Foto: José Cruz /agencia Brasil

Más de 147 millones de brasileños se volcarán este domingo a las urnas para delinear el rumbo político que tomará el país vecino. Quiénes son los candidatos y cuáles son los proyectos de un país en pugna. Por Francisco Reyes.

El domingo, los brasileños votarán en la primera vuelta presidencial para definir quién reemplazará a Michel Temer, en un clima de incertidumbre y polarización. En las últimas semanas, la campaña se vio sacudida por el apuñalamiento que sufrió el candidato presidencial de ultraderecha Jair Bolsonaro, del partido Brasil y Dios por encima de todo (PSL), pero todo el proceso eleccionario viene convulsionado, por los coletazos de las causas de la corrupción como el Lava Jato y, más recientemente, por el crecimiento en las encuestas de Fernando Haddad, el candidato del Partido de los Trabajadores (PT) impulsado por el expresidente Lula da Silva.

¿Qué se vota?
Presidente y vicepresidente, dos tercios de los 81 miembros del Senado Federal, los 513 miem-bros de la Cámara de Diputados (la totalidad), gobernadores y vicegobernadores de todos los estados.

Este año, además, los brasileños definen la composición de las Asambleas Legislativas Estatales y de la Cámara Legislativa del Distrito Federal.

La puja entre dos modelos de país
Los brasileños deberán decidir en las próximas horas entre dos proyectos de país bien marca-dos. Con un electorado completamente polarizado, una de las opciones es la del ultraderechista y conservador Jair Bolsonaro, un capitán de reserva del Ejército de Brasil, defensor del derecho a la portación de armas, que cuenta con un polémico historial de declaraciones machistas, racistas, homófabas y misóginas. La otra opción, que continuaría el legado político de Luis Inacio Lula da Silva, corresponde al exalcalde de San Pablo y exministro de educación, Fernando Haddad, intelectual abanderado del Partido de los Trabajadores (PT). Su candidatura fue anunciada por Lula el pasado 11 de septiembre, y logró capitalizar en menos dos meses un gran caudal de votos.

¿Cómo se vota?
En Brasil, la forma de gobierno es de República Federativa. El país cuenta con 27 distritos elec-torales plurinominales, tanto para la Cámara de Diputados como para el Senado.
Tanto el presidente como el vicepresidente son elegidos con el sistema de dos vueltas. Si el can-didato más votado cuenta con más del 50 % de los votos, se lo declara electo en primera vuelta. Sin embargo, si ninguno de los candidatos llega a ese porcentaje, el último domingo de octubre –en esta oportunidad, el 28 de octubre–, se disputa una segunda vuelta, entre los dos más votados.

¿Quiénes son los candidatos a la presidencia?
En total son 13 los candidatos confirmados. Los principales aspirantes a la presidencia son Jair Messias Bolsonaro por el partido Brasil y Dios por encima de Todo (PSL); Fernando Haddad por el Partido de los Trabajadores (PT), Ciro Gomes por Brasil Soberano (PDT), Marina Silva por Unidos para Transformar Brasil – Red de Sustentabilidad (REDE) y Gerardo Alckmin por la coalición Para Unir Brasil (PSDB).

Una reciente encuesta, llevada a cabo por IBOPE entre los días 29 y 30 de septiembre, reveló que Jair Bolsonaro (PSL) creció 3 puntos y lidera las encuestas con un 31 % de intención de voto, seguido por Fernando Haddad (PT), con un 21 %. De esta forma, la distancia entre el candidato de Lula, Fernando Haddad, y Jair Bolsonaro se incrementó a 10 puntos porcentuales, cuando la semana del 15 de septiembre era de 9 puntos, y la semana del 26 de septiembre era de 6 puntos. Por otro lado, el candidato Ciro Gomes (PDT) mantiene un tercer lugar con 11 % de intención de voto y alejada y cuarta se encuentra Marina Silva, con 4 % de intención de voto. Los votos en blanco/nulos representan un 12 %.

Ante un eventual escenario de ballotage, la encuesta de IBOPE señaló que habría un empate técnico entre Jair Bolsonaro y Fernando Haddad (42 % y 42 %). Contra Ciro Gomes, Bolsonaro quedaría segundo (45 % y 39 %, respectivamente), contra Gerardo Alckmin el candidato Bolsonaro también perdería (42 % y 39 %, respectivamente) y contra Marina Silva el candidato de la ultraderecha ganaría (43 % y 38 %).

El perfil de los candidatos
Jair Bolsonaro – El candidato de la ultraderecha

El lanzamiento de la candidatura de Jair Bolsonaro a la presidencia. Foto: Fernando Frazão/Agência Brasil.

Nacido en Campinas, San Pablo, es un militar de reserva del Ejército de Brasil que alcanzó el grado de capitán y es actualmente diputado federal en su séptimo mandato. Líder del Partido Social Liberal, hace 17 años que es legislador; en las elecciones generales de 2014 fue el diputado más votado de Río de Janeiro.

En la última encuesta publicada por IBOPE, un 44 % de los consultados afirmó que no votaría bajo ningún concepto a Bolsonaro. A lo largo de su campaña, el candidato del PSL generó, a raíz de declaraciones que han sido tildadas de machistas, homofóbicas y racistas, una fuerte polémica en la opinión pública brasileña. Bolsonaro aseguró que si resultaba electo en los comicios iba a “acabar con la ideología de género y el adoctrinamiento de la homosexualidad en las escuelas públicas”.

En su plataforma electoral, el candidato de la ultraderecha prioriza “la defensa de la familia, la soberanía nacional del Brasil, el derecho a la propiedad y volver a instaurar los valores sociales del trabajo y la iniciativa libre”. Para Bolsonaro, es importante que la sociedad civil esté armada, combatir el crimen con mano dura, y darle más poder y presupuesto a las Fuerzas Armadas y de Seguridad.

También anunció que luchