El agua, “el activo más preciado” del planeta entero, está en un grave peligro, pero la humanidad aún está a tiempo de salvarlo. Es el mensaje de Alexandra Cousteau, ambientalista y heredera de la tradición iniciada por su abuelo Jacques. Entrevista de Nadia Nasanovksy

Por Nadia Nasanovsky

Desde que se sumergió en el agua por primera vez con su abuelo, a los 7 años, a Alexandra se le abrió “un mundo completamente nuevo”, pero ese universo subacuático que la maravilló y que se convirtió en su pasión y en su vocación en la vida adulta, ya no es el mismo hoy, y Alexandra dedica su vida a recuperarlo y a inspirar a otros a sumarse y dar batalla.

“Los océanos hoy ya no son más los mismos. Lo que conocí como niña ya no existe, nunca volverá”, aseveró. “Es difícil ver el daño de un primer vistazo, pero existe”, señaló. Como las principales amenazas destacó la desaparición del 90% de los peces, la desaparición de los arrecifes de coral y el hecho que los océanos se hayan vuelto un 30% más ácidos, entre otras.

El cambio climático, de acuerdo con Cousteau, está directamente vinculado con el deterioro de los océanos, ya que el agua funciona como vehículo, absorbiendo el dióxido de carbono y volviéndose más ácida.

Pero este panorama, si bien es preocupante, tiene solución. “Es deprimente, pero hay que pensar que hay muchas oportunidades para recuperar los océanos vibrantes, abundantes, y usarlos para restaurar la biodiversidad y para alimentar a centenares más de personas”, explicó Cousteau. “Si protegemos los océanos, nos protegemos a nosotros mismos, a nuestras economías y nuestro futuro”, añadió.

Las principales acciones en esta dirección, y en las que se concentra Oceana, la ONG que lidera, son detener la sobrepesca, controlar la pesca incidental y proteger las zonas de cría.

“Comer atún es como comerse un panda”

Cousteau subrayó además el rol de los individuos en la batalla por proteger los océanos. La ambientalista hizo un llamado a los presentes en el congreso a convertirse en exploradores, pero no en el sentido tradicional de ser el primero en hacer algo, sino de ser el que desarrolla nuevas ideas para proteger el planeta.

“Como individuos, tenemos que cambiar comportamientos, hábitos, y no verlo como un sacrificio, sino como una inversión para el futuro que queremos”, destacó. Para Cousteau, esto no significa dejar de usar los recursos del mar, pero hacerlo de forma consciente, y en base a los conocimientos científicos. Por ejemplo, para la experta, a la hora de comer pescados, es importante optar por los más pequeños, que se reproducen más rápidamente. “Comer atún es como comerse un panda”, aseguró.

“Tenemos que honrar la fuente original de vida y asegurarla para las generaciones futuras”, sostuvo.


En diálogo con DEF

“LA CONTAMINACIÓN ESTÁ VACIANDO NUESTROS OCÉANOS”

-¿Por qué es el agua lo más preciado que tenemos?

-Es lo que asegura que nuestro planeta sea habitable, lo que nos garantiza el alimento, lo que nos nutre… ¡Lo es todo!

-¿Cuáles son las principales amenazas que enfrenta en la actualidad?

-Son muchas y enormes. Hay cada vez más zonas muertas, donde hay solo polución en lo que deberían ser áreas productivas de nuestro planeta, la contaminación por plástico, la acidificación, la sobrepesca, que está vaciando nuestros océanos… Pero todo esto lo podemos cambiar si actuamos ya, y no hace falta convencer a 120 países, ya que el impacto más grande sobre los océanos lo tienen un pequeño puñado de naciones.

-¿Qué debería hacer Argentina?

-Lo mismo que todos los demás países, pero Argentina ya ha empezado, creando áreas protegidas, lo que no es nada fácil porque requiere explorar y definir cuáles son las áreas importantes del océano, y luego convencer a las diferentes partes interesadas de que realmente las protejan y que no vayan ahí, empezando por los pescadores, lo que puede ser particularmente difícil.

-¿Y en cuanto a los individuos? ¿Cuáles son sus responsabilidades?

-Las decisiones individuales son muy importantes. Muchas personas están realmente preocupadas por el medioambiente, pero no cambian sus hábitos. Deberíamos salir a protestar, firmar peticiones, demandarles a nuestros representantes que tomen acción por el cambio climático. Deberíamos conducir autos eléctricos, o híbridos, comer menos carne, y más vegetales orgánicos cultivados localmente, lejos de los organismos modificados genéticamente. También comer pescados de forma sustentable.

-¿Cómo alentar a las personas para que emprendan estos cambios?

-A la gente le gusta ser coherente, que su comportamiento y sus valores estén en la misma línea. Porque así es que nos sentimos en paz con nosotros mismos, adquirimos un propósito en la vida, estamos felices con nuestras vidas. No podés ir por la vida diciendo que te preocupa el cambio climático y comiendo carne todos los días, no tiene lógica. Yo, por ejemplo, no tengo auto, si tuviera, sería uno eléctrico. No como carne, no como pescado y solo uso productos de limpieza biodegradables en mi casa, y de ser necesario, los hago yo misma con vinagre y bicarbonato de sodio. No compro cosas que no necesito, solo tengo cosas que me traen alegría a la vida. Todos estos pequeños cambios me han hecho feliz. Pero lo más importante es que hay que hablar de esto con todo el mundo, con toda la gente que se pueda, ¡como Jesús!

-¿Qué impacto cree que tendrá el gobierno de Trump en el medioambiente?

-¡Nadie sabe! Pero su gabinete da miedo, el Partido Republicano da miedo. Lloré por dos semanas después de las elecciones, no tanto por Hillary, sino por la ola de odio que se expandió en el país… Con los crímenes de odio, el retroceso que significa en todas las victorias medioambientales y en materia de derechos civiles, en todo lo que significa valorar la calidad de vida y los ideales progresistas.

-¿Qué deberían hacer los estadounidenses? ¿y el resto del mundo?

-Los estadounidenses tienen que pelear. Más duro que nunca y de múltiples maneras: votando, firmando peticiones, haciendo marchas en Washington, de manera de sacar a estos políticos de sus cargos en dos años. Tienen que dar fondos a ONGs para que ellas puedan luchar, tienen que ir a los tribunales, tienen que pelear. El resto del mundo también tiene que hacer que Trump y los estadounidenses rindan cuentas por el cambio climático y sus efectos en el planeta entero, y en particular en los países más pobres. Así que, espero que Argentina y los argentinos den un paso al frente en esto y sean más fuertes que nunca.