En su libro “Sinaloa-Medellín-Rosario” (Planeta, 2014), el periodista Gustavo Sierra recorre las principales rutas del narcotráfico en nuestro continente, desde Culiacán y Ciudad Juárez hasta Rosario y Buenos Aires. Dialogamos con él para conocer más detalles acerca de un fenómeno global al que nuestro país no es ajeno.

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“No dejen que entren. Una vez que están adentro, no se los sacan más”. Esta frase premonitoria corresponde al exvicecanciller mexicano Gerónimo Gutiérrez, quien allá por septiembre de 2008 puso en alerta al entonces embajador argentino en ese país, Jorge Yoma, respecto del ingreso de los carteles mexicanos en nuestro territorio. Así inicia Gustavo Sierra el relato del primer capítulo de su libro Sinaloa-Medellín-Rosario, que nos sumerge en las entrañas de un fenómeno que tiene en vilo a buena parte de nuestro continente.

-¿En qué contexto se produjo el ingreso de los narcos mexicanos en nuestro país?

-En 2006, el presidente mexicano Felipe Calderón lanzó la guerra contra el narcotráfico, que continuó su sucesor Enrique Peña Nieto. Esa guerra ha dejado, hasta ahora, un saldo de 100.000 muertos y 20.000 desaparecidos. Lo de México es una tragedia histórica: ellos conocen perfectamente qué es la narcopolítica y la narcoeconomía. Los estamentos de los grandes carteles del narcotráfico están absolutamente enraizados en toda la sociedad mexicana y eso anestesia a la sociedad. En ese momento hubo una advertencia. El negocio de los precursores químicos comenzó porque en EE. UU. se había abierto para los grupos mexicanos un extraordinario negocio para abastecerlos de drogas sintéticas. Para eso necesitaban efedrina. Al conocer esta situación, Calderón cerró por completo la importación de efedrina y los carteles mexicanos –que están ya muy entrelazados con los colombianos– empezaron a buscar dónde conseguirla. El lugar más fácil y de menor costo en todo sentido, porque la legislación acá era muy flexible, resultó ser Argentina. Entonces vinieron a buscar la efedrina.

-¿Qué fue lo que encontraron en nuestro país que les resultó provechoso para su negocio?

-Los carteles, tanto mexicanos como colombianos, encontraron un país con tres elementos básicos que les resultaron muy interesantes. Primero, la facilidad para hacerse de la efedrina. Segundo, se dieron cuenta de que tenían un lugar perfecto para la salida de la droga hacia Europa, a través de los cargamentos de soja u otros granos en los puertos ubicados sobre el río Paraná, donde por otro lado hay una enorme masa de economía en negro que, solamente en el caso de la soja, llega en los puertos al 38 por ciento. Un tercer elemento son los countries –barrios cerrados– de alrededor de Buenos Aires, Rosario y Córdoba, un lugar muy seguro para ubicarse con sus familias, sobre todo para los narcos colombianos.

-¿Cuál fue la reacción de la dirigencia política argentina ante la advertencia que le hizo el exvicecanciller mexicano, Gerónimo Gutiérrez, a Jorge Yoma?

-Jorge Yoma habló en ese momento con la presidenta, con legisladores de su partido y con otros funcionarios. ¿Qué sucede? Por un lado, probablemente alguno de los funcionarios podría haber tenido cierto interés creado, porque sin corrupción no hay narcotráfico. No lo sabemos exactamente, pero podemos inferirlo. Sin embargo, el dato fundamental es que hubo una actitud ombliguista, cerrada, de no admitir que eso nos estuviera pasando a nosotros. Esa actitud continuó hasta que les explotó en las manos, con la situación de violencia en Rosario, con 300 muertos en 2013 y 235 en 2014, y el desembarco de la Gendarmería. Más allá del gobierno de turno, debemos entender que organizaciones como el cartel de Sinaloa tienen presencia en 85 países y buscan aquellos países que les generen menores costos para su infraestructura delictiva. Me refiero no solo a costos financieros, sino también legales y en términos de tranquilidad para sus familias, de no tener que andar enfrentándose con las otras bandas permanentemente. Argentina era y es el lugar perfecto para ellos. Creo que hubiera ocurrido exactamente igual con cualquier gobierno. Lo cierto es que acá hubo una advertencia muy clara y se desoyó.

