La Organización Mundial de la Salud publicó en septiembre el primer mapa de la contaminación mundial, elaborado por más de cien expertos. Sobre los resultados de este informe, conversamos con el doctor Pier Paolo Balladelli, representante de la Organización Panamericana de la Salud y de la Organización Mundial de la Salud en la Argentina.

Más de dos millones de seres humanos mueren anualmente a causa de la contaminación del aire, fundamentalmente por neumonía, enfermedad pulmonar obstructiva crónica y cáncer. Cerca del 50% de las muertes de los menores de cinco años se debe a la inhalación de partículas generadas por combustibles sólidos, como leña o carbón, causantes además de la mayoría de las enfermedades respiratorias crónicas de las mujeres que están expuestas al humo doméstico, que   representan aproximadamente el uno por ciento de las muertes por cáncer de pulmón. Estas son solo algunas de las conclusiones dadas a conocer en el informe elaborado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) después de haber evaluado la calidad del aire de 1100 ciudades de 91 países del mundo, con el objetivo de detectar los factores ambientales más perniciosos para la salud humana. “Este trabajo fue llevado a cabo sobre la base de mediciones realizadas por fuentes nacionales o de ciudades específicas entre 2003 y 2010. La contaminación ambiental y la atmosférica son algunos de los indicadores más importantes que determinan la salud”, afirma el doctor Balladelli. Y explica que no es una preocupación reciente, ya que en 2005 la OMS había lanzado una guía en la cual urgía a los Estados miembros a tomar medidas para enfrentar la polución, antecedente de este nuevo estudio destinado no solo a informar sino también a “instar a los tomadores de decisiones y a la población en general a intervenir con medidas locales y nacionales”.

UN PROBLEMA PARTICULAR

Pese a ser finas e imperceptibles, las partículas presentes en la atmósfera penetran en la sangre y en distintos órganos, afectando gravemente la salud. “Cuanto más pequeñas, más peligrosas”, sostiene el especialista. Balladelli revela que el estudio evalúa la concentración de partículas grandes (PM10) y pequeñas (PM2,5) de ozono, dióxido de nitrógeno y dióxido sulfúrico en el aire, entre otros componentes. “Las investigaciones llevadas a cabo por la OMS durante los últimos veinte años permitieron establecer una correspondencia directa entre la presencia de partículas de menos de 10 microgramos en el aire y enfermedades crónicas o agudas -problemas pulmonares o cardiovasculares- que pueden llegar a provocar la muerte”.

Mientras las recomendaciones efectuadas por la OMS indican que no deben superar los 20 microgramos por metro cúbico (μg/m3), la investigación demuestra que los niveles de material particulado varían de una región a otra entre los 21 y los 142 μg/m3. Esto tiene su correlato en más de 80 enfermedades y tipos de lesiones, número que podría mejorarse sustancialmente si se alcanzara un ambiente más saludable. “Se calcula que podrían salvarse hasta 1,3 millones de vidas anuales”.

LAS CAUSAS

A nivel global, el transporte, las industrias, la quema de biomasa y carbón para cocinar o calefaccionar y las centrales eléctricas son los factores que más impactan en el ambiente. Las ciudades en general, salvo unas pocas que cumplen con las recomendaciones, son lugares con altos grados de contaminación. “El mayor problema está dado por el parque automotor, sin embargo, todos los hidrocarburos son perniciosos. En muchos países se utiliza carbón en las centrales eléctricas o para calefaccionar edificios; el consumo de energía eléctrica tiene un gran impacto en el ambiente y hay regiones donde se utilizan ciertos combustibles que deterioran la calidad del aire interior de las viviendas”, afirma el representante de la OMS. Y es aquí donde, pese los patrones comunes, es indispensable establecer las diferencias entre las realidades del Primer Mundo y las de los países en vías de desarrollo. En estos últimos, alcanzan los 3000 millones las personas que necesitan quemar combustibles sólidos en sus hogares para cocinar o calefaccionarse; unos 2700 millones queman biomasa (madera, excrementos de animales o residuos agrícolas) y otros 400 millones, carbón.  “Si a esta realidad le sumamos que en general es gente pobre que vive en casas mal ventiladas, nos encontramos con que las concentraciones de partículas exceden largamente los límites aceptables y afectan sobre todo a las mujeres y los niños. Se estima que la contaminación de lugares cerrados es responsable de alrededor de dos millones de muertes prematuras, la mitad de las cuales son por neumonía en niños menores de cinco años”, sostiene.

INEQUIDAD

Más allá de la contaminación atmosférica, el mapa elaborado por la OMS muestra otros factores sanitarios relacionados con el medioambiente, como la falta de agua potable o de letrinas, “responsable del 25% de enfermedades y muertes en los países en vías de desarrollo, porcentaje que se reduce a un 17% en las regiones desarrolladas”. A las infecciones respiratorias y las diarreas que encabezan la lista de enfermedades relacionadas directa o indirectamente con el entorno, le siguen la malaria, el Chagas, la filariasis, los trastornos perinatales, el dengue, entre muchas otras.

