En el Centro de Investigaciones en Plagas e Insecticidas (Cipein) de Villa Martelli, se encuentra el insectario más importante de la Argentina. Conversamos con su director Eduardo Zerba. / Foto: Fernando Calzada

Creado en 1980, el Cipein -dependiente del Conicet y del Citedef (ex Citefa)-, está dedicado fundamentalmente al control de insectos plaga y por su excelente desempeño es un centro internacional de referencia de la Organización Mundial de la Salud, OMS, y la Organización Panamericana de la Salud, OPS, para el control de vectores de las enfermedades del chagas y el dengue.

En este laboratorio multidisciplinario, trabajan 25 personas: trece investigadores –químicos, biólogos e ingenieros – becarios, técnicos y personal administrativo. “Nuestra tarea está orientada a optimizar el control de insectos plaga, para lo cual realizamos estudios que permitan desarrollar herramientas más segura, de menor impacto ambiental y que posean la mayor efectividad posible. Esas son las tres premisas básicas”, relata Eduardo Zerba, químico, especialista en plagas.

Respecto del tipo de plagas de las que se ocupan, el entrevistado sostiene que están enfocados en las relacionadas con la salud de las personas, “las más importantes desde el punto de vista ético. “Una plaga puede afectar intereses alimentarios y económicos, entre otros. Pero cuando lo que afecta es la salud, se convierte en un problema de salud pública”. En el caso de la Argentina, las más importantes son los vectores de las enfermedades de chagas –las vinchucas-  y dengue – el mosquito Aedes-, trasmisor también de los virus de fiebre amarilla y el chikingunya, cuya sintomatología es muy parecida a la del dengue. A estos estudios habituales, en la actualidad se le ha sumado una tercera enfermedad: la leishmaniasis, un problema muy serio, particularmente en el noreste de nuestro país y cuyo epicentro se encuentra en la provincia de Misiones. “Estamos comenzando a estudiar la cría del vector que trasmite esta enfermedad, que está aumentando llamativamente debido a la tala de árboles. El flebótomo trasmisor es un insecto que suele estar confiando a las zonas boscosas pero con la tala fue avanzando sobre las ciudades, al punto de que hoy todo el norte está en riesgo”.

–  ¿A partir de qué momento se considera que un insecto es plaga?

-A partir de que le genera un problema al hombre. Si se trata de un problema de salud, es una plaga sanitaria (caso típico de la vinchuca o mosquito trasmisor del dengue). Si ataca, por ejemplo, una plantación o el ganado, es una plaga económica. Aunque solo genere molestias -como es el caso del mosquito común,-, también es considerado plaga.

El rol de la prevención

Para combatir estas enfermedades generadas por virus -salvo la fiebre amarilla contra la cual existe una vacuna-, la clave es la prevención. “Mientras no haya vacunas y las terapias farmacéuticas no sean efectivas, la herramienta fundamental es el control de vectores que alcanza para la sociedad tanta importancia como la de las vacunas o los antibióticos. Por eso es que la investigación en control de vectores debe ser considerada prioritaria en temas de salud pública en este tipo de enfermedades”, afirma.

Además de las plagas sanitarias que concentran la mayor parte de las investigaciones, en el Cipein también trabajan en algunas referidas al área económica. “Estamos estudiando las moscas de los cuernos, enfermedad zoonótica  que ataca al ganado bovino, bajando los rindes de leche y carne; cucarachas, piojos y taladrillo de los álamos, insecto plaga forestal que afecta los álamos y algunas otras maderas, representado un grave problema en la Argentina”.

