Michel Temer le pidió a los brasileños tener confianza en que el país saldrá de su grave crisis, al asumir interinamente la presidencia en sustitución de Dilma Rousseff, apartada del poder por 180 días mientras se sustancie su juicio político.

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El político centrista de 75 años llamó a apoyar a un gobierno de “salvación nacional” que buscará sacar a la mayor economía de Latinoamérica de una profunda recesión y resolver la inestabilidad política y los escándalos de corrupción.

“Es urgente que calmemos al país y unamos a Brasil”, dijo Temer tras la ceremonia en la que presentó a su gabinete. “Partidos políticos, líderes, organizaciones y el pueblo de Brasil cooperarán para que el país salga de esta grave crisis”.

Temer, quien viene de ser el casi desconocido vicepresidente de Brasil, dijo que su Gobierno será amigable con los mercados y mantendrá los populares programas sociales que marcaron los 13 años del Partido de los Trabajadores (PT) en el poder.

Su asunción representa un dramático cambio de guardia en Brasil. Rousseff, una izquierdista que lleva en el cargo desde 2011, abandonó el Palacio Presidencial de Planalto, en Brasilia, horas después de la votación del Senado.

Temer, un constitucionalista de 75 años que lleva décadas en el Congreso y tuvo un amargo desencuentro con Rousseff el año pasado, enfrenta el desafío de rescatar a la novena economía mundial de su peor recesión desde la Gran Depresión.

El presidente interino nombró como ministro de Hacienda al ex jefe del Banco Central Henrique Meirelles, dentro de un gabinete reducido de 23 carteras, con el mandato de reformar el costoso sistema de pensiones.

El Senado deliberó por más de 20 horas antes de votar poco después del amanecer del jueves por 55-22 en favor de enjuiciar a Rousseff por cargos de que maquilló el tamaño del déficit presupuestario para que la economía pareciera más saludable antes de su reelección en 2014.

Rousseff afirmó que luchará para demostrar su inocencia en un proceso que podría prolongarse durante seis meses. En un desafiante discurso antes de irse, reiteró su postura de que el juicio político es “fraudulento” y lo volvió a calificar como un “golpe” de Estado.

“He cometido errores, pero no he cometido ningún crimen”, afirmó. El ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, enfrentado ahora a cargos por corrupción, permaneció detrás de Rousseff, contemplando abatido el fin a la estadía del PT en el poder.

Rousseff estuvo flanqueada por decenas de ministros salientes. Aunque muchos lloraron, ella se mantuvo impasible.

“Nunca imaginé que sería necesario luchar de nuevo contra un golpe en este país”, afirmó en referencia a su combate contra la dictadura militar de Brasil cuando era joven. Poco después, le habló a miles de seguidores que la esperaban, muchos vestidos con el tradicional rojo del PT y gritando “¡Fuera Temer!”.

“Es una hora trágica para el país”, aseguró Rousseff, quien calificó su suspensión como un intento de los conservadores de acabar con los avances sociales y económicos del PT.

La formación surgió del movimiento laboral de Brasil y en los años de presidencia de Lula desde 2003 ayudó a sacar a millones de personas de la pobreza antes de que el país cayera en la recesión y los escándalos, con muchos líderes implicados en investigaciones por corrupción.

Rousseff, una economista de 68 años y ex integrante de un grupo guerrillero marxista que se convirtió en la primera mujer presidenta del país, negó haber cometido irregularidades y aseguró que las acusaciones tienen motivaciones políticas.

Pese a su promesa de batallar, es improbable que sea absuelta en el juicio. La amplitud de su derrota mostró que la oposición tiene el apoyo para alcanzar los dos tercios que necesita para condenarla y apartarla del cargo definitivamente.

Como jefa de Estado suspendida, Rousseff podrá seguir viviendo en su residencia oficial, tener personal a su servicio y usar un avión de la Fuerza Aérea.

Fuente: Reuters