La nanotecnología, una actividad que en los últimos años ha tenido un fuerte impulso desde el gobierno nacional, presentó sus avances en la bienal Nano Mercosur 2011 y en Tecnópolis. Hacia dónde va esta nueva rama de la ciencia.

La nanotecnología fue una de las apuestas fuertes que decidió realizar el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, a cargo de Lino Barañao, desde su creación en 2009. Según se pudo apreciar el pasado mes, la actividad sigue contando con el apoyo y la confianza del área. La nanotecnología argentina demostró gozar de buena salud de la mano de dos eventos de alta exposición: la bienal Nano Mercosur 2011 y el imponente stand dedicado a la actividad en la feria Tecnópolis. DEF estuvo presente en ambos escenarios para conocer los últimos desafíos de una de las disciplinas más novedosas de la ciencia.

NANOTECNOLOGÍA PARA TODOS

“Llegó el momento de mostrar cosas concretas en la sociedad para que vean el nivel científico que tenemos”, dijo a DEF el ingeniero Daniel Lupi, presidente de la Fundación Argentina de Nanotecnología (FAN), un organismo creado en 2005 para impulsar la producción nacional en esta materia. Una feria masiva y popular como Tecnópolis representó una excelente oportunidad para la FAN en su afán por vincular el mundo científico con las empresas y la sociedad. “Por su naturaleza -explicó Lupi-, la nanotecnología es muy difícil de definir. Se trabaja con átomos y moléculas, en dimensiones extremadamente pequeñas, entonces para el ciudadano normal hay pocas pruebas de su existencia”.

A pesar de la primera impresión, la nanotecnología está presente en muchos más procesos de los que en general se piensa. Los técnicos coinciden en que se trata de una tecnología pervasiva, en el sentido de que está presente en prácticamente en todos los últimos avances de la ciencia. De esta forma, se puede encontrar nanotecnología en los más diversos ámbitos: materiales para microchips, telas que repelen insectos, filtros para agua con nanoarcillas que atrapan las partículas de arsénico y drogas que llegan exactamente al foco de una enfermedad sin dañar el resto del organismo, entre tantas otras aplicaciones.

Según el personal del predio instalado en Tecnópolis, el espacio de nanotecnología llegó a ser visitado por 6000 personas en un día durante la primera etapa de la muestra. Allí se proyecta un video de introducción a las nanociencias y en un salón contiguo se puede acceder a juegos interactivos pensados para que los más chicos apliquen lo que aprendieron sobre la temática. Uno de los juegos replica de forma lúdica un desarrollo que se está llevando a cabo en el país: el participante debe hacer coincidir diferentes nanocomponentes para armar un filtro para purificar agua. Otros, en cambio, tienen que ver con la medicina o con la informática.
Uniendo intereses

¿Por qué es importante que cada vez más gente conozca las bondades de la nanotecnología? La decisión ministerial para el desarrollo de la nanotecnología en Argentina no es solo hacer trabajo teórico en torno al tema, sino impulsar la elaboración de productos de valor agregado basados en esta tecnología. Ese es el objetivo que persigue la FAN, pasar del trabajo de investigación teórico al producto. Por ello es de suma importancia lograr que los científicos piensen sus investigaciones como algo potencialmente comercializable y acercar a las cámaras empresariales a que se animen a invertir en un mundo que les es ajeno.

“Es realmente difícil, los lenguajes son distintos”, dijo Lupi al respecto, quien desde la FAN está organizando una serie de eventos llamados Encuentros de Nanotecnología para la Industria y la Sociedad, en los cuales investigadores visitan cámaras empresariales para darles una charla introductoria al tema. “Pero nos damos cuenta de que aun bajando mucho el nivel, es muy difícil que se entienda”, dijo el ingeniero demostrando el trabajo que queda por delante.

En cuanto al otro extremo de los interesados, los investigadores, Lupi señaló que desde que inició su gestión hace dos años ha notado que “realmente se han dado cuenta de que es necesario el esfuerzo adicional de tratar de que sus conocimientos se conviertan en un producto. Se ha generado una conciencia muy interesante acerca de que aquello que algunos llaman ‘buena ciencia’ también debería servir para crear algún tipo de producto para que la sociedad lo siga valorando”.
Invertir es la cuestión

Lupi aseguró a DEF que la FAN vino a solucionar un problema que no cubría ninguna otra agencia. La Fundación que él preside ha reorientado sus tareas y ha evolucionado a un sistema que denominan “presemilla”, mediante el cual, en vez de darles montos importantes que requieran una exigencia imposible en cuanto a respaldo y nivel de ciencia, se apunta a cosas más chiquitas y de corto plazo.

“Acá no damos créditos, ni subsidios -enfatizó Lupi-. Lo que hacemos es invertir; es decir, viene un investigador de una universidad o de un instituto y si convence a nuestro Consejo de Administración, se le otorga la plata, pero se le otorga a muy corto plazo, no con los tiempos que llevan un préstamo o un subsidio a largo plazo”. De esta forma, en dos meses el investigador ya cuenta con el dinero (20.000 dólares) y se le asigna una persona para que lo asesore en su plan de negocios y en la búsqueda de socios e inversores externos para que se transforme en una industria.

La FAN apunta a un mínimo de veinte proyectos, sabiendo que estadísticamente en el mundo los proyectos tienen un alto índice de falla. “No es lo mismo un paper que un aparato -explicó el ingeniero-. El paper que dice que algo no anda, sigue siendo un paper. El aparato que no funciona, no sirve para nada. Por eso, esto es una inversión de riesgo”. El objetivo de la FAN es llegar a una instancia final con cuatro o cinco proyectos, lo que los colocaría en una posición superior al promedio mundial. “A esos cuatro o cinco los vamos a seguir apoyando o, tal vez, ya les conseguimos el empresario para las etapas de postproducción”, señaló Lupi.

Al momento del cierre de esta edición, se iba a abrir la licitación para la construcción del edificio para la Nanofab (por nanotecnología y fabricación) en el predio próximo a la Universidad de San Martín, en el conurbano bonaerense. Allí se alojarán maquinarias y prototipos o series pilotos de aquellos proyectos seleccionados. Los equipos comprados luego quedarán en la Nanofab para que puedan ser utilizados por otros desarrolladores. “Si todo va bien, esperamos tener el edificio en un año”, aseguró Lupi.