Para estos estudios utilizan la ecología química, otra de las líneas de investigación del Centro que permite entender los mecanismos de comunicación química entre distintos organismos de un ecosistema y, en el caso de los insectos plaga, usar ese conocimiento para confundirlos y bajar sus poblaciones. “Le doy un caso claro: un insecto macho o hembra emite una sustancia química llamada feromona para atraer a su contrapartida para la cópula. Si logramos descubrir cuál es la feromona emitida, podemos sintetizarla y liberarla al ambiente en pequeñas cantidades”, ejemplifica Zerba. ¿Cuál es el objetivo de este accionar? Confundir a los insectos, evitando la copulación y bajando así la población. “Nosotros descubrimos la feromona del taladrillo de los álamos y ya se está  implementando en campos en pequeñas cantidades. Es un método seguro y poco contaminante, la avanzada del control de plagas”. En el Cipein trabajaron también en la comunicación química de la vinchuca y finalizaron con éxito un proyecto -probado en Paraguay- de atraparlas a través de trampas con unos compuestos, descubiertos en el laboratorio argentino.

Un tema de estudio  muy importante es el referido a la resistencia a insecticidas, que analiza la adaptación de estos animales invertebrados a las prácticas humanas de control de plagas. “Después de un cierto tiempo de aplicar un insecticida sobre una plaga, se va realizando una selección natural y permanece el animal más tolerante al producto. Como se trata de una tolerancia genética, lo trasmite a su descendencia y con el tiempo toda la población se vuelve inmune al insecticida”. Los investigadores del Cipein estudian este mecanismo en los piojos, vinchucas, mosquito Aedes y cucarachas de las ciudades de Argentina, especies todas en las que puede encontrarse resistencia en distintos niveles. “Cuando la resistencia es alta significa que esa herramienta de control ya no sirve y que se deben buscar nuevas estrategias. Entender los mecanismos por los cuales un insecto se vuelve resistente permite ver qué alternativas tenemos para controlarlo”.

Transferencia de tecnología

Otro aspecto esencial en los trabajos de investigación es el referido al desarrollo de herramientas insecticidas, que nos ha posicionado como el único país de América Latina con productos desarrollados localmente. “Este hecho marca una diferencia ya que se trata de insecticidas que tienen en cuenta los componentes locales de los problemas, nuestra idiosincracia, nuestros estudios e insectos. Es un mérito de la Argentina que nos permite no acatar las directivas de las mega empresas acerca de lo que hay que usar”, sostiene el especialista. Dicho de otro modo, aunque formamos parte del concierto internacional de las herramientas que se usan globalmente, tenemos de manera complementaria productos desarrollados, fabricados y patentados en el país. Hablamos, ni más ni menos, que de investigación, desarrollo en laboratorio, patentamiento y desarrollo industrial con una empresa argentina. En esta línea, uno de los últimos logros del Cipein es el desarrollo de un nuevo insecticida para el dengue, compuesto por dos productos. “Uno es una formulación de aplicación espacial y otro, una pastilla fumígena, que tienen la virtud novedosa –por eso son patentados-  de matar las formas adultas del mosquito y las larvas acuáticas, permitiendo cortar el ciclo de desarrollo”.

El insectario

Consultado acerca de cómo se logra construir un insectario, Zerba afirma que las dificultades varían según el tipo de animales ya que algunos son fáciles de criar; otros, difíciles y algunos, casi imposible. A modo de ejemplo, relata que las vinchucas que se encuentran en los distintos insectarios del país se iniciaron con bichos recolectados en el campo, mientras que en el caso de los mosquitos, la cepa proviene de Venezuela. Treinta y diez años, respectivamente, es el tiempo que llevan en el laboratorio. ¿Cómo los alimentan? “Cuando el insecto es hematófago (su alimento es la sangre) hay que buscar un organismo superior –mamífero o ave, que pueda ser utilizado como alimento. En nuestro caso, las palomas. Un requisito indispensable es que la cepa esté estandarizada -que tenga condiciones de temperatura y humedad adecuadas, y frecuencia de comidas protocolizadas- y que no sea resistente a los insecticidas”. La mayoría de los insectos provienen de otros países, son las denominadas “cepas de referencia”, debido a que al realizar una investigación o validar una herramienta insecticida es importante tener un patrón de referencia que permita protocolizar los ensayos.

Distinto es el caso de insectos como el taladrillo de los álamos, que hace galerías dentro de los árboles, deteriorando la calidad de la madera y provocando un gran problema económico. “Aquí tenemos una especie de cultivo experimental de álamos para poder estudiarlos, pero es muy difícil criarlos en condiciones de laboratorio”.

