Algunas casas de estudio ya empiezan a adaptar sus instalaciones y su currícula para adecuarse a los requerimientos laborales que impone el futuro cercano. Aquí los casos del ITBA y la Universidad Empresarial Siglo 21.

Ante el futuro incierto que plantea la tecnología en torno al trabajo y las diversas actividades humanas, ¿cómo preparar a los estudiantes universitarios para que se conviertan en profesionales exitosos? ¿Qué habilidades fomentar? ¿Qué conocimientos privilegiar y cómo transmitirlos mejor? Las respuestas a estas preguntas son aún esquivas, aunque algunas pistas ya permiten empezar a bosquejar el camino correcto.

“Si volviera a ser joven, estudiaría algo relacionado con sistemas”, aseveró Patricio O’Gorman, profesor de Estrategia Digital y coautor del libro Diginomics, que analiza cómo la tecnología transforma el mundo de los negocios. Para el especialista, los profesionales de esta área son las que podrán más fácilmente reconvertirse laboralmente en los campos que más puestos de trabajo generarán: la robótica, la inteligencia artificial y la nanotecnología.

Sin embargo, más allá de esta carrera, O’Gorman subraya que hay dos grandes grupos de habilidades que las máquinas no van a poder reemplazar en el corto plazo. “La primera tiene que ver con la empatía, lo social, lo colaborativo, como los terapeutas ocupacionales, los asistentes terapéuticos, incluso los dentistas. La otra son las matemáticas en sentido amplio, para la toma de decisiones que abarque muchas dimensiones, incluidas las sociales, con criterios difíciles de ponderar por una máquina, como en el caso de un gerente financiero de una empresa”, detalló.

En el mismo sentido, Andrés Agres, director la Escuela de Ingeniería y Gestión del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), señaló en diálogo con DEF que los trabajos que van a desaparecer en el futuro son aquellos que implican tareas repetitivas, donde los humanos pueden ser reemplazados fácilmente por máquinas, mientras que lo relacionado con el desarrollo de tecnología y con el trato con las personas, como enfermería o trabajo social, van a seguir requiriendo mano de obra humana.

“El futuro del trabajo traerá trabajos cada vez más interesantes, lo que realza la necesidad de formar profesionales pensantes y no personas que simplemente conozcan recetas y las repitan”, aseveró quien se encarga de formar a los que estudian algunas de las carreras, cuyo futuro parece estar más asegurado en este nuevo escenario.

Un informe de la consultora Accenture sobre el futuro del trabajo en Argentina respalda esta perspectiva y subraya que las habilidades y talentos que se deberán desarrollar para no quedar afuera de la fuerza laboral en los próximos 15 años en el país son: liderazgo y coordinación de equipos, inteligencia social, creatividad, habilidades analíticas, percepción sensorial, entre otras. La firma destaca que solo el 9 % de los empleos que hacen mayor uso de habilidades de inteligencia social, creativas o de liderazgo serían completamente automatizadas en los próximos años.

“Los ingenieros se siguen preparando como se han formado siempre, en el pensar, en su capacidad de adaptarse, de resolver problemas, más allá de las tecnologías particulares”, explicó Agres. “Lo que sí es nuevo es el advenimiento de computadoras más potentes que posibilitan la generación de muchos más datos mucho mejor, y eso lleva a volver hacia lo analítico, al manejo de herramientas analíticas, con el objetivo de reducir la incertidumbre a la hora de tomar decisiones”, señaló.

Sin embargo, el especialista advirtió que “los problemas para los ingenieros dejaron de ser tecnológicos únicamente y se convirtieron en sociales también, con un mayor componente humano”. El desafío para los educadores en especialidades técnicas, según Agres, es poder brindar, en cinco años de carrera, una cantidad de conocimiento tecnológico cada vez mayor, por un lado, y preparar a los alumnos para desarrollar habilidades de interrelación, de manejo de equipos y de comunicación, por el otro. “Hoy creció la complejidad de los problemas a resolver, sobre todo teniendo en cuenta el componente social. Hoy no solo hay que construir un puente, sino asegurarse el consenso de la comunidad”, detalló.

Para ello, en el ITBA crearon un departamento de innovación educativa que brinda apoyo a las unidades académicas, que depende directamente del rector. También adquirieron una plataforma tecnológica con el objetivo de personalizar el proceso de aprendizaje, que permite recolectar datos individualizados para entender cómo avanza cada alumno en cada materia, a la vez que brinda la posibilidad de generar feedback entre el profesor y el estudiante.

“La incertidumbre reina, nadie sabe a ciencia cierta cuál es el próximo paradigma y cómo implementarlo con la tecnología”, señaló Agres. “Pero el camino, en nuestra opinión, pasa por la personalización del proceso de aprendizaje, en lograr que los estudiantes estén motivados, y cambiar la manera de evaluarlos, que ya no sea más pedirles que en una hoja reproduzcan conocimientos de memoria”, subrayó.

INFRAESTRUCTURA PARA EL FUTURO

Además de adaptar programas de estudio y organigramas, la infraestructura es un aspecto clave en cualquier proceso de aprendizaje. DEF recorrió las instalaciones de dos universidades que están poniendo el foco en esto, el ITBA y la Universidad Empresarial Siglo 21, para descubrir cómo aplican la arquitectura sustentable y la tecnología más innovadora para acompañar las nuevas formas de enseñar.

En 2016, el ITBA inauguró una nueva sede con casi 7000 m2 , no solo de aulas y laboratorios sino también canchas y espacios de esparcimiento y un auditorio para 300 personas. Ubicado en el distrito tecnológico de la Ciudad de Buenos Aires, el edificio, de dos pisos, cuenta con paneles solares para abastecer parte del consumo energético de los laboratorios y mallas que absorben el calor en verano y mantienen la temperatura en invierno.

