Pequeño perfil de un hombre y el poder su lente en tiempos de guerra.

Fotoperiodista ruso nacido en Polonia en 1912, cuyo padre sirvió a la Rusia zarista y fue abatido en la Primera Guerra Mundial. Tras graduarse como profesor de matemática, Baltermants entendió que su futuro estaba ligado a la fotografía. Sus producciones son leídas hoy como un retrato de la URSS: cubrió la batalla de Stalingrado y continuó junto al ejército rojo en Ucrania, Polonia y Alemania. Además, se lo considera un gran cronista del horror nazi.

Como pasó con fotógrafos colegas que cubrían las acciones del ejército rojo durante la guerra, muchas imágenes de Baltermants fueron censuradas por las autoridades. Seleccionaban solamente aquellas que reflejaban las partes positivas del servicio y que no fuesen en contra del espíritu oficial. Algunas de sus mejores fotos no se publicaron y solo llegaron al público en los años 60, en tiempos del “deshielo” de Kruschev. A su vez, la censura rusa conlleva un dilema estético: ¿cuánto de la obra corresponde al estilo personal de Baltermants y cuánto a la homogeneización del régimen?

Las producciones que aparecieron después de la guerra son elocuentes no solo en cuanto al estilo personal del fotógrafo, sino también sobre qué criterios tenía la URSS para seleccionar fotos y construirse a sí misma como una gran nación. A partir de junio de 1941 Baltermants ofició de corresponsal de guerra para Izvestia, donde realizó reportajes sobre las batallas de Moscú, Crimea y Stalingrado. En 1943, tras un fatal error del editor del diario, fue enviado a un batallón de castigo, al que sobrevivió de milagro. Murió en 1990, mientras ocupaba el rol de editor de fotografía en la popular revista Ogonyok.

Una frase:

“Nosotros, los fotógrafos, hacemos magníficas fotos de guerras, fuegos, terremotos y asesinatos: el dolor de la humanidad. Nos gustaría ver fotografías sobre alegría, felicidad y amor, pero con el mismo nivel de calidad. Me doy cuenta de que eso es difícil”.