El cine y los productos televisivos ganan mercados a nivel mundial y exhiben cifras muy importantes. El reciente reconocimiento como industria impulsa a este  sector económico cada vez más importante. Cuál es la situación actual y  qué es lo que se viene.

Desde el anuncio que hizo la presidenta Cristina Fernández de Kirchner sobre la futura creación de un polo audiovisual en la zona de la isla Demarchi, la industria del cine nacional se puso en boca de todos. Ya desde hace algunos años se siente el fortalecimiento del cine argentino: mayor cantidad de producciones y múltiples reconocimientos a nivel internacional mediante premios y galardones -Oscar incluido-, solo por nombrar los indicadores más visibles. Pero ese sentimiento se hace carne al observarse las cifras oficiales: en 2011, la industria audiovisual vendió al exterior sus productos por un equivalente a 336 millones de dólares y Argentina se convirtió en el cuarto exportador mundial de formatos televisivos.

El anuncio estuvo acompañado de la firma de dos decretos presidenciales -el 1527 y el 1528- que buscan fortalecer el perfil industrial de la actividad. El primero eleva el monto máximo del subsidio para películas nacionales de 3,5 millones de pesos a 5,5 millones. La medida fue celebrada por directores y realizadores ya que, como dijo Juan José Campanella en declaraciones a la prensa, “los costos estaban atrasadísimos”. Los fondos serán destinados a aquellas producciones aprobadas por el Instituto Nacional de Artes Audiovisuales (INCAA) y exhibidas comercialmente.

Una industria con todas las letras

Tal vez sea el segundo decreto el más significativo para el sector, ya que posibilita a las productoras de contenidos audiovisuales, digitales y cinematográficos acceder a los mismos beneficios que se les otorgan a otras industrias.

Fernando Sokolowicz, empresario y productor cinematográfico, destacó que la actividad era efectivamente industrial, “con miles de trabajadores y decenas de empresas funcionando”, pero no contaba con el reconocimiento “a nivel país”. “Desde que la presidenta sacó el decreto hace unas semanas, sí hay un incentivo para recorrer un camino de manera más internacional, hacer despachos de una forma mayor y poder trabajar con más entusiasmo”, aseguró el empresario dueño de la productora Aleph Cine.

En un tono similar opinó Claudio Martínez, de El Oso Producciones y vocal de la Cámara de Productores Independientes de Televisión: “La declaración de industria que hizo la presidenta es una reivindicación de los productores independientes y de toda la televisión”. Martínez señaló que el decreto complementa la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual sancionada hace tres años. “La ley habla todo el tiempo de la industria de la comunicación y audiovisual y, sin embargo, no lograba que el Estado, desde el punto de vista jurídico, administrativo y tributario, tratara a los productores y canales de televisión como a una industria. Los tomaba como una actividad comercial, de servicio”.

La reivindicación lograda con el decreto era algo buscado por los productores tanto de cine como de televisión. “Viene bien -dijo Martínez-, lo que hay que discutir ahora y en lo que estamos trabajando en conjunto los productores, la gente del gobierno y legisladores, es en tratar de determinar los alcances de lo que por ahora es solo una declaración. Hay que trabajar para ver de qué modo el Estado ayuda a promover la industria audiovisual, cómo se va a hacer, para qué tipo de televisión, con qué instrumentos fiscales, y qué beneficios”, señaló.

Una marca registrada

En la historia del cine argentino, el Estado ha jugado casi siempre un rol fundamental para su desarrollo. Fernando Sokolowicz destacó que “el cine no deja de ser una embajada cultural que muestra al país, como puede ser el deporte hoy en día. Cuando la televisión no estaba tan extendida, de alguna forma los actores y el cine argentino eran quienes nos representaban”.

La industria cinematográfica argentina experimentó un punto de inflexión a mediados de los 90, cuando se sancionó la Ley de Cine en 1994. “Fue una batalla que se trabajó durante la década y que se logró después de bastante tiempo”, recordó Sokolowicz. Mediante la sanción de la ley, se consiguió que hubiera un instituto autárquico que fuera más allá del gobierno que estuviera de turno y, por lo tanto, que hubiera presupuesto propio para la industria del cine. Ese presupuesto propio está constituido por el diez por ciento del valor de las entradas, un porcentaje de los spots comerciales en las salas y canales de televisión, y otra serie de ingresos. “Eso es lo que nos permite que exista la industria audiovisual”, aseguró el productor.

