Mientras por primera vez desde 2006 los asambleístas levantaron los bloqueos de los pasos internacionales entre Argentina y Uruguay, los profesionales de la salud gualeguachenses emitieron un comunicado alertando sobre los impactos de la contaminación en la salud.

Por Susana Rigoz

El día 4 de enero, más de 200 médicos y bioquímicos de Gualeguaychú publicaron una solicitada en la que manifiestan su preocupación y advierten acerca de los problemas de salud que ya comenzaron a detectarse en la población y cuyas causas se atribuyen a problemas ambientales. En el documento, los profesionales recuerdan que las fábricas de pasta de celulosa están consideradas una de las industrias más contaminantes por la Organización Mundial de la Salud y otros organismos internacionales. En el caso de UPM (ex Botnia), afirman que las alteraciones químicas, físicas y biológicas que sufre el Río Uruguay ya fueron comprobadas por los científicos argentinos que trabajaron para la presentación ante la Corte Suprema de Justicia de la Haya. Sin embargo, su denuncia se centra en particular en las emisiones de las chimeneas, que representan uno de los mayores peligros para la salud. De acuerdo con los estudios atmosféricos llevados a cabo por profesionales de la Universidad de Buenos Aires, la presencia de ácido sulfúrico -con su olor característico- fue detectada en 78 oportunidades en las playas del balneario entrerriano Ñandubaysal y también en la ciudad de Gualeguaychú, al igual que la de otros contaminantes como óxido de nitrógeno y de azufre, dióxido de carbono, material particulado, dioxinas, etcétera. Estos elementos altamente tóxicos de por sí se vuelven más peligrosos aún debido a las condiciones climáticas de la región, ya que en casi el 75% de los días los vientos van de Uruguay a la Argentina, potenciando que la contaminación llegue al centro de la ciudad entrerriana, distante tan solo 25 kilómetros de la pastera. Respecto de los principales problemas comprobados, destacan “el aumento de la frecuencia e intensidad de patologías de vías aéreas superiores, irritación y afectación de membranas mucosas, ocular y bronquial, y reacciones alérgicas, sumado al agravamiento de afecciones preexistentes en los últimos años -comprobado por la mayoría de los profesionales médicos de la ciudad-, que tienen vinculación estrecha con la presencia de estos contaminantes en el aire que respiramos”. Además, hacen hincapié en los efectos de largo plazo como malformaciones congénitas, carcinogénesis y alteraciones del sistema inmunológico, entre otras, y señalan su preocupación por “la alta incidencia de enfermedades oncológicas que ubican a Gualeguaychú al frente de la frecuencia de dichas patologías dentro de la provincia”.

UNA NUEVA PASTERA

Más allá de su valor intrínseco como llamado de atención a las autoridades y a los ciudadanos sobre una problemática que es necesario atender, este documento cobra particular importancia en relación a dos hechos muy cercanos cronológicamente. El primero de ellos se refiere al reclamo hecho por la Argentina, en noviembre pasado, a raíz de que el sistema utilizado por UPM para el desecho de sus efluentes está prohibido, incluso por la normativa uruguaya. El segundo, al otorgamiento, por parte del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente de Uruguay los primeros días de enero, de la autorización para construir una nueva pastera a la empresa sueco-finlandesa Stora Enso, en sociedad con Arauco de Chile, denominada Montes de Plata. Con una inversión aproximada de 2 mil millones de dólares y una producción de 1 millón 300 mil toneladas anuales de pasta de celulosa (23% más que Botnia), la planta se levantará en Punta Pereira, departamento de Colonia, Uruguay, frente a la ciudad de Buenos Aires, y volcará sus efluentes en el Río de la Plata.

El día 7 de enero se reunieron los cancilleres de ambos países para tratar el tema y, en una conferencia de prensa posterior, el ministro de Relaciones Exteriores Héctor Timerman señaló que la Argentina no tiene que dar autorización a Uruguay para la instalación de la planta y que el emprendimiento respeta el Estatuto del Río de la Plata. “Con esto damos por concluido el tema y vamos a analizar la agenda bilateral, que es muy profunda entre estos países. No hubo reparos; si hay cambios, Uruguay lo informará como hizo en 2009. La planta ya fue analizada”.