Considerada una de las organizaciones no gubernamentales más grandes a nivel global, Greenpeace está cumpliendo un cuarto de siglo de trabajo en la Argentina. Conversamos con su director ejecutivo, Martín Prieto. Por Susana Rigoz / Foto: Fernando Calzada

Autodefinida como una organización internacional independiente que pone en evidencia los problemas ambientales globales a través de la no violencia, Greenpeace se jacta de no haber recibido jamás un centavo de empresa, gobierno o partido político, hecho que le permite accionar sin ningún condicionamiento.

-¿Cómo nació Greenpeace internacional?

-Nació en 1971, cuando un grupo de personas preocupado por las pruebas nucleares que Estados Unidos planeaba realizar en Amchitka, una isla de Alaska de gran valor ecológico, decidió hacer algo más que protestar. Por esta razón alquiló un barco pesquero -el Phyllis Cormak- y fue hacia Alaska, con el objetivo de interponerse entre la Armada americana y la isla, evitando que se llevaran a cabo las pruebas. Los integrantes de este grupo inicial pensaron en unir dos palabras que demostraran su preocupación por el planeta y su oposición a las armas nucleares, y así surgió el nombre: Greenpeace. Aunque el barco nunca llegó a destino, porque la guardia costera los detuvo y la bomba fue detonada, la difusión de sus actividades a través de la prensa fue tan importante que, ese mismo año, el gobierno estadounidense anunció el cierre de su plan nuclear.

-¿Cómo pasó Greenpeace de ser una organización pacifista al ambientalismo?

-La evolución fue natural, considerando su surgimiento y modo de plantear las acciones desde sus orígenes. Siempre la idea central fue el logro de objetivos ambientales mediante intervenciones pacíficas.

-¿Cuáles son los principios que rigen la organización?

-Son tres los más importantes, el primero de los cuales es la independencia. Somos una organización sin fines de lucro, que no acepta donaciones de gobiernos, empresas o partidos políticos y cuyo trabajo es totalmente financiado por nuestros socios en todo el mundo. Nuestra independencia económica garantiza transparencia y libertad de expresión, nos permite accionar sin ataduras para denunciar o proponer lo que resulte conveniente. Esto nos pone en una situación singular, ya que somos pocos los que gozamos de este privilegio. En segundo lugar, la no violencia, un requisito esencial que se manifiesta en cada una de nuestras acciones y testimonios, sin importar si nuestros interlocutores son gobernantes, ciudadanos, empresas o instituciones. Por último, nuestra característica más evidente es la acción directa. Greenpeace trabaja usando la acción directa no violenta para llamar la atención pública hacia los problemas del medio ambiente y demuestra que esa postura es una alternativa eficaz de comportamiento. Todas las acciones que desafían a empresas y gobiernos a cambiar su actitud, presionándolos para encontrar nuevas soluciones a viejos problemas, son pacíficas.

-¿Es suficiente el aporte de los socios para sustentar campañas tan complejas como las que llevan adelante?

-Sí, porque estamos hablando de más de 3 millones de individuos en todo el mundo, 85.000 de los cuales pertenecen a la Argentina, que aportan pequeñas sumas. Esto es clave para nuestra independencia, ya que cualquier socio que quiera oponerse a lo que planeamos hacer puede retirarse de la organización sin afectar nuestras decisiones. Nadie puede decirnos qué hacer y qué no. Nuestros libros contables son auditados cada año y publicamos una rendición anual de nuestros gastos para asegurar el uso transparente de los fondos que los socios aportan. Los reportes anuales de gastos pueden verse en nuestra web: www.greenpeace.org.ar.

En la actualidad, ¿en cuántos países está presente y cuántos socios alcanza?

-Nuestra oficina central se encuentra en Amsterdam, Holanda, y cuenta con oficinas en 43 países en todo el mundo. Tenemos 3 millones de socios en todo el mundo y 11 millones de ciberactivistas, lo que nos convierte en la organización más grande del mundo.

-¿Cómo nació la filial argentina y cuál es su realidad a 25 años de su creación?

-Oficialmente, Greenpeace Argentina se inauguró el 1º de abril de 1987 y fue la primera oficina que se abrió en un país en vías de desarrollo. El pequeño grupo de voluntarios, que había empezado a trabajar en 1986, decidió que lo mejor era comenzar a ocuparse del tema de residuos tóxicos, exigiendo que se prohibiera la producción, importación, venta y uso de 12 compuestos químicos. Esa fue la primera campaña. Desde entonces, Greenpeace Argentina fue creciendo y avanzando sobre diversos problemas ambientales: la sobrepesca, la contaminación de las aguas, el destino de la basura, el cambio climático, el desmonte de los bosques nativos. En la actualidad, Greenpeace Argentina es la organización ambientalista más grande del país, la sede central se encuentra en la ciudad de Buenos Aires, donde trabajan 40 personas, y cuenta con grupos de voluntarios en Rosario, Córdoba y Mar del Plata.

-¿Cómo eligen los temas en los cuales involucrarse?

-Las campañas son globales, y tienen un anclaje en la realidad local. Se realizan estudios e investigaciones desde todas las áreas que conforman Greenpeace, teniendo en cuenta la coyuntura y las urgencias ambientales en nuestro país y a nivel mundial. Estos ejes van direccionando nuestro trabajo, que es sumamente planificado pero flexible.

-¿Cuáles son las campañas más importantes que están llevando a cabo en la Argentina?

-Estamos trabajando en varios frentes, las campañas se sostienen a lo largo de los años y van tomando distintos aspectos de cada problema ambiental. En la campaña de bosques, seguimos trabajando para que se cumpla la ley nacional que logramos que fuera sancionada en 2007. En este momento estamos monitoreando el cumplimiento de la ley en la provincia de Chaco, donde los sistemas silvopastoriles amenazan los bosques. En la campaña contra la contaminación, tenemos tres líneas principales actualmente: el cumplimiento de la Ley Basura Cero en la jurisdicción de la ciudad de Buenos Aires; la aprobación pendiente en el Congreso Nacional de una ley que regule el destino de la basura electrónica, que es la fracción más contaminante de los residuos; y, por supuesto, el tema del saneamiento del Riachuelo, en el cual la Corte Suprema nos designó, junto a otras organizaciones y al Defensor del Pueblo, para controlar el fallo que ordena a los estados sanear la cuenca. En lo relacionado con cambio climático, trabajamos por la promoción de las energías limpias y, en este momento, nos sumamos a ni