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El 14 de julio de 2015, en Viena, las potencias del G5+1 alcanzaron un histórico acuerdo con el gobierno de Teherán para supervisar su programa nuclear. Los analistas se preguntan si los compromisos asumidos por el régimen iraní serán suficientes para frenar su carrera hacia las armas nucleares.

El Plan Integral de Acción Conjunta, suscripto en el Palacio Coburgo de Viena por el canciller iraní Mohammad Javad Zarif y los representantes del denominado P5+1 y la Unión Europea, marcó un punto de inflexión en las turbulentas relaciones de la República Islámica con la comunidad internacional.

Limitaciones y restricciones

En una apretada síntesis, el acuerdo implica una drástica limitación de las actividades iraníes de enriquecimiento de uranio y reprocesamiento de combustible gastado. Durante 15 años, Teherán podrá mantener un stock no superior a los 300 kilogramos de uranio enriquecido al 3,67 por ciento. En ese mismo período, no podrá construir nuevas instalaciones para enriquecer uranio ni realizar actividades de reprocesamiento de combustible nuclear gastado. Para los niveles autorizados de enriquecimiento de uranio, a lo largo de la próxima década solo podrá utilizar 5060 centrífugas de primera generación (modelo IR-1) ubicadas en la planta de Natanz. El resto de las máquinas –se presume que Irán posee actualmente unas 19.138 centrífugas– deberá ser desactivado, bajo el monitoreo del OIEA. Se establecen, además, estrictos límites a la experimentación de modelos de centrífugas más avanzados, así como de toda otra infraestructura relacionada con el enriquecimiento, que ha quedado bajo la supervisión del OIEA.

El documento firmado en Viena prevé, además, el rediseño y modernización del polémico reactor de agua pesada de Arak, para cuya construcción las potencias del P5+1 colaborarán con Irán en la transferencia y suministro de los materiales, equipamiento y sistemas de control necesarios. Su potencia no podrá exceder los 20 megavatios y deberá ser reorientado hacia actividades de investigación y producción de radioisótopos para uso médico e industrial. El gobierno iraní se ha comprometido a remover la calandria del reactor y a mantenerla inoperable, mientras que el OIEA verificará que no sea utilizada en futuras aplicaciones nucleares. De ese modo, la comunidad internacional se asegura de que ese reactor no produzca plutonio, lo que evitará que pueda ser utilizado para la fabricación de armas de destrucción masiva. Otra infraestructura crítica afectada por el arreglo es la planta de enriquecimiento de Fordow (FFEP), que deberá ser reconvertida y transformada en un centro de investigación abierto a la colaboración internacional. Allí no podrá ser almacenado, durante 15 años, ningún tipo de material fisionable ni podrán realizarse actividades de investigación y desarrollo vinculadas con el enriquecimiento de uranio.

El levantamiento de las sanciones

Como contrapartida a las obligaciones asumidas por el gobierno de Teherán, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó una resolución que autoriza el levantamiento de las sanciones internacionales que pesaban sobre ese país. De todos modos, seguirá vigente durante cinco años el embargo de armas, en tanto que la prohibición para obtener compuestos para la fabricación de misiles balísticos se mantendrá durante ocho años. También quedarán sin efecto, entre otras medidas, las restricciones impuestas por EE. UU. y la Unión Europea (UE) a las actividades y transacciones bancarias con instituciones financieras iraníes y, en el caso de la UE, la prohibición de importar petróleo desde ese país, como así también la exportación de tecnología esencial para el sector petrolífero, gasífero y petroquímico iraní.

El fin del embargo petrolero, decretado por la UE en julio de 2012, se convirtió en un elemento crucial para la economía iraní, ya que, de acuerdo a los datos suministrados por el Banco Mundial, su PBI se contrajo en un 5,8 por ciento en el ejercicio 2012-2013 y en un 1,7 por ciento en el ejercicio 2013-2014. Por su parte, un informe de Richard Nephew, exintegrante del equipo negociador estadounidense y actual investigador del Center on Global Energy Policy de la Universidad de Columbia, subraya que en ese lapso Irán pasó de ser el tercer mayor exportador mundial de crudo en 2011, con alrededor de 2,5 millones de barriles diarios, a un nivel de 1,1 millones de barriles diarios en 2015. “El número total de clientes de Irán pasó de veinte, a finales de 2011, a solo seis: China, India, Japón, Corea del Sur, Taiwán y Turquía”, ilustraba este analista en un informe presentado en 2015, antes de la firma del acuerdo.



