Iván Duque, favorito en las encuestas, junto a su rival Gustavo Petro, en uno de los debates presidenciales. / Foto: AFP

El próximo domingo 27 de mayo tendrá lugar la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Sin un ganador claro a la vista, los sondeos anticipan que el sucesor de Juan Manuel Santos saldrá del ballotage del 17 de junio. ¿Quiénes son los principales candidatos? Por Pablo Leonardo Uncos (Corresponsal, analista internacional)

El próximo domingo 27 de mayo, los colombianos concurrirán a la primera vuelta de la elección presidencial, en unos reñidos comicios donde el odio al candidato contrario podría superar las lealtades y los amores al candidato propio. A pocos días de votar, en un clima de polarización y ánimos exacerbados, un dato empieza a imponerse frente a toda especulación: según los sondeos previos ningún candidato obtendrá la victoria en primera vuelta, de modo que habrá que esperar hasta el ballotage del 17 de junio para saber quién será el hombre que marcará los destinos de este país hasta 2022.

Guerra de encuestas

Los distintos sondeos coinciden en otro dato: el candidato de la extrema derecha, el abogado y candidato uribista Iván Duque, es el favorito con mayor intención de voto y quien tendría asegurada su participación en la segunda vuelta. Duque representa a una coalición entre el Partido de Centro Democrático -del ex presidente Álvaro Uribe Vélez (2002-2010)- y el Partido Conservador, en donde se destacan figuras como el expresidente Andrés Pastrana (1998-2002), el exprocurador general de la Nación, Alejandro Ordóñez (2009-2016) y la exministra de Defensa (2002-2003) y exsenadora (2006-2009), Marta Lucía Ramírez, quien además es la compañera de fórmula de Duque.

Finalizando ya la campaña, se sumó a esta coalición el partido Movimiento Independiente de Renovación Absoluta, más conocido por sus siglas: MIRA. Se trata de un partido confesional considerado el brazo político de la “Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional”, que aportará un caudal de votos disciplinado, y que podría marcar la diferencia en un escenario tan reñido.

Para el resto de los candidatos, la pelea será por lograr el segundo puesto y tener así una chance en el ballotage. Esa puede ser la gran sorpresa de la elección: hasta ahora no hay claridad en la composición y el resultado final de una potencial segunda vuelta. Según los sondeos, tres candidatos cuentan con chances. Siguiendo un orden alfabético ellos son: Sergio Fajardo, Gustavo Petro y Germán Vargas Lleras. Cada uno representa a diversos sectores del arco político y protagonizarían escenarios de ballotage muy diferentes.

Perfil de los candidatos

El exalcalde de Medellín (2004-2007) y exgobernador de Antioquia (2012-2015), Sergio Fajardo, es un matemático y académico que se lanzó a la política en contra de “la corrupción” y de “las viejas maquinarias políticas”. Haciendo gala de un discurso progresista, pero sin levantar sospechas de “izquierdista”, sus principales enemigos son, justamente, su indefinición, dentro de un país polarizado, y su discurso anti-corrupción, en el contexto de un debate que no tuvo a la corrupción como tópico central. Por lo menos, a priori, los escándalos como el del caso Odebrecht y el de la represa Hidroituango -en donde participó la empresa brasileña Camargo Correa- no generaron grandes cambios en las intenciones de voto. Pese a ello, Fajardo “mide bien” en varias encuestas y ha captado tanto el voto intelectual como el de los sectores cansados de la polarización, que aunque minoritarios, pueden crecer.

Por su parte, el exdirigente guerrillero del M-19 (Movimiento 19 de Abril, desmovilizado en 1990) y exalcalde de Bogotá, Gustavo Petro, es quizá quien más amores y odios despierta. Distintos especialistas en opinión pública señalan que la adhesión a Petro proviene del público joven, las izquierdas duras y los sectores bajos que aspiran a un cambio. Fiel a su origen “movimientista”, su discurso adopta la forma de un “sancocho nacional” (tradicional sopa o guiso popular colombiano), en donde, a su habitual denuncia contra el paramilitarismo y sus críticas estructurales al modelo económico extractivista y minero, se añaden algunas novedades como una apelación a la fe cristiana, a su distanciamiento respecto del “socialismo del siglo XXI” venezolano, y su promesa de que no habrá comunismo ni se expropiará a la empresa privada. Petro es, sin duda, el candidato que más amores despierta, pero también el que más odios y temores genera. Apelando a su capacidad para dividir las aguas, cerró su campaña con un discurso refundacional en donde se postuló como el “Moisés que separará en dos la Historia de Colombia”.

