Comodoro Rivadavia aún se recupera de una de las peores inundaciones de su historia. Durante la catástrofe, y los días posteriores, el Ejército Argentino tuvo un rol fundamental en la asistencia a los afectados. Por Patricia Fernández Mainardi

El general de Brigada Daniel Eduardo Varela, comandante de la IX Brigada Mecanizada del Ejército en la ciudad de Comodoro Rivadavia, dialogó con DEF sobre los trabajos realizados en la localidad, los desafíos y los aspectos positivos de la intervención de la Fuerza en la asistencia brindada.

Fotos: Gentileza Brigada Mecanizada IX – Ejército Argentino

-¿Cuáles fueron las tareas realizadas durante las inundaciones?

-En  Comodoro no suele haber muchas lluvias. En este caso Defensa Civil nos avisó que iba a haber una lluvia importante, así que preparamos los elementos de apoyo a la comunidad. Resulta que la lluvia que iba a ser de 30 mililitros llegó a ser de 280 y pico, y a los dos días, 200 más. Superó todos los promedios. Dicen que es un ciclo milenario. Viendo lo que se venía, dispuse sacar toda la logística que teníamos a disposición para evacuar gente.

-El despliegue fue impresionante, la ciudad estuvo muy agradecida con el Ejército. ¿cuántas personas trabajaron en la asistencia?

-Como sucede en otros Elementos del Ejército, tenemos un equipo de apoyo a la comunidad. Conformado normalmente vehículos Unimog y personal en apoyo. Pero en esta oportunidad llegamos a tener casi 1.800 hombres en la calle. Se sumaron también otras Fuerzas Armadas y de seguridad. Todos trabajamos coordinadamente. Cuando empezó la limpieza, y se organizó la recuperación de la ciudad, conformamos una Unidad Militar de respuesta a la emergencia, integrada por los Elementos militares que dependen de la Brigada.

Empezamos a trabajar en turnos, llegamos a tener quinientos efectivos dedicados a sacar arena. También tuvimos personal enfocado en la potabilización de agua. Con las cuatro potabilizadoras de agua y ensachetadoras, repartimos agua. También distribuimos comida y las contribuciones que llegaban, porque las donaciones se repartían con vehículos del Ejército.

Trabajamos cincuenta días corridos. Fueron muchos días de trabajo permanente. Habíamos recibido unas carpas puestos comandos, que en esta ocasión fueron muy bien utilizadas. Aprovechamos el material nuevo que habíamos recibido para poder darles mejores comodidades a nuestra gente. Nuestros soldados trabajaron con mucha responsabilidad. Pese al frío y al agua, seguíamos sacando gente y, en la segunda tormenta, fue peor porque además de agua hubo lodo. La virulencia del agua, la velocidad con que bajaba… Era lodo. Utilizamos camiones, vehículos de combate y todo lo que teníamos disponible para sacar a la gente.

-El personal que asistía, ¿también se vio afectado por el agua?

-Nosotros también nos vimos afectados por la inundación. Tuvimos soldados que perdieron todo y fueron evacuados de las zonas más vulnerables, incluso en el barrio militar tuvimos casas que se llenaron de barro. La gente perdió todo. Pese a todo, yo digo que el espíritu solidario del soldado llevaba a que le importe más los que estaban peor que ellos. Mientras trabajaban, mojados y con frío, no querían ir a descansar. La fortaleza, el espíritu de servicio, la alegría de estar trabajando y el entusiasmo ayudó a que se pueda llevar adelante la asistencia. El viceintendente [Juan Pablo Luque] nos agradeció porque él fue testigo de las vidas que salvamos. Nuestros jóvenes sacaban a la gente en brazos, cargándolas. Son escenas que no vamos a olvidar.

-¿Cual fue el mayor desafío?

-Creo que fue el control de la cantidad de gente desplegada en la calle. Nos sirvió para evaluar la experiencia, para ver los sistemas de comando y control de una operación desde el punto de vista de la cantidad de gente en la calle, de los vehículos y las actividades. El control para que no sucedan accidentes y que los apoyos lleguen fue lo más difícil. La logística fue difícil porque no solo teníamos que ayudar y apoyar a una ciudad grande sino que también teníamos que atender al personal.

-¿Cuál fue la obra más importante?

-Trabajar con palas al lado de los vecinos. Pudo haber habido otro trabajo grande, pero destaco este porque la mayoría de quienes fueron a trabajar en ese lugar fueron del Ejército. En esos lugares el personal simbolizaba la esperanza. Los vecinos sabían que todas las mañanas esos soldados iban a estar temprano y se iban a quedar hasta la noche. Yo destaco la solidaridad de nuestros soldados. En todas las calles había militares, creo que eso impactó a Comodoro.

-¿Para la Fuerza es positiva la participación en este tipo de asistencias?

-Es positivo, tenemos la capacidad de ayuda. Nuestra tarea diaria, que es prepararnos para la guerra, nos da ese plus de organización lista para un evento en el que uno pueda estar dispuesto a ir a trabajar inmediatamente con nuestros medios. No creo que exista otro elemento que tenga esa capacidad de reacción como la tiene el Ejército. Todos los días que nos estamos capacitando y adiestrándonos  hacen que la capacidad de reacción sea inmediata. Acá fue así, ordené salir y el personal salió. Es lo más positivo que tenemos. Además, tenemos presencia en todo el territorio nacional.

-En lo personal, ¿qué representó liderar una actividad así?

-Orgullo.  Pudimos responder y lo hicimos a la altura de las circunstancias. Estoy feliz con mi Brigada.