Las dificultades no residen solo en la cría sino también en la manipulación de animales tan pequeños, razón por la cual se ha avanzado mucho más en el estudio de mamíferos de laboratorio que de insectos. Sin duda, “si queremos entender el comportamiento de los insectos plaga, debemos estudiar su fisiología, biología y bioquímica, para lo cual es necesario utilizar técnicas muy sensibles”.

Enfermedades emergentes y reemergentes

Dr. Zerba, ¿por qué razón están reemergiendo enfermedades que ya habían sido controladas hace décadas en el país?

-Cada enfermedad tiene sus variables. El Aedes, por ejemplo, en la década del 60 llegó a ser erradicado de todos los países de América  Latina, salvo excepciones como Venezuela y algunas islas del Caribe. Después, debido a factores diversos como el cambio de la estructura de programas de control en los países; la desaparición del DDT, una herramienta muy eficaz en el control de mosquitos; y la modificación de las condiciones socioeconómicas, resurgió en los 80 y 90, transformándose en un problema regional.

Un caso distinto es el de la vinchuca que en las décadas del 50 y 60 eran mucho más numerosas que en la actualidad, debido a eficacia de los programas de control que lograron ir reduciendo las zonas endémicas de Chagas. Y en la misma línea, está la malaria, enfermedad trasmitida por el mosquito anófeles que representaba un problema grave para la Argentina en los 40 y 50, hasta que fue prácticamente erradicada con la aplicación de DDT y ahora se mantiene en raya. En el extremo opuesto, está la leishmaniasis,  que se ha ido expandiendo hacia el hábitat humano desde los 80 debido a las grandes talas de bosques que desplazó a los vectores.

Usted no coincide, entonces, con quienes afirman que en la Argentina nos hemos relajado respecto del control de ciertas enfermedades.

-Creo que a veces no se trata de relajarse sino de los intereses que se juegan. Por ejemplo, hay intereses ecologistas que plantean que el DDT no debe utilizarse porque contamina la grasa y los alimentos. Este criterio llevó a la prohibición de esta herramienta, medida que ocasionó el resurgimiento de una plaga que estaba controlada por ese producto. En la India, actualmente siguen usando DDT y la OMS aprueba su uso para controlar la malaria. Por un lado, es cierto que el DDT es muy estable y no se degrada en el ambiente; pero por otro, los impactos no deseados son relativos y no hay ningún caso reportado en la literatura de alguna persona intoxicada. Lo que se le adjudica son problemas crónicos que tampoco están fehacientemente demostrados. Vuelvo a lo que le decía antes: hay distintas realidades  e intereses encontrados. Muchas veces el interés económico promueve la prohibición de compuestos, y la sustitución de una herramienta que cuesta cinco dólares por otra de 100. Esta es una realidad en todos los ámbitos, desde los insecticidas a los fármacos.

– Llegada la primavera, ¿hay alguna previsión respecto del dengue?

-Es imposible hacerla porque los factores climáticos son impredecibles. Basta recordar la epidemia de 2009 cuando, en contra de lo que siempre se había afirmado, la enfermedad llegó a Buenos Aires, donde incluso hubo casos autóctonos.  Para tranquilidad de la gente, es bueno aclarar que, actualmente, pese a estar invadidos de mosquitos, no se trata de Aedes. Respecto del resto del país, sabemos que las zonas de mayor riesgo se concentran en el norte, pero no existe un modelo que permita prever una expansión o epidemia de dengue. Hay que estar alerta, preparados para controlar al vector, en el caso de que haya focos, y mantener baja la población de mosquitos. Este es un rol indelegable del Estado.

1 COMENTARIO

  1. Bolsilibros Bruguera, Bolsilibros Brugueraaaaaa!!. Curtis Garland. Cof1o daria el dedo pequef1o de mi pie derecho por cornleoce en persona. “Ud lleva mi cerebro”. ” Karate contra kung-fu”. Necesito leer esas novelitas.

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