Paradojas del gobierno bolivariano de Venezuela: su rechazo a los Estados Unidos y a su relación comercial. Algunos conceptos y tendencias aplicables al régimen chavista.

Un viejo dicho afirma que la historia no se repite, pero rima. Ello es más que real cuando uno analiza el fenómeno político de Chávez y su movimiento bolivariano. Para darle un marco teórico, cabría recordar y repasar categorías ya casi centenarias como la de “liderazgo carismático”, citada por Max Weber; la descripción que a mediados del siglo pasado el sociólogo Gino Germani hacía del fenómeno del populismo; y la más reciente, de la década de los 90, “democracia delegativa” de Guillermo O’Donnell.

Weber describía la presencia de procesos políticos encabezados y conducidos por personajes dotados de algo tan perceptible como difícil de definir: el carisma o la capacidad de seducir y persuadir, y generar un vínculo imaginariamente personal que suele derivar en actitudes mesiánicas, maniqueas y hasta infantiles de parte de aquel influido por el carisma. La contracara de eso suele ser la existencia de pasiones no menores que las antes mencionadas, pero en este caso de parte de los que rechazan este tipo de líderes. Un debate, usualmente acalorado cuando no trágico y violento, donde la subjetividad camina a sus anchas.

En este punto, cabría desagregar las características que visualizó Germani al momento de diseccionar los populismos: la presencia de un líder carismático, la relación “directa” de él con la masa, la idea de que toda persona que se opone a ese caudillo o jefe encarna la antipatria y el antipueblo, la sustancial inutilidad y disfuncionalidad de instituciones políticas (incluyendo los poderes Judicial y el Legislativo) o sociales que medien el vínculo entre el poder y la muchedumbre, la presencia y la “necesidad” de enemigos internos y externos que deben ser controlados a toda costa y forma. Podríamos agregar la dificultad de estos regímenes para encontrar mecanismos sucesorios normales e institucionalizados, dado que todo en gran medida depende de las condiciones psicofísicas del jefe, quien se erige en un ser imprescindible y que solo puede sucederse a sí mismo.

Por último, la “democracia delegativa” fue la forma en que este notable politólogo argentino analizó la tendencia registrada en diversas democracias subdesarrolladas de combinar una instancia democrática, o sea procesos electorales relativamente limpios y legítimos, con una posterior instauración de un gobierno electo pero que desde el seno del poder se dedica a romper los frenos y contrapesos republicanos y a buscar la perpetuación en el poder, mas allá de formas y procedimientos. Por esas vueltas de la historia, muchos de los que veían con malos ojos los modelos delegativos de líderes políticos latinoamericanos neoliberales en los 90 ahora sienten admiración y simpatía por los mismos aspectos en los gobiernos bolivarianos. Esta tendencia engloba tanto a los que tienen su corazón a la izquierda o a la derecha. Chávez y su estructura de poder representan un ejemplo cabal de la vigencia de estos tres análisis sociopolíticos antes mencionados.

Finalmente, a estas categorizaciones cabría agregarles las siempre relevantes particularidades nacionales y de tiempo y espacio. En este sentido, una de las paradojas es cómo la Venezuela de Chávez tiene como principal mercado para su estratégico petróleo (el 94 por ciento de los ingresos por ventas al exterior de su economía) a los Estados Unidos, con 1.5 millones de barriles diarios a un precio promedio de 100 dólares por cada uno. El lector con lápiz y papel o calculadora en mano podrá ver la magnitud del vínculo entre estos socios-rivales que son Washington y Caracas. Sin olvidar las más de 12.000 gasolineras o estaciones de servicio que la empresa estatal de petróleo controlada por Chávez tiene en territorio estadounidense. Un aspecto que los chavistas en otros países, incluyendo la Argentina, suelen obviar. Venezuela no quiere ni necesita una zona de libre comercio con Estados Unidos, dado que ya la tiene de hecho al exportar a ese mercado una materia prima estratégica como el petróleo. Este polémico comentario fue una sincera reflexión del propio Chávez durante una de las tantas reuniones con su par colombiano Álvaro Uribe a mediados de la década pasada, cuando la relación entre los dos era de pragmática convivencia y gestos de cordialidad. Solo Canadá y México se posicionan por encima de Venezuela como proveedores de hidrocarburos y derivados de la superpotencia mundial.

A su vez, la crisis profunda del capitalismo internacional, que estallara en Wall Street en septiembre de 2008 y que luego se extendiera sobre Europa, no ha hecho más que generar una “rima” entre las críticas y posturas despectivas que desde las izquierdas y derechas más duras han llovido sobre el capitalismo en general y sobre la dupla república/políticas de mercado en particular.

Todo esto se combina con el ascenso en poder económico, político y militar de Estados no dotados de democracias liberales o republicanas como China, Rusia, Irán, entre otros.

Desde ya, muchas de estas ideas se escriben y transmiten vía un invento americano como es Internet, y por medio de computadoras, softwares y tabletas creadas por mentes geniales, y un contexto que los cobijó y les dio vida a sus inventores, como Jobs y Gates. Otra paradoja, una más.