Solo en Argentina, hay 400.000 personas con diabetes tipo 1. Por primera vez, un grupo de científicos argentinos del Conicet desarrolló un páncreas artificial, que permite controlar la glucosa en sangre de manera automática. Aquí, los detalles del primer ensayo clínico que se realizó con éxito a cinco pacientes en el Hospital Italiano. Por Javier Godoy.

Una de las funciones del páncreas es producir insulina, hormona fundamental para la regulación de azúcares o glucosa en sangre. Cuando este órgano deja de producirla, aparece la diabetes. En Argentina, hay cuatro millones de pacientes con diabetes. El diez por ciento, es decir, unos 400.000, tiene diabetes tipo 1. Las personas que padecen esta enfermedad deben medirse varias veces al día los niveles de glucosa e inyectarse insulina para regular su presencia en sangre. Con el objetivo de evitarles esta tarea, el doctor en Ingeniería Ricardo Sánchez Peña –investigador superior del Conicet y actual director del Departamento de Investigación y Doctorado del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA)– desarrolló, junto a un equipo de profesionales, el ARG (Automatic Regulation Glucose): un algoritmo que permite la regulación automática de la glucosa en sangre de quienes sufren diabetes del tipo 1. De esta manera, el paciente se desentiende y mejora sustancialmente su calidad de vida.

LA “COCINA” DEL PÁNCREAS

Ricardo Sánchez Peña nació en Mendoza, vivió en Estados Unidos y España, y trabajó en Alemania. Durante casi dos décadas, se dedicó al control automático en el área espacial. “Mi tarea consistía en mantener un satélite en órbita, apuntando hacia la Tierra con una cierta precisión de forma automática”, cuenta. Cuando volvió al país en 2009, con un plan de repatriación de científicos, Sánchez Peña quiso cambiar el rumbo de su trabajo hacia la medicina. En ese camino, conoció a un colega que tenía un nieto de tres años con diabetes de tipo 1. “Empecé a interesarme en el tema y entendí que se trataba de un problema de control automático. Así que comencé a armar el proyecto”, explica.

Antes de trabajar sobre pacientes, Sánchez Peña y su equipo lo hicieron sobre un simulador computacional desarrollado por la Universidad de Virginia (EE. UU.), que representa la dinámica del cuerpo humano y que está validado por la FDA (Food and Drug Administration). “Como las pruebas fueron exitosas, no hubo necesidad de hacerlas con animales. Pasamos directo a cinco pacientes adultos del Hospital Italiano”, dice el investigador. Los próximos testeos se realizarán en el Hospital Garrahan, con ocho pacientes adolescentes. “Nos resta completar el trabajo con niños y desarrollarlo en el ámbito ambulatorio, de manera que puedan irse a su casa y hacer su vida normal”, agrega.

–¿De qué manera funciona el páncreas artificial?
–Está compuesto por un medidor que se encuentra debajo de la piel y calcula los niveles de glucosa subcutánea que, a su vez, son un indicador del nivel en el torrente sanguíneo. Además, tiene otro aparato que es una bomba, que también va debajo de la piel e inyecta una determinada cantidad de insulina. La bomba y el medidor ya existían. Lo novedoso es el algoritmo que desarrollamos nosotros y que llamamos ARG: un programa de computadora basado en modelos matemáticos que lee por Bluetooth el medidor de glucosa y envía una señal a la bomba de insulina, con la que la regula en forma automática.

–¿Cómo es el proceso a través del cual se inyecta la insulina?
–Cuando una persona se alimenta, sube su nivel de glucosa. Con los algoritmos que se usan (llamados híbridos), en el momento en que el paciente va a comer, se tiene que indicar la cantidad de hidratos de carbono que va a ingerir. En las pruebas que hicimos, simplemente anunciábamos en qué momento comía. Ya en las próximas no va a hacer falta, porque el ARG apunta a una mayor autonomía. Entonces, cuando el paciente coma, el propio algoritmo va a inyectarle automáticamente la cantidad de insulina necesaria para mantener el nivel de glucosa.



“La función del páncreas artificial es que el paciente se desentienda de la enfermedad y no tenga que estar pendiente de la insulina que debe inyectarse para mantener su nivel de glucosa”.



–El cambio en la calidad de vida es abismal…

–Sí. Muchos pacientes tienen que controlar sus niveles de glucosa e inyectarse cinco o seis veces al día, de acuerdo con la indicación del médico. Lo que queremos es sacarles toda esa carga. La función del páncreas artificial es que el paciente se desentienda de la enfermedad y no tenga que estar pendiente de la insulina que debe inyectarse para mantener su nivel de glucosa.

–¿Costó financiar el proyecto?
–Tenemos el apoyo de la Fundación Nuria en Argentina y el de su contraparte en España, la Fundación Cellex. Ellos nos han aportado los fondos para hacer las pruebas que realizamos hasta el momento. Lógicamente, estamos tratando de conseguir más recursos para acelerar los pasos y llegar lo antes posible a un prototipo que el Ministerio de Salud pueda distribuir de forma gratuita o de acuerdo a los ingresos de cada paciente.