“Queríamos que esta nueva sede fuera flexible, en la configuración de las aulas y los laboratorios, para que los chicos pudieran experimentar en el lugar, que aprendieran experimentando, que es la base de la motivación”, explicó Agres. Actualmente cursan aquí los estudiantes de Ingeniería Mecánica e Informática.

DEF realizó un recorrido por las instalaciones que comenzó en la planta baja, donde se encuentra el Centro Integrado de Desarrollo en Ingeniería Mecánica (CIDIM), con áreas especiales destinadas al tratamiento de energías renovables, depósito de material inflamable y ensayos de alta complejidad. Allí, los alumnos se organizan en turnos para trabajar en las distintas instalaciones, ya sea para sus trabajos finales, prácticas o bien proyectos extracurriculares.

El CIDIM cuenta con un laboratorio de ingeniería de materiales; boxes con buggies todo terreno que los alumnos preparan para competir en carreras internacionales, y autos de fórmula desarrollados casi por completo por los estudiantes de la especialidad automotriz. También tiene un área mecánica, donde se trabaja en la construcción de los chasis de los autos. Por último, se accede al área de energía, donde se trabaja en energía convencional, por ejemplo con el desarrollo de termotanques, mediante convenios con empresas, y no convencionales, que incluye un proyecto para producir cloro a partir de energía solar.

En el primer piso, hay laboratorios con una veintena de máquinas a disposición de los alumnos, y aulas flexibles con paneles móviles que permiten ajustar los espacios dependiendo de la capacidad que se desee. También se encuentran allí los laboratorios de videojuegos y de captura de movimientos. Por último, el segundo piso alberga el Centro de Inteligencia Computacional, donde se trabaja en proyectos puntuales, liderados por docentes, a los que se suman alumnos.

EN EL CENTRO DEL PAÍS

En el interior del país, también enfrentan el desafío de formar a los profesionales del futuro. La Universidad Empresarial Siglo 21 inauguró para este ciclo lectivo 2017 el edificio Experimenta 21, que busca, mediante la implementación de las nuevas tecnologías, simular lo más posible la realidad con la que el alumno se va a encontrar a la hora de ejercer su profesión.

“Experimenta representa un salto cualitativo en el modelo académico, en la práctica educativa”, aseguró Elisa Parero, responsable académica del proyecto, en diálogo con DEF en el campus de la universidad en Córdoba. El proyecto recurre a los últimos avances tecnológicos para volver a la esencia de los procesos de aprendizaje, a la experimentación, a los formatos de taller y a fomentar competencias como la colaboración y la autoregulación.

Tras un año de construcción, el edificio fue inaugurado en octubre pasado y se puso a disposición de los alumnos a partir de este año lectivo. Son 1400 m2 distribuidos en 11 pisos, en una estructura sustentable que busca aprovechar al máximo la luz natural y tiene previsto un sistema de ventilación con aire enfriado en estanques de agua de lluvia recuperada.

Allí, estudiantes de todas las carreras cursarán materias prácticas y teóricas en aulas, talleres y laboratorios. “Hasta en las materias más blandas se pueden hacer prácticas aquí, por ejemplo en Sociología se pueden usar herramientas de realidad virtual u hologramas para abordar temas como la violencia de género o el bullying”, explican desde la universidad.

En la planta baja funciona el Centro de Sustentabilidad, de empleabilidad y de internacionalización, mientras que en el primer piso hay un espacio de coworking, diseñado para desarrollar el emprendedurismo. En el segundo piso funciona el simulador de mercado de valores y finanzas, con el simulador Global Investor, con sillas móviles de diferentes colores que permiten a los alumnos organizarse rápidamente en grupos para acceder a las bolsas del mundo en tiempo real.

La carrera de Diseño de Indumentaria de la universidad cuenta con su propio espacio en el tercer piso del Experimenta, con un taller equipado de máquinas de coser, mesas altas para diseñar y pantallas interactivas con acceso a Internet vía WI-FI.

A partir del cuarto piso se accede a los laboratorios con distintos simuladores. El de toma de decisiones, el de diseño y animación, los de física, matemática y química, y el jurídico, con el cual los alumnos de Abogacía simulan la instancia de juicio oral.

En el séptimo piso se encuentra el laboratorio de Legos, que sirve no solo para las carreras de programación y robótica, sino también para las humanidades, con docentes que ensayan consignas para diseñar la representación de prácticas o conductas organizacionales, por ejemplo, mediante las distintas piezas Lego. El objetivo, según explican los docentes, es plantear trabajos prácticos que fomenten la concentración, independientemente de la carrera. En este mismo nivel está el laboratorio de realidad virtual, que utiliza dispositivos Occulus Rift con programas específicos diseñados por especialistas a pedido de los profesores.

El Experimenta se completa con un espacio de holografía, para el cual los docentes tienen la posibilidad de grabar su propio material en estudios de la misma universidad, y con un taller de impresión en 3D para los estudiantes de diseño industrial.

El edificio inaugurado por la Siglo 21 es la primera etapa dentro de un plan con varios proyectos estratégicos de la institución, que tienen como objetivos la personalización de los procesos de aprendizaje y lograr el aprendizaje activo en los alumnos, con la experimentación como base de cada clase. “La primera fase, que es esta, es para los alumnos presenciales, y estamos trabajando en una segunda para llegar a los alumnos virtuales, por ejemplo, mediante aulas virtuales con simuladores de negocios, o con softwares para trabajar la oralidad, o videojuegos académicos o escenas del crimen virtuales para nuestra Tecnicatura en Investigación de la Escena del Crimen”, explicó Parero.