-¿Hay otros factores que favorecieron esa penetración del fenómeno narco?

-Otro elemento que observaron perfectamente los grandes carteles es que acá hay cerca de cuatro millones de chicos y jóvenes de entre 12 y 35 años que no estudian ni trabajan y que pertenecen a la tercera generación sin cultura del trabajo. Ahí tienen un caldo de cultivo ideal, primero para reclutar sus “soldaditos” y sus sicarios, y también para llegar a un mercado de potenciales consumidores. El combo es perfecto. Tenemos que sacar a esos chicos y jóvenes de la situación en la que están porque el narcotráfico, las maras y otros males conexos se nos vienen encima. Es la misma situación que existe en México, en Afganistán o en Pakistán, los lugares donde está más presente el narcotráfico.

 

LA FRONTERA NORTE Y LAS “LLUVIAS BLANCAS”

-En otro de los capítulos del libro se describe la situación de la frontera norte y las facilidades que existen para el ingreso de la droga.

-En este momento, el mayor productor de hoja de coca y de pasta base es Perú. Allí hay pequeños grupos que producen para organizaciones de colombianos y mexicanos. Después, estos trasladan la pasta base a Bolivia para elaborarla en “cocinas” alrededor de Santa Cruz de la Sierra y, de ahí, en avión a Salta. Al ingresar en territorio salteño se produce lo que el juez federal de Orán, Raúl Reynoso, llama la “lluvia blanca”. Se refiere al lanzamiento desde el aire de paquetes de cocaína. Los aviones narcos entran en nuestro país, tiran la carga y vuelven. Ahí es donde aparecen preconceptos sobre la necesidad de radares y la discusión sobre el derribo de este tipo de aeronaves. Es obvio que se necesita un mayor control aéreo, pero no se puede andar derribando aviones porque sí. Aparece además otro problema, que es dónde caen esas cargas de droga. Muchos propietarios de los campos donde caen esos cargamentos son cómplices. Hay también cuidadores, puesteros y gente de la zona que sabe lo que pasa.

– Hay connivencia local…

-Totalmente. Sin corrupción y sin miedo, no existe todo esto. Un dato llamativo es la compra de avionetas. El negocio es tan grande –pueden llegar a ganar 100 millones de euros por un cargamento de 500 kilos de cocaína– que pueden darse el lujo de perder avionetas, como ocurrió en Santo Tomé (Corrientes), donde aparecieron en un momento cuatro avionetas tiradas. Cada una puede valer entre 200.000 y 300.000 dólares. No les importa perderlas. En Santa Cruz de la Sierra se abrieron también escuelas de pilotos, antes inexistentes, que se insertan en este fenómeno narco en la región.

-Con respecto a la situación en Bolivia, hubo un cambio de política tras la llegada al poder de Evo Morales y una reivindicación del uso ancestral de la hoja de coca.

-En Bolivia existe la costumbre ancestral de mascar coca. También hay otra pequeña parte de la producción que se utiliza para cuestiones medicinales. Sin embargo, en 2013, de una producción total estimada de 36.300 toneladas de hoja de coca, se comercializaron en forma legal en los mercados habilitados por el Estado unas 19.150 toneladas. Esto indica que al menos 16.000 toneladas fueron desviadas y terminaron en los laboratorios de pasta base.

 

ROSARIO: LA EXPLOSIÓN DE LA VIOLENCIA NARCO

-¿Cómo se explica la explosión de la violencia en Rosario?

-Como señalamos, el fenómeno explota ahí porque es donde están ubicados, en las cercanías de la ciudad, los puertos de salida de la producción de granos. Las grandes organizaciones tienen allí bandas más pequeñas, como Los Monos, que les brindan la infraestructura necesaria y a las que les pagan con droga. Eso es lo que queda acá.

-También entra en juego el fútbol…

-Hay muchas evidencias de que en Rosario las barras de Newell’s y de Rosario Central están muy comprometidas. Existe además en los barrios una cuestión cultural, que mezcla la religiosidad popular, donde aparece el culto al Gauchito Gil y San La Muerte o Santa La Muerte, venerada también en México, Colombia y Centroamérica. Junto a esto aparecen, en cada cuadra, las pintadas de los distintos equipos. Los barrabravas aparecen mezclados en todos los incidentes y ajustes de cuentas que ha habido en la ciudad. Esto se extiende al resto del país y, por supuesto, también a Capital y al Gran Buenos Aires.

