La ONU recordó que 1100 millones de personas en el mundo carecen de instalaciones necesarias para abastecerse de agua potable y 2.400 millones no tienen acceso a sistemas de saneamiento, lo que incrementa sensiblemente el riesgo de enfermedades.

El Informe de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el Mundo, una iniciativa conjunta de 23 agencias de la ONU, evalúa los escenarios futuros vinculados al acceso de la población del planeta a este servicio esencial.


“A mediados del presente siglo, 7.000 millones de personas en 60 países sufrirán escasez de agua, en el peor de los casos, y en el mejor se tratará de 2.000 millones de personas en 48 países”, indica. Aunque se trata del elemento más frecuente en la Tierra, es importante recordar que solo el 2,53% del total es agua dulce y el resto es agua salada. Por otra parte, aproximadamente las dos terceras partes del agua dulce se encuentran inmovilizadas en glaciares y al abrigo de nieves perpetuas.


En lo que se refiere al factor humano y su impacto sobre el ambiente, la ONU alerta sobre la contaminación de los recursos de agua dulce. Al respecto, estima que la producción global de aguas residuales es de aproximadamente 1.500 km3. “Asumiendo que un litro de aguas residuales contamina 8 litros de agua dulce, la carga mundial de contaminación puede ascender actualmente a 12.000 km3”, indica. Los más afectados son los países de desarrollo, ya que -siempre según cifras de Naciones Unidas- un 50% de su población se encuentra expuesta a fuentes de agua contaminadas.


Por otra parte, el informe constata que las dolencias relacionadas con el agua son una de las causas más comunes de enfermedad y de muerte y afectan principalmente, también en este caso, a los países en desarrollo. Cabe señalar, siguiendo los datos brindados por el trabajo apenas publicado, que 1100 millones de personas -que habitan en su mayoría en África, Asia y, en menor medida, América Latina- carecen de instalaciones necesarias para abastecerse de agua y 2.400 millones no tienen acceso a sistemas de saneamiento, lo que incrementa los riesgos de enfermedades. La ONU estima que si se llevase a cabo un suministro de agua bien regulado de conducción universal por cañerías y un saneamiento completo,  la carga de las diarreas infecciosas se reduciría en alrededor de un 70% por año.


Otro foco del informe es el inevitable proceso de urbanización, que -según proyecta- llevará el porcentaje de población mundial que vive en las ciudades del actual 48% al 60% en el año 2030. En este contexto, la ONU considera fundamental una “buena gestión del agua” en los centros urbanos, “tarea compleja que requiere, por un lado, la gestión integrada de los suministros de agua tanto para necesidades domésticas como industriales, el control de la contaminación y el tratamiento de las aguas residuales, así como la gestión del caudal pluviométrico (incluyendo el agua de tormentas), la prevención de inundaciones y el uso sostenible de los recursos hídricos”.


Dos preocupaciones adiciones de Naciones Unidas son, por un lado, el uso eficiente del agua de riego, fundamental para asegurar el suministro de alimentos a una población mundial creciente; y, por el otro, una industria más limpia y respetuosa de las normas ambientales, lo que redundará en una menor contaminación de los recursos hídricos disponibles en el planeta.


En cuanto al agua destinada a actividades de riego, la meta es que su uso eficiente pase del 38% actual en todo el mundo al 42% en 203, gracias a los avances tecnológicos y a una mejor gestión. En lo que se refiere a la utilización global de agua por parte de la industria, se estima que se alcancen los 1.170 km3 en 2025, lo que representaría el 24% del consumo total de agua. Ese aumento previsto de la demanda industrial de agua solo podrá ser atendido -advierte el informe- “si se articulan dos elementos: una oferta correctamente analizada y una gestión racional de la demanda, tanto en el sector público como en el privado”.