El gobierno bonaerense impulsa en la Legislatura de la provincia un proyecto de ley para implementar una nueva forma de administrar la provincia: las regiones. DEF dialogó con el presidente del Grupo Banco Provincia sobre los orígenes y pormenores del plan y sus implicancias para el distrito y para el país.

Lo plantea como “el cambio más profundo que se ha producido en la provincia de Buenos Aires desde que fue fundada”. Santiago Montoya, presidente del grupo Banco Provincia, se refiere al Plan de Regionalización que está proponiendo el gobierno de Daniel Scioli para su distrito, una iniciativa que ya está materializada en un proyecto de ley que se encuentra bajo discusión en tres comisiones de la Legislatura provincial.

En efecto, no parece ser una propuesta más. Montoya, a lo largo de la entrevista con DEF, argumenta, repite e insiste -en plan didáctico- para no dejar dudas sobre el sentido profundo de la política que pretende llevar a cabo. “Es un cambio de paradigma en el Estado provincial, no una reforma del Estado”, aclara en varias oportunidades.

Según consta en el mensaje de elevación del proyecto de ley, se define a la región “como un ámbito de competencia territorial asignado a una autoridad provincial”. Dicha autoridad tendrá asiento en la región y estará a cargo de la ejecución de planes y programas determinados por las políticas provinciales. El mismo mensaje también deja constancia de que no se vulnerará la unidad política provincial ya que “no constituye una división política distinta de las existentes”.

“Es un proyecto complejo y solo sirve si se alcanzan los consensos. Si es de prepo, no sirve”, aclara el funcionario abriendo el juego.

-¿Cuál es la esencia del Plan?

-Es un cambio de paradigma en el Estado provincial y un cambio de modelo político institucional en la provincia. Esto no está en la dimensión de una reforma del Estado. Después de más de 100 años, lo que se plantea es que la provincia ha quedado atrapada, después de haber cumplido un papel destacado en la organización nacional y en la afirmación de todo el cono sur.

-¿Por qué remontarse a los orígenes de la provincia?

-Porque desde comienzos del siglo XIX se definió un modelo muy fuerte centralizado en lo político-institucional. Hubo luchas internas en las que prevaleció Juan Manuel de Rosas, quien hizo fuerte a la provincia. Tenía la visión de una provincia que pisara fuerte en el contexto regional. Aquellos que pugnaban por un federalismo más importante, principalmente liderados por Dorrego, perdieron. Es decir, hubo una afirmación del centralismo político institucional que fue importante y que no se puede dejar de tener en cuenta como un elemento trascendente para la afirmación nacional y para la joven argentina que recién surgía. Pero, indudablemente, responde a un modelo de primera parte del siglo XIX.

-¿Cómo repercute esa primera organización en los problemas que hoy enfrenta la provincia?

-Apareció un fenómeno de concentración de desarrollo con su contracara de concentración urbana que no existía cuando la provincia de Buenos Aires fue diseñada. Tenemos un modelo institucional que fue diseñado para otra realidad que no era la actual. El censo nacional de población de 1869 indica que el interior de la provincia de Buenos Aires constituía el 14% de la población argentina. Desde entonces mantiene el mismo porcentaje de participación (salvo un breve período de crecimiento a principios del siglo XX), mientras que los partidos del Gran Buenos Aires han crecido hasta representar casi un 25% de la población nacional (sin contar la Ciudad Autónoma de Buenos Aires).

-Es una gran concentración de personas.

-Es la más intensa de Sudamérica y del mundo. Muchos se quedan con que San Pablo o el Distrito Federal de México son más grandes en cantidad de habitantes que la provincia de Buenos Aires, pero se olvidan de que en un país de 200 millones de habitantes, tener 30 millones no es tan grave. Ahora, en un país de 45 millones de habitantes, tener 15 en el área metropolitana es la concentración más grave que existe en el planeta.

-¿Cuál es el origen de tal concentración?

-Surge a mediados del siglo XX, con el proceso de industrialización a consecuencia del gobierno de Perón. Evidentemente ese proceso de desarrollo industrial de la Argentina basado en el cinturón industrial del gran Buenos Aires acentuó la concentración poblacional. Esto no fue un problema al comienzo, sino que surgió después del gobierno de Frondizi, cuando la Argentina se queda sin planes estratégicos.

UNA ESPIRAL DE PROBLEMAS

Para dar real dimensión de lo que representa una provincia como Buenos Aires, Santiago Montoya compara la superficie territorial de la provincia con otros Estados: tiene el mismo territorio que la República Federal de Alemania, que hoy es la cuarta economía mundial; es similar a Italia, la séptima economía; y tiene más de dos tercios de la Francia continental. En el plano nacional, es 13 veces la provincia de Tucumán y casi dos la provincia de Córdoba. “Lo que claramente nos ha hecho crisis -dice el titular del Grupo Banco Provincia- es que nosotros diseñamos una provincia que no tenía estas desigualdades de desarrollo socioeconómico, y que tampoco tenía el actual tamaño, porque cuando nació la provincia, llegaba hasta Chascomús. Además, hoy en día tiene una diversidad productiva importante que hace 180 años no existía”.

