Es un dicho popular que significa algo así como que las malas acciones tarde o temprano se terminan pagando. Pero lo interesante de esta fresa que une dos cosas tan disímiles como los chanchos y San Martín no es tan solo la idea de que exista un castigo, sino que los que han obrado mal paguen sus culpas en este mundo prosaico y material.
Precisamente por esta razón, se alude a los pobres chanchos, a los que tradicionalmente se ingería todos los 11 de noviembre, día de la festividad de San Martín de Tours, un obispo católico del siglo IV, y no el del general San Martín, como podría parecer en primera instancia.

Se cree que el dicho se originó en España, donde era tradición que todos los años las familias compraran dos o tres cerdos, a los que engordaban concienzudamente hasta el 11 de noviembre, día del santo, fecha en que los mataban y dedicaban toda la jornada a elaborar jamones y embutidos locales. Se dice , por otra parte, que la elección del día de San Martín de Tours para carnear a los chanchos se debía a que alrededor de esa fecha se producía en España un curioso fenómeno atmosférico, una especie de peculiar “veranillo” antes de las nevadas, que resultaba muy apto para realizar ese tipo de faenas.

Otra versión, sin embargo, sostiene que “San Martín” era el nombre de un cuchillo que se utilizaba precisamente para el troceado de los cerdos. En síntesis, lo que finalmente le llega al chancho –y por extensión a algunos humanos que bien se lo merecen- y poco importa si alude al día del santo o al cuchillo. Lo que en realidad importa es lo que significa: la muertes para los pobre chanchos y el inevitable y bien merecido castigo para los humanos.