Quizás el candidato de la centro derecha, Germán Vargas Lleras, no tenga el carisma de Gustavo Petro ni tampoco lo desee. Su juego es postularse como el hombre del consenso y quien superará “la polarización entre la extrema izquierda y extrema derecha”. Su apuesta está en su experiencia como legislador y sus cargos ejecutivos: senador (1998-2008), titular de las carteras del Interior y Justicia (2010-2012), Vivienda (2012-2013) y vicepresidente (2014-2017) durante el segundo mandato de Juan Manual Santos. Además de ello, posee una formidable maquinaria política-lectoral que, bien aceitada, podría inclinar la balanza a su favor. Con un discurso centrado en el “plan”, el “programa” y la “gestión”, Vargas Lleras aspira a convertirse en la sorpresa de la contienda: el “Papa”, producto de un cónclave en donde los distintos “partidos cardenales” no logren imponer a su propio candidato. Esa es su apuesta y es muy probable que en una segunda vuelta la centro-izquierda y la izquierda votaría vote por él y en contra de Iván Duque.

Pero ya sean carismáticos, bien parecidos u hombres de gestión, los candidatos lanzan sus dardos y las habituales peleas y cruces de campaña se añade la virulencia de los votantes en redes sociales. De ese modo, candidatos y votantes: todos se quejan de todo.

El proceso de paz como telón de fondo

A su vez, el candidato de centro-centro, Humberto de la Calle, del Partido Liberal, también se queja: “Estoy cansado de escuchar que soy el mejor candidato, pero que no me votan porque dicen que no voy a ganar”. El contrasentido, sin embargo, tiene su propio “sentido”: dado que, según todos los sondeos, no habrá un claro ganador en primera vuelta, los colombianos se preparan para definir el resultado final en el ballotage estipulado para el 17 de junio.

Humberto de La Calle tiene a su favor (y también en su contra) el hecho de haberse desempeñado como jefe del equipo negociador del Gobierno durante los diálogos con las FARC-EP. Ello le ha granjeado un importante reconocimiento de parte de la comunidad internacional. Pero los Acuerdos de paz celebrados por el mundo fueron rechazados por los colombianos durante el plebiscito del 2 de octubre de 2016, cuando se impuso el No por un escaso margen de 60.000 votos. Consultado por DEF sobre si el rechazo a los Acuerdos de Paz se trasladó a su candidatura, De la Calle señaló que, pese a tal “costo político”, la paz es algo en cuya defensa empeñará el resto de su vida. Es que la paz salva vidas, pero no gana elecciones.

Escenarios posibles

La certeza de que no habrá presidente en primera vuelta determina uno de los rasgos más destacados del proceso eleccionario del próximo domingo 27: será una de las elecciones en las que se votará pensando más en el ballotage que en la primera vuelta. Y si bien ello no será una novedad para Colombia -pues las últimas presidenciales (2010 y 2014) vienen desarrollándose de ese modo-, la novedad está en la pelea por obtener el segundo puesto. Las distintas combinaciones que podrían darse presentan escenarios muy distintos frente a los que todo el arco político se reacomodaría muy distintamente.

Según varios sondeos, Iván Duque tiene buenas chances para imponerse en segunda vuelta frente a cualquier candidato, pero tendría una victoria mucho más cómoda y segura si se enfrenta al candidato Gustavo Petro. La clave está en que el fantasma del “castro-chavismo” inclinaría la balanza hacia el candidato más “previsible” Iván Duque. Además, la centro-derecha y la centro-izquierda, que por cierto no quieren a Duque, le temen más al “populismo” de Gustavo Petro.

En cambio, un duelo Duque/Fajardo o Duque/Vargas Lleras le permitirá al arco político reacomodarse en torno al candidato que se oponga a Iván Duque. Es que tanto Fajardo como Vargas Lleras no parecen constituir un peligro para el proceso de paz con las FARC ni con el Ejército de Liberación Nacional (ELN). En ambos escenarios, la diferencia la marca el uribista Iván Duque, quien es el único candidato que, en distintos grados, amenazó con “hacer trizas”, “modificar” o “revisar” los Acuerdos de Paz firmados en noviembre de 2016 con las FARC-EP.

Todos los demás candidatos, en distintos grados, apoyan la implementación de lo que se negoció en La Habana (Cuba), ya sea porque se trata de una “oportunidad histórica” o porque no tienen ganas da abrir una “caja de Pandora de consecuencias impredecibles”. Y, más aún, cuando los distintos frentes del ELN siguen alzados en armas, negociando también en La Habana, pero asestando golpes sangrientos en Colombia con el objeto de meterle presión a sus demandas. Esa parece ser la triste “lógica” de negociar la paz en medio de la guerra, así como también la clave del odio parece ser la “lógica” de un proceso electoral en donde los amores y las preferencias se resignarán en función de fórmulas de “voto útil”, siempre para evitar el “peor de los escenarios”. Y ya sea por el “castro-chavismo”, la “vuelta a la guerra” o la “vuelta al pasado”, la mayoría de los colombianos deberán esperar, al menos unos años más, para por fin poder elegir conforme a sentimientos diferentes al de la “verraquera”, el enojo o el miedo.