La educación ciudadana, orientada a conscientizar sobre riesgos derivados de la exacerbación de eventos extremos, causados por el cambio ambiental global, ha mostrado fallas graves, derivadas del desconocimiento de los hechos geofísicos que los producen. Por Osvaldo Canziani

Regularmente, ocurridos los eventos graves, solo se procede a unos días de referencia repetitiva del riesgo corrido y los desastres ocurridos, sin adopción de medida precautoria alguna. No se toman recaudos para educar a la población, ni se diseñan normas y procedimientos que aseguren información adecuada y grados apropiados de adaptación a las nuevas condiciones del clima y la temperie. Ellas deberían estar acompañadas por medidas apropiadas sobre el buen uso del espacio y de estrategias de resiliencia que permitan un mejor manejo de los riesgos, en particular de los relacionados con el cambio climático.

Los medios de comunicación saturan el espacio con información excesiva; repetida una y mil veces, sin siquiera proveer información fehaciente sobre las causas de los eventos y sobre las medidas a adoptar en circunstancias análogas que, de acuerdo con evaluaciones científicas confiables, se volverán a repetir. No es cuestión de comenzar cada vez con la retahíla de quejas y  algunas explicaciones incompletas,  solo orientadas a llenar los espacios de sus transmisiones y publicaciones.

Desde hace décadas, a pesar de su nivel de previsibilidad, los eventos que se registran en el campo eléctrico terrestre no forman parte de las cuestiones que debieran constituir las rutinas de vigilancia ambiental a la que deben abocarse los niveles de decisión oficiales y privados. La razón es simple, vivimos en una sociedad en la que lo trivial se hace trascendente y nos lleva a olvidar situaciones y hechos que debieran ser conocidos, para poder reaccionar mejor ante sus efectos. Mucha información inútil y escasa divulgación de hechos importantes que, por desconocimiento, transforman un riesgo en desastre. Algo triste, sin dudas, cuando involucra vidas humanas.

Pocas son las personas que reconocen que vivimos en el fondo de un océano de aire que, como sabemos, es multifacético y presenta particularidades de interés general. De alguna manera, sabemos que su contaminación produce un gran número de problemas, incluso el calentamiento terrestre. Conocemos que algunos tipos de contaminación local son causa de enfermedades. Pocos son quienes  comprenden que las emisiones de la industria, el transporte y de diversas actividades humanas suelen aumentar la acidez de precipitaciones y deposiciones, como ocurre en los casos de rocío y escarcha, que afectan adversamente a los ecosistemas naturales y a la agricultura. Las partículas de hollín, materias finamente divididas y algunos elementos ácidos, como los óxidos de azufre y nitrógeno, son causa de la formación de nieblas. Estos son hechos que debieran integrar nuestro conocimiento sobre el entorno.

Algunos eventos, como los campos electromagnéticos que originan las líneas transmisoras de alta tensión y las radiaciones de alta intensidad y frecuencia, con las que recibimos las comunicaciones mediante nuestros celulares, son factores que, al modificar el estado natural del ambiente, también resultan contaminantes. La legislación de varios países las incluye como causas de contaminación del aire.

También conocemos situaciones en que, en ciertas condiciones de sequedad del aire, los cuerpos en movimiento adquieren cargas electrostáticas importantes. El frotamiento o fricción entre cuerpos secos produce cargas electrostáticas; ellas se ponen en evidencia, por ejemplo, cuando se observan chispas al peinarse el cabello, en situaciones de sequedad marcada. Más de uno ha percibido descargas eléctricas, suaves o no, al tomar contacto con otro cuerpo, humano o no. Ello ocurre por la descarga de la electricidad electrostática, que acumulamos, por ejemplo, marchando sobre una alfombra seca, particularmente si es de material sintético. Nadie se puede asombrar de que, en zonas secas, incluso sobre superficies con hielo, los conductores de vehículos tomen la precaución de usar conductores de descarga a tierra, para reducir la carga electrostática acumulada en sus vehículos, por la fricción de sus llantas con el suelo.

Desde el punto de vista médico, estas condiciones derivan del denominado “síndrome de la serotonina”, que es un transmisor que se encuentra en varias regiones del sistema nervioso central y está vinculado a los estados de ánimo. Malestares como las migrañas, náuseas, irritabilidad y aun edemas, congestión respiratoria y otros han sido vinculados con la acumulación de iones positivos en el cuerpo. Esta condición ocurre particularmente en un día previo a un cambio de la temperie.

Las reacciones personales poco placenteras han sido vinculadas a la abundancia de cargas positivas, mientras que las negativas están asociadas, generalmente, con estados de bienestar.

Vivimos inmersos en un mar de aire que posee diversas densidades de cargas eléctricas. También el cuerpo humano posee su propia carga. Nuestro confort depende de la manera como reaccionamos a las modificaciones de la densidad de cargas y al potencial eléctrico ambiental. Cuando la conductividad del medio en que nos encontramos se incrementa, también podemos sufrir los efectos de la corriente eléctrica que puede generarse, por ejemplo, en ocasión de una tormenta eléctrica.

Además, las masas de aire que nos rodean están sujetas a campos magnéticos variables. Lo sabemos, pues su permeabilidad magnética nos permite recibir las ondas de las estaciones de radio, televisión y sistemas de comunicaciones. Por otra parte, la ciencia ha demostrado, como fue observado durante la Segunda Guerra Mundial, que los sistemas de vigilancia costera fueron engañados, por así decirlo, por la influencia de la humedad absoluta del aire, elemento modificador de la trayectoria de las ondas de los radares de vigilancia. Influyendo sobre el alcance de esas ondas, confundieron, como ocurrió en más de una ocasión, a las observaciones con radar, sobre mares cálidos y elevada humedad absoluta –por ejemplo, el océano Índico- al mostrar flotas aproximándose, cuando en realidad navegaban lejos de las costas custodiadas.

Es por ello de suma importancia conocer los diversos problemas que generan los campos eléctricos y magnéticos que interactúan con el campo eléctrico propio de la Tierra. Estos, además de generar los campos electromagnéticos que permiten las comunicaciones internacionales, también producen diversos efectos sobre los seres vivos, que, de varias maneras, afectan a la seguridad física y psíquica de la población. Por otra parte, son la causa de meteoros eléctricos, como los relámpagos, rayos y sus truenos, auroras polares, fuegos de San Telmo y, a veces, deletéreas centellas globulares que, rodando por los suelos, originan desastres graves.

El conocimiento de estos fenómenos, sus causas y efectos, permitirá tanto el desarrollo de información útil para la población como un llamado a los tomadores de decisión, oficiales y privados, con el fin de que los estamentos responsables de la seguridad ambiental implementen medidas apropiadas, en los municipios, los medios de educación formal e informal, entre ellos las ONG, para iniciar la divulgación apropiada sobre medidas de alerta y seguridad, ante la exacerbación de estos fenómenos, debido al calentamiento terrestre, y adopten estrategias de resiliencia y adaptación.

El autor es integrante del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático de la ONU que recibió el Premio Nobel de la Paz en 2007. Físico y meteorólogo, fue el primer director de la Organización Meteorológica Mundial para América Latina y el Caribe.

2 COMENTARIOS

  1. Por fin has vuelto!!!!!!!! que ganas de vevolr a ver movimiento por la web.Un detalle poner making of CR que recuerdos ese vestuario, ese pabellf3n ahora cerrado mil gracias por dejarnos detalles de tu otro tu.Se os echare1 de menos.Un abrazo CRACK

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