“C
on la liberación de las sanciones, se le da a Irán un voto de confianza y se presume empleará esos fondos para mejorar la situación general del país, más que para incursionar en futuros desarrollos militares, proliferación o financiamiento del terrorismo”.


Escepticismo y desconfianza

Apenas conocida la noticia del documento firmado en Viena, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu lo describió como “un error de dimensiones históricas” y aseguró: “El mundo es hoy mucho más peligroso de lo que era ayer”. Manifestó que el apoyo del régimen iraní al terrorismo se incrementará tras el acuerdo y comparó la situación con el fallido antecedente de las negociaciones nucleares con Corea del Norte. “Al no haber desmantelado el programa nuclear iraní, esto permitirá que en una década un impenitente y enriquecido régimen terrorista tenga la capacidad de producir armas nucleares, un arsenal nuclear completo, y estar en condiciones de utilizarlo”, sentenció ya en 2015 el premier.

Consultada por DEF, Irma Argüello, experta argentina en temas de no proliferación y titular de la Fundación NPSGlobal, reconoció que existe “un gran signo de interrogación” y afirmó que “la evolución futura de este acuerdo es muy incierta y depende, en gran medida, de la capacidad real de verificación de lo allí establecido”. “Irán se ha comportado de una manera poco transparente respecto de su programa nuclear”, explicó la analista, quien no dejó de reconocer que los negociadores iraníes han sido “extremadamente hábiles desde el punto de vista diplomático”. Aseguró, asimismo, que la posibilidad de que Teherán desarrolle un programa nuclear con fines militares “no se elimina totalmente, sino que de alguna manera se reduce”. Recordó, al mismo tiempo, que no hay consenso en la comunidad científica respecto de cuánto tiempo le demandaría a Irán, en caso de incumplir sus obligaciones, adquirir la denominada break-out capability, es decir, contar con el combustible nuclear suficiente como para fabricar una bomba. Hay quienes aseguran que esto demoraría no menos de un año y esa es justamente la hipótesis que sustenta el acuerdo de Viena; mientras que otros sitúan el momento crítico entre los dos y los tres meses.

“El acuerdo es desigual en términos de beneficios concretos”, añadió Argüello, quien señaló “la notoria debilidad del esquema de poder internacional para enfrentar casos como el de Irán”. “Por otra parte –advirtió–, con la liberación de las sanciones, se le da a Irán un voto de confianza y se presume que empleará esos fondos para mejorar la situación general del país, más que para incursionar en futuros desarrollos militares, proliferación o financiamiento del terrorismo”.

Al barajar escenarios futuros en caso que Irán decida incumplir el acuerdo, esta experta trazó tres hipótesis: “La situación puede llevar a la acción directa de algún país, por ejemplo EE.UU. o Israel, para impedir los avances hacia la bomba. Un segundo escenario es la posibilidad de que un Irán con armas nucleares dispare en la región una mayor proliferación y que, por caso, Arabia Saudita negocie con Pakistán un acuerdo de nuclear sharing. La tercera alternativa es que la comunidad internacional acepte en la práctica que Irán avance inexorablemente hacia la adquisición de un arma y se convierta en la décima potencia nuclear”. Cabe recordar que a las cinco potencias reconocidas por el Tratado de No Proliferación (EE. UU., Rusia, Francia, Gran Bretaña y China), se han sumado posteriormente India, Pakistán, Israel (aun cuando no lo admita oficialmente) y Corea del Norte.

¿Un mundo más seguro?

Los riesgos de un fracaso estuvieron todo el tiempo sobre la mesa. Sin embargo, tras arduas negociaciones, se llegó a un punto de equilibrio frágil y discutible. Lo que es innegable es que, en un contexto regional inestable y volátil, un Irán armado no hubiera hecho más que avivar las tensiones en Medio Oriente. Solo con el paso del tiempo y con la implementación en el terreno del acuerdo de Viena, podremos evaluar si las potencias que dieron a Irán su voto de confianza estuvieron o no a la altura de las circunstancias.

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Mariano Roca
Periodista y Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UBA). Se desempeña desde 2006 como integrante de la redacción de la revista DEF y ha colaborado con distintos proyectos editoriales en TAEDA.