Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Yemen, Maldivas, Bahréin y el gobierno libio de Tobruk rompieron relaciones diplomáticas con Qatar, acusándolo de respaldar el “terrorismo”.

 

Qatar rechazó la decisión “injustificada” y “sin fundamento” y denunció que su objetivo es “poner al Estado [de Qatar] bajo tutela”, algo “totalmente inaceptable”, según un comunicado del ministerio de Relaciones Exteriores qatarí.

La agencia estatal de Riad SPA informó que Arabia cortó los vínculos diplomáticos y consulares con su vecino “para proteger la seguridad nacional de los peligros del terrorismo y el extremismo”. El gobierno saudí decidió también “cerrar la fronteras terrestres, marítimas y los puentes aéreos”. Esta medida “decisiva” se debe a las “graves violaciones que cometieron las autoridades de Qatar en los últimos años”, agregó.

Además, la aerolínea emiratí Etihad Airways anunció la suspensión de sus vuelos con destino y origen en Qatar, precisando que la medida estará en vigor a partir del martes y “hasta nueva orden”.

Desde Australia, donde se encontraba de visita oficial, el jefe de la diplomacia de Estados Unidos, Rex Tillerson, llamó inmediatamente a los países del Golfo a permanecer unidos y superar sus diferencias. “Alentamos a las partes a que se sienten y traten estas divergencias”, afirmó el secretario de Estado norteamericano en Sidney. “Creemos que es importante que el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) permanezca unido”, agregó.

También el ministerio de Relaciones Exteriores de Egipto informó que El Cairo decidió “poner fin a sus relaciones diplomáticas con el Estado de Qatar”, argumentando que Doha apoya el “terrorismo” y señalando que quedan cerradas todas las rutas marítimas y áreas entre los dos países.

Qatar era uno de los principales apoyos del expresidente islamista egipcio Mohamed Mursi, derrocado en 2013 por el exjefe de las fuerzas armadas y actual presidente egipcio, Abdel Fatah al Sisi. Desde entonces ambos países tienen vínculos muy tensos. El comunicado egipcio mencionaba “el fracaso de todas las tentativas para disuadir (a Qatar) de apoyar a organizaciones terroristas”.

Algunos expertos temen que la situación actual se parezca a la crisis de 2014, que implicó la llamada de varios embajadores de países del Golfo destacados en Doha, en especial por acusaciones de que el país apoyaba a los Hermanos Musulmanes.

La semana pasada el emir de Qatar viajó a Kuwait para reunirse con el emir jeque Sabah al Ahmad al Sabah, lo que fue considerado como un intento de obtener una mediación.

Además, Qatar quedó expulsado de la coalición militar árabe que interviene en el conflicto en Yemen. La coalición, encabezada por Arabia Saudita, justificó la decisión debido al supuesto apoyo de Catar a organizaciones yihadistas como Al Qaeda y el grupo Estado Islámico en Yemen, según un comunicado difundido por la agencia oficial saudita SPA.

La coalición liderada por Arabia Saudita interviene hace más de dos años en el conflicto en Yemen en apoyo al gobierno de Abd Rabo Mansur Hadi, en su lucha contra los rebeldes hutíes, un grupo de milicias chiitas. El conflicto yemení ya ha provocado más de 8.000 muertos y 45.000 heridos, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Arabia Saudita, dotada de las Fuerzas Armadas mejor equipadas de Oriente Medio después de las de Israel, es uno de los principales compradores de armas del mundo y es también uno de los aliados más cercanos de Estados Unidos en la región, frente a Irán y contra el grupo Estado Islámico (EI) en Siria e Irak.

Doha enfrentaba hace tiempo acusaciones de ser un Estado que apoya al “terrorismo”. Muchos le reprocharon su apoyo a grupos rebeldes que luchan contra el presidente sirio Bashar al Asad y varios nacionales han sido sancionados por el Departamento del Tesoro en Estados Unidos, acusados de financiar actividades “terroristas”.