-¿Cómo se expresa ese problema?

-Entendemos que hace tiempo se ha instalado un círculo vicioso en Buenos Aires, donde hay un modelo político fuertemente centralizado en lo político institucional, que realmente data de hace más de 150 años, y que con el tiempo y las políticas nacionales que mencioné empezó a coexistir con una concentración poblacional.

-¿Por qué lo describe como algo circular?

-Porque se ha ido dando período tras período. Los datos de los últimos cuatro censos nacionales de población muestran que el interior de la provincia de Buenos Aires se despobló y se concentró en el conurbano. Eso demuestra que a pesar de todo lo que dicen los tontos, no son los paraguayos ni los santiagueños los que generaron esto, el propio interior de la provincia de Buenos Aires viene migrando hace 60 años hacia el conurbano.

-¿Cómo combate esto la regionalización?

-La regionalización busca un plan de desarrollo económico y productivo que respete el plan cultural de las regiones. Es un plan de desarrollo, no una reforma del Estado. Lo que busca es quebrar el círculo vicioso que tenemos acá. Porque, ¿qué pasa? Hay un modelo centralizado, se concentró la población, aparecen los flagelos sociales de la concentración, las políticas públicas son menos eficaces y se condicionan por las corporaciones que pululan alrededor del Estado central, el desarrollo del territorio es más desigual y el desarrollo del hacinamiento genera contaminación, se genera exclusión social, y terminamos en inseguridad. Es importante interpretar esto a la luz de estas décadas.

UNA PROVINCIA INFLUYENTE

Santiago Montoya remarca que cuando este esquema “se mantiene durante generaciones y no hay acceso al empleo como pasó a fines del 80 por la crisis económica y a principios del 90 por las características del modelo”, se deteriora el tejido social. “Hoy tenemos una enfermedad similar a las que diezmaban las grandes poblaciones de Europa hace 500 años: son las enfermedades de la contaminación, del hacinamiento. Las consecuencias son sociales”.

El presidente del Grupo Banco Provincia ofrece otras razones por las que vale la pena pensar en un plan como el de la regionalización: “Acá las consecuencias macroeconómicas de las políticas nacionales repercuten en la provincia de Buenos Aires, pero no nos olvidemos de que esta provincia ha condicionado y ha sido una amenaza para la gobernabilidad de la Argentina durante muchísimo tiempo, y si no miremos lo que pasó en diciembre de 2001”, afirma categórico.

-¿Cómo se explica esa influencia?

-Cuando usted representa casi el 40% de una realidad, deja de ser un tomador de las políticas nacionales, usted también pasa a ser un factor clave del éxito o el fracaso de esas políticas. Cuando la provincia de Buenos Aires trastabilló, se llevó puesta a la Nación. Tenemos que hacer un análisis dinámico: la provincia no solo debe pedir ayuda a la Nación, sino que tiene que mirar hacia adentro y ver qué se puede hacer para que este país funcione mejor.

-¿Qué se puede hacer entonces?

-La provincia de Buenos Aires necesita una política de desarrollo, no solo de crecimiento. Pero como el crecimiento económico y productivo y los niveles de empleo son una plataforma básica, este es el momento para producir el gran cambio.

-¿Qué áreas involucra este cambio?

-No involucra áreas. Este cambio es mucho más profundo. Para salir del círculo vicioso fuertemente centralizado hay que romperlo y cambiarlo por un círculo virtuoso. Entonces, acá hay un nuevo modelo de liderazgo político con alcance y enfocado a la gente. Este modelo político está dispuesto a acercar el Estado a la gente. Es un slogan político, pero pongámosle el contenido que es desconcentrar el Estado provincial a través de las regiones, lo que implica transferir competencias a los municipios. Además, se distinguirá la región metropolitana, porque este plan prepara la provincia de Buenos Aires para administrar la provincia que hoy es.

EL ÁREA METROPOLITANA DE BUENOS AIRES

-¿Cuál es la previsión para el conurbano bonaerense?

-Esa tremenda área metropolitana concentrada hay que gestionarla junto con la Nación, la Ciudad de Buenos Aires y los distritos del conurbano, que son municipios autónomos. Allí se debe generar una región metropolitana y coordinar las políticas de transporte, seguridad, saneamiento ambiental y salud. Estas cuatro por lo menos, como en París, Barcelona o todas las grandes capitales del mundo, que son multijurisdiccionales y coordinan sin embargo las políticas básicas.

-¿Usted cree que las voluntades políticas de la ciudad y la provincia pueden llegar a un acuerdo?

-Mientras antes mejor, pero, en todo caso, la provincia tiene la oportunidad del liderazgo de Scioli, quien cuenta con la capacidad de gobernar en base a consensos y de buscar los acuerdos necesarios para avanzar en una política de esta naturaleza. De todas maneras, lo que estamos discutiendo es un período de cuatro años. Imagínese que recién repasamos la historia de los últimos 60 años. Esto es algo muy complejo. Como dice Scioli, hay que preparar la provincia para los próximos 50 años.

