Entrevistado por el semanario alemán Der Spiegel, el primer ministro Fayez Sarraj aseguró que, tras décadas de dictadura y luego de una revolución violenta, su país fue abandonado por Occidente, aunque reconoció que hoy está recibiendo apoyo en su lucha contra el Estado Islámico.

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“Hubo un vacío de seguridad en Libia después de 2011”, reconoció el premier, quien se encuentra al frente del gobierno internacionalmente reconocido y que se estableció en Trípoli en marzo pasado, pero aún no ha sido investido formalmente del poder por el Parlamento que funciona en la ciudad de Tobruk, en la región oriental de la Cirenaica.

Serraj admitió que EE.UU. está ayudando a su administración en la lucha contra el terrorismo, en particular en la batalla por la recuperación de la estratégica localidad de Sirte, bastión del ISIS en el país. En cuanto al caos interno libio, Serraj se mostró preocupado por la insubordinación del general Khalifa Haftar, fuerte en el este del país, quien se niega a reconocer al gobierno central.

En la entrevista, el premier libio también se refirió al problema de la inmigración ilegal desde las costas de su país hacia Europa. “La crisis tiene tres dimensiones: una humanitaria, otra financiera y una tercera criminal. Libia es un puente hacia Occidente tanto para los migrantes como para los traficantes. Lamentablemente, en el sur de nuestro territorio, el desierto es muy amplio y las fronteras se encuentran abiertas”, señaló.

Rechazó tajantemente que su país pueda convertirse en un Estado fallido. “Nuestro pueblo ha sufrido mucho y tiene derecho a lograr la prosperidad y la seguridad”, destacó, al tiempo que solicitó a los europeos ejercer mayor presión sobre los países vecinos, Chad, Níger y Malí.