Por otra parte, la necesidad de recolectar combustible trae aparejada la imposibilidad de llevar a cabo otro tipo de actividades productivas o de estudio en el caso de los chicos, y un riesgo considerable de sufrir accidentes y lesiones. En cuanto a la falta de acceso a la electricidad, también aumenta el porcentaje de quemaduras y otra clase de accidentes en distintas escalas, producto de la utilización de lámparas de querosene o similares.

SOLUCIONES COMUNES

Pese a este preocupante panorama, hay una buena noticia: muchas enfermedades y muertes podrían evitarse con soluciones sencillas como encontrar mejores opciones para tránsito colectivo, utilizar menos combustibles sólidos, o mejorar las medidas higiénico-sanitarias personales y de viviendas. “Las medidas son comunes y hay reglas básicas para evitar enfermedades infeccionas o parasitarias, entre otras”, manifiesta Balladelli. Pero aclara que las decisiones relacionadas con la salud no dependen solo de los individuos sino que involucran a las comunidades y a los gobiernos con decisiones de políticas públicas y estrategias que procuren construir entornos saludables para sus ciudadanos y facilitarles el marco de desarrollo en el cual puedan llevar adelante estilos de vida saludables. Las acciones deberían tener un foco de equidad social: “Es necesario proteger a las poblaciones más pobres, que son las que más sufren la falta de acceso a los recursos. Las autoridades pueden combatir esta inequidad con medidas tales como mejorar la distribución y la calidad del agua potable, el manejo de las letrinas y del saneamiento básico. De hecho, trabajando en estos factores se puede disminuir la diarrea en un 94%, la malaria en un 40% y las 80 enfermedades relacionadas con el medioambiente podrían ser eliminadas con una buena higiene y buen entorno para la familia”.

En cuanto al tema de los combustibles utilizados a nivel domiciliario que provocan intoxicaciones dentro de las casas, el doctor Balladelli insiste en que tampoco es pasible de modificar por parte de la población sin la intervención de políticas tanto locales como nacionales que apunten a cambiar las condiciones de vida de los ciudadanos.

Por otra parte, en el caso de los países desarrollados, las medidas para mejorar la calidad ambiental deben centrarse en fomentar el transporte público, desalentando la utilización de vehículos privados, ya que está ampliamente demostrado que el transporte es responsable de un elevado porcentaje de la polución debido a la emisión de gases tóxicos.

-¿Cuáles son los países en estado crítico?

-Sin entrar en detalle, está claro que la mayor contaminación corresponde a los países en vías de desarrollo: la faja central africana, excluyendo Sudáfrica y los países del norte árabe, y la parte sudeste de Asia, como India, China y Mongolia. Mongolia y Botswana son los países más afectados, con 10 veces la cantidad de partículas definidas como bases. En América, los más comprometidos son Perú, Bolivia, Venezuela y Guatemala. Dicho de otro modo, hay mucha coincidencia entre países contaminados y presencia de poblaciones pobres.

-¿Qué datos podemos destacar de la Argentina?

-De la lista, solo once Estados tienen menos de 20 microgramos por metro cúbico. En promedio, los países de Latinoamérica tienen el doble del límite recomendado por la OMS. Argentina registró 38 PM10, lo que la ubica detrás de Colombia (71), Chile (62), Venezuela (41) y Brasil (40).

-Sabiendo que estos son factores determinantes de la salud de la población, ¿por qué cree que no se toman las disposiciones necesarias?

-Creo que en muchos países la falta de decisión política lleva a la desregulación en detrimento de los individuos y de la comunidad. El gran impulso que pretendemos dar desde la OMS se basa en analizar ahora para evaluar cómo se puede afectar el medioambiente a largo plazo. Hay medidas importantes que se pueden tomar a partir de la situación geográfica, el tipo de desarrollo existente y las capacidades y oportunidades propias de una región. Le doy un ejemplo: recientemente tuve la oportunidad de vivir en Colombia, donde los domingos se cierran al tránsito alrededor de 80 kilómetros de carretera en Bogotá para impulsar a la población a hacer ejercicio, caminar, etc. Hay algunos países en los que un individuo solo no puede trasladarse en un vehículo porque está penado por ley.

-En ese sentido, ¿cuál es la tarea de la OMS?

-El primer punto es apoyar a los países en la creación de una base de datos, una especie de fotografía que registre el estado de la contaminación biológica, en el caso de las bacterias, o química, como es la contaminación atmosférica. Es lo que denominamos sistema de vigilancia, con indicadores que permitan ver los  cambios producidos, los impactos generados y, por lo tanto, implementar las correcciones oportunas. Esta tiene diferentes estadios. El identificar las mejores políticas públicas e intervenciones que podrían disminuir los contaminantes, asegurándole a la población una vida saludable, depende en gran parte de los gobiernos. En otro plano, está el trabajo de educación con los individuos, que además necesitan empoderarse de sus derechos así como impulsar a las autoridades a tomar las medidas necesarias, por un lado; y por otro, mejorar lo que esté a su alcance tanto en lo referente a las viviendas como a la higiene personal. En síntesis, desde la OMS intentamos incidir tanto en los pequeños cambios que pueden efectuar las personas en su vida diaria como en las políticas públicas, ya que las soluciones para mejorar la contaminación ambiental abarcan todo este espectro.