por otro, los grandes laboratorios producirán y distribuirán masivamente las drogas. Lo que quiero decir con todo esto es que no existe una única solución, el tema tiene aspectos muy complicados que hay que analizar con muchísimo cuidado.

LR: ¿Quién hereda el “Obamismo”?

DG: Se abrirán internas en la segunda mitad del mandato de Obama, recién ahí veremos qué candidatos se perfilan. Hay una ya instalada en la opinión pública que es Hillary Clinton, pero justamente por su permanencia durante tanto tiempo yo le pondría un signo de interrogación. La tendencia en los dos partidos es que aparezcan figuras nuevas. Veremos dirigentes jóvenes, entendamos que son partidos de mucha vitalidad, incluso el Republicano una vez que logre salir de la trampa que le plantea el Tea Party. Aquel que encabece la reacción a eso dentro del partido, seguramente será quien ejerza el nuevo liderazgo republicano.

LR: Hemos hablado de la agenda interna, cierta ortodoxia en lo económico, perfil bipartidista en lo político, algo de progresismo en temas sociales. Por otro lado está el Obama global, el comandante en jefe, el Obama emperador.

DG: Creo que Obama, con muchísima delicadeza, ha ido borrando la imagen de emperador global de George W. Bush, porque el emperador no es viable. No tienen cómo sostener eso.

LR: Dicen los especialistas que EE. UU. solo puede sostener dos frentes de guerra.

DG: Hay una limitación humana, no pueden multiplicar marines. O sea, hay un dato que tiene que ver con la cantidad de personal. Si bien hoy la tecnología permite casi cualquier cosa, acá hay una limitación. Por lo tanto, la concepción de emperador global es absolutamente insostenible. Por otro lado, convengamos que China todavía no es un competidor tecnológico de EE. UU., es un ensamblador de tecnología pero aún no un generador. Esto llevará, como mucho, veinte años más. La realidad es que China, sin tirar un tiro, migró de ser un país marginal a ser una potencia económica mundial y competirá con EE. UU. sin haber tirado un tiro. Esto marca que lo militar, algo tan costoso para un Estado, ya no es tan decisivo.

LR: Estamos ante otro paradigma para llegar a ser.

DG: Yo recuerdo que, en los tiempos en los que era embajador en EE. UU., se discutían las dos posibilidades frente a China: ¿lo vemos como un aliado y amigo o como un enemigo estratégico? Es decir, volver a lo que en la Guerra Fría se llamaba el Muro de Bambú que era China. Ese debate ocurrió hace 15 años, y primó la idea de la alianza, y en eso el entonces presidente Bill Clinton fue muy importante. Afortunadamente se impuso esa vía, que canceló cualquier tensión militar posible, pero la competencia está. De todas maneras, la cooperación sigue vigente porque sería muy difícil que hoy EE. UU. intentase recorrer un camino de tensión creciente. Hoy la visión de aliado es muy difícil de desandar porque el 60 por ciento de las reservas chinas son bonos del Tesoro de EE. UU. Si el Banco Central chino empezara a vender masivamente bonos del Tesoro estadounidense, quiebra a EE. UU., pero también quiebra China. Por lo tanto, tenemos entre EE. UU. y China una perspectiva de paz duradera porque no hay intereses antagónicos militares.

LR: Muchos dicen que es difícil que China reemplace a EE. UU. en el liderazgo global por la falta de espíritu expansivo que tienen los chinos. Los países que ejercen la hegemonía cuentan con un aliento vital tendiente a exportar su visión y cultura al resto del mundo.  China, en dos mil años de imperio, ha demostrado lo contrario. Ha tenido un criterio más defensivo, enfocado únicamente en la civilización china y tanto es así que nunca invadieron países fuera de la órbita china. Desde ese punto de vista, la salida de China al mundo que vemos actualmente, en realidad, tiene el fin de buscar lo que la civilización necesita para mejorar la vida de sus habitantes, por ejemplo, energía, alimentos, minerales.

DG: Esto es cierto filosóficamente, pero también es cierto pragmáticamente que el mundo  va hacia China. Hoy, el mundo mira y va hacia China sin que los chinos salgan. Basta con ir a cualquier aeropuerto del mundo y ver cuántos vuelos van a Beijing o Shangai. Haciendo un paralelismo doméstico, China hoy es como fue en un momento la figura de Carlos “Lole” Reutemann para la política argentina. Lole no tenía ni jefe de prensa, no hacía campaña, no hacía nada, pero pudo haber sido presidente si decidía salir de su campo. Ahora, todo el mundo iba a su campo. Con China hoy pasa eso. La transformación en los últimos cinco años ha sido brutal. Si China hubiese salido al mundo con una actitud imperial, bueno, estaríamos hablando de otras cosas.

LR: Ya estaríamos todos hablando chino.

DG: Seguro. La realidad marca que existe una búsqueda desesperada del mundo de ir hacia  China y la respuesta ha sido extremadamente positiva, primero a través del comercio, y en los últimos años con grandes inversiones extranjeras en China. Todavía observamos el ciclo del comercio de aprovisionamiento a China (de petróleo, hierro, soja, etc.). Los chinos dicen que aún son un país “en vías de desarrollo”, es decir, todavía no hacen los microchips, solo los ensamblan. En los próximos años ese proceso será superado y veremos que las empresas chinas de primera línea saldrán a competir a nivel global con las firmas norteamericanas y europeas en el campo ligado a la tecnología. Esto es lo que viene.