-Distingue este plan como una política de Estado y no como una de gobierno.

-Son cambios que tienen que continuar ocurriendo con una dinámica política propia, de manera tal que estaría bien si de estos planes podemos implementar lo sustancial y dejar encaminadas las conversaciones, o poner a punto la arquitectura institucional, aunque las conversaciones no terminen con otras jurisdicciones. Estos planes son así. Francia lleva un cuarto de siglo trabajando en su regionalización y aún quedan aspectos por completar.

EL PLAN

Montoya insiste en la importancia de detener el crecimiento del conurbano en detrimento del interior de la provincia. “La Matanza creció a más del 30%, así no hay plan de infraestructura urbana, ni social, ni programa para enfrentar el deterioro del tejido social que alcance”, argumenta preocupado. “Hay que parar con el proceso de concentración del desarrollo, y este plan va al núcleo del problema por primera vez en toda la historia. Esta vez no estamos atendiendo los síntomas, no solo le damos una aspirina porque tiene fiebre, sino que estamos yendo al origen de la fiebre”, grafica.

-¿Cuántas regiones van a ser?

-El proyecto de ley contempla hasta doce regiones, más el distrito capital.

-¿Esa descentralización administrativa, va acompañada de recursos?

-Por supuesto, se transfieren competencias. Esto implica gastos y recursos para financiarlos.

-¿Se van a crear nuevos tributos?

-No, nuevos no. Podría, eventualmente, asignarse territorialmente alguno que ya existe. Lo que entendemos es que por esta vía se fortalece el Estado provincial porque el criterio más antiguo era que es necesario tener todo trabado desde la capital y que nada pudiera funcionar en la provincia para que uno tuviera poder. Pero la forma de ver las cosas de Scioli es que mientras más problemas le solucionemos a la gente ahí cerca, y mientras mejor generemos las bases para que el gran problema de gobernabilidad de la Argentina, que es el conurbano, se pueda ir manteniendo bajo control y conteniendo en los próximos años, vamos a tener una provincia más fuerte. Por supuesto, eso implica otro liderazgo político, uno que tiene que estar en resolver los problemas y en tomar un liderazgo estratégico que la provincia ha perdido.

-¿Hay algún modelo internacional que se adapte a lo que podría ser la provincia de Buenos Aires?

-No. Hemos tomado desarrollos que se han venido haciendo en los últimos 30 años. Hay antecedentes elaborados por gente de la justicia o de universidades, que han ido haciendo estudios y desarrollos sobre el tema. De hecho, los propios organismos provinciales ya tienen zonificaciones. Esto demuestra que a lo largo de los años, los organismos provinciales intuitivamente han ido tratando de generar algún tipo de distribución.

-O sea, ya existe una regionalización informal.

-Informal y desordenada. Uno ve que el Ministerio de Salud tiene doce regiones sanitarias y el Instituto también se divide en doce regiones. Se podría pensar que está bien, pero en realidad no son las mismas, están armadas de distinta forma. Cada una es un jefe, con empleados, autos, edificio. En otras áreas hay más. Y el que tiene que hacer algún trámite, por ejemplo una Pyme que tiene que pedir muchos permisos, para una cosa tiene que hacer ocho kilómetros para un lado, cincuenta para el otro, doce para acá. Se vuelven locos.

-Tengo entendido que la figura que delegaría el gobierno provincial en cada una de las regiones será un ministro de región.

-Sí, un administrador regional…

-¿Qué funciones recaerían en estas regiones?

-En principio, lo que se busca es conservar y fortalecer para el distrito capital las políticas estratégicas, porque las cuestiones operativas han ido aumentando el tamaño del estado. Pensemos que la provincia de Buenos Aires hoy tiene más de 10 mil establecimientos educativos, 330 mil docentes, es uno de los empleadores más grades del planeta. Cuando uno tiene ese lío operativo, no puede pensar. Lo que nosotros hacemos es pasar las cuestiones operativas, porque las urgencias de la gente hay que seguir atendiéndolas. Ahora, la pregunta es, ¿por qué para la reparación de los calefactores de Carmen de Patagones, que está a más de mil kilómetros de La Plata, tienen que seguir llamando a la capital provincial? ¿No pueden arreglar calefactores en Carmen de Patagones? ¿No pueden cambiar un vidrio? Yo creo que sí. Entonces, que resuelvan todas las cuestiones operativas allí y en La Plata, en el distrito capital, recuperamos la dimensión estratégica. Hoy los intendentes son gestores votados por el pueblo para viajar todas las semanas a la capital a gestionar a que salgan expedientes.

-Los intendentes ahora se van a tener que hacer cargo de cosas que estaban asumidas por el gobierno central de la provincia.

-No hay nada que inventar ahí. Si los intendentes están para eso.