A partir de la Ley de Cine se inició un período conocido como el “nuevo cine argentino”, con jóvenes directores que ofrecieron miradas nuevas sobre diversas problemáticas. En esa línea se pueden inscribir películas como Pizza, birra y faso, de Adrián Caetano y Bruno Stagnaro, y Mundo grúa, de Pablo Trapero. Este nuevo impulso transformó al cine argentino en una marca registrada a nivel mundial. “De pronto hoy hay una serie de actores reconocidos internacionalmente, llámese Darín o Francella”, señaló Sokolowicz.

Según el libro Valor y Símbolo. Dos siglos de industrias culturales en Argentina, editado por la Secretaría de Cultura de la Nación, “el fenómeno del nuevo cine argentino se dio de la mano de nuevas técnicas y realizadores egresados de las escuelas de cine, quienes también participaron del cine independiente internacional”.

De todas formas, el productor de Aleph Cine reconoció que, aun con un estilo reconocido a nivel mundial, la exportación no es tarea fácil. “Las herramientas son difíciles”, dijo y destacó que lo mejor es que las productoras armen en conjunto una empresa exportadora. “No es cada productor salir con su propio producto, tiene que haber exportadoras grandes exportando el producto”. Y lo ejemplificó: “Cuando uno lleva un producto a Suecia, no es Fernando dándole su película al canal de Suecia, sino que este quiere ver el producto argentino en general. De pronto es pasar una semana de cine argentino donde puede ser que esté mi película, pero quiere ver las ocho o diez mejores películas seleccionadas por ellos. Ese es el criterio que se debería usar cuando salimos a vender el producto”.

El INCAA parece haber tomado nota de la necesidad, ya que en julio pasado se organizó el primer festival de cine argentino en Brasil, y en septiembre arregló una semana de cine nacional en Australia. Además, en diciembre próximo organizará Ventana Sur, un encuentro donde compradores de todo el mundo podrán conocer la oferta argentina y latinoamericana en materia fílmica.

El paso siguiente, según Sokolowicz, es avanzar en una ley de mecenazgo y procurar una desgravación impositiva. “Brasil ha crecido muchísimo más que nosotros utilizando la desgravación impositiva en industrias culturales. Ese es un camino futuro”, sostuvo.

Generar cultura

¿Cómo recibe el público argentino a su propio cine? Fernando Sokolowicz tiene una respuesta. “En general, el cine argentino en total tiene un promedio de entre el diez y el doce por ciento del mercado del cine. Hay años en que tiene ocho, otros en que tiene quince, pero se mantiene como promedio”.

Para el productor, la forma de incrementar los espectadores es a través de políticas activas de crecimiento, como hay en Francia, que son de regulación de mercados en las salas de cine, sobre qué cantidad de películas de esa nacionalidad debe haber en cada sala. “Son regulaciones distintas sobre cómo se tienen que pasar las películas en las salas”, explicó. “Francia interviene directamente y hoy en día las películas francesas ocupan el 50 por ciento de las salas de cine. Eso hace que se genere una cultura de ver cine francés, porque para que la gente vea su propio cine hay que generar cultura”, aseguró Sokolowicz.

Además dijo que los premios y distinciones internacionales que reciben las películas argentinas no impactan en la cantidad de espectadores. “Nos da prestigio y a uno le crece mucho el ego personal, incluso posiblemente el comprador internacional lo vea de una forma distinta, pero no hace un espectador más tener un premio internacional, lamentablemente”.

La piratería también hace mella sobre la industria local. Según Fernando Sokolowicz impacta “sobre todo en la etapa en que se está lanzando una película comercialmente exitosa, y en la calle ya está el video, y ni que hablar si está en Internet en forma gratuita”. Aunque al productor esta situación le parece “imparable”, reconoce que “hay cosas que se pueden hacer, como por ejemplo que las ventanas de comercialización sean más veloces, que el video salga más rápido, que incorporemos más rápido en Internet las películas, en tiempos más reales, así la gente puede acceder de otra forma”.

En ese sentido, la digitalización de las salas, que es algo que el INCAA está impulsando, permitiría que la película esté en tiempo real en todo el país. De esta forma, la película que se lanzó en Buenos Aires se puede ver en todo el país al mismo tiempo sin importar si se trata de un tanque comercial o de una producción artística pequeña. “Si el programador la pasa, aunque sea en un horario estrambótico, se puede ver”, rescató Sokolowicz.