 

LA RUTA DEL DINERO Y LA NARCOPOLÍTICA

-Entre los entrevistados en su libro, se encuentra un especialista argentino con mucha experiencia, Edgardo Buscaglia. ¿Qué visión tiene él del fenómeno narco en Argentina?

-Buscaglia es argentino; viaja mucho y vive una parte del año en México y otra en Nueva York. Monitorea el crimen organizado en 82 países. Trabajó en lugares muy difíciles, como el Valle del Bekaa, en Líbano, donde hay carteles que producen opio y heroína. En 2011 estuvo haciendo este trabajo en Argentina, vio lo que sucedía y advirtió a organismos internacionales sobre lo que estaba ocurriendo. A través de WikiLeaks también se filtraron cables donde se habla de todo esto y en el mundo diplomático también se venía hablando. Evidentemente, no se hablaba en los lugares donde se tendría que haber hecho algo más.

-A la hora de las propuestas, Buscaglia sugiere encarar una Ley de Extinción de Dominio y Unidades de Control Patrimonial para seguir la pista del dinero, tomando modelos como el colombiano.

-La única manera de combatir este fenómeno es a través de la inteligencia. Se necesita crear un cuerpo de inteligencia anticriminal nacional, controlado por el Congreso, con gente muy preparada que tenga másters o doctorados, además de policías especializados que vayan detrás de la ruta del dinero. Lo que hay que cortarles el negocio. Una vez que desaparece el negocio, los que están alrededor también desaparecen. Buscaglia puede ser un gran asesor en ese sentido, pero podría haber muchos otros expertos de nuestro país que no conozco y que fueran capaces de transmitirnos sus conocimientos.

-Otro foco de preocupación es la financiación de la política.

-Hay que tener mucho cuidado con el dinero en las campañas políticas. En 2015, cada uno de los grandes candidatos va a gastar entre 80 y 100 millones de dólares en la campaña. Tiene que haber transparencia porque a veces, por acción u omisión, no se sabe de dónde provienen los fondos. Una vez que el dinero entra en la política, no se va más, y se producen fenómenos como el que acaba de ocurrir en México, con la desaparición de los 43 estudiantes en Iguala por la acción de un narcoalcalde, con la policía y los sicarios actuando en conjunto. Eso es exactamente la narcopolítica.

 

“BUENOS AIRES NO ES ÁMSTERDAM”

-Buscaglia sostiene que es irresponsable defender en Argentina la legalización de las drogas.

-Coincido plenamente con él. Es un asunto demasiado complicado y no creo que haya que implementarlo. No lo digo por una cuestión de restricción, porque yo creo firmemente en las libertades individuales. Pero me parece que hay temas que nos sobrepasan como sociedad, como Estado, como nación. Hoy en la Argentina me parece que sería un grave error hacerlo. Argentina no es Holanda y Buenos Aires no es Ámsterdam. La vulnerabilidad social que puede haber en un país europeo es ínfima al lado de la que puede haber en un país latinoamericano. Estamos hablando de otras dimensiones. Nosotros estamos todavía en pañales en ese sentido y tenemos mucho por hacer.

-¿Qué sensación le queda después de esta investigación?

-Los argentinos no somos diferentes. Estamos insertos en un contexto de narcotráfico global. Podríamos haber hecho muchas cosas cuando todavía estábamos en un estadio muy incipiente en cuanto al ingreso del narcotráfico… y no las hicimos. Es un llamado de atención. ¿Cuánto tiempo más vamos a necesitar? Aunque algunos se enojen, yo no estoy comparando a Rosario con Sinaloa; lo que digo es que hay un camino que puede llevarnos hacia allí. Tenemos que comprender que este no es un fenómeno de afuera.

-¿Es inocente seguir diciendo que somos un país de tránsito?

-Es un absurdo. Por donde pasa la cocaína, queda el polvillo. Es un dicho mexicano, pero es absolutamente real. El hecho de que acá no se produzca hoja de coca o que los grandes cargamentos pasan de largo no nos hace inmunes. Por otra parte, al margen de la cantidad de cocaína que queda acá, el narcotráfico crea corrupción. Por donde pasa la cocaína, queda la corrupción y eso rompe el Estado. Ese es el problema.

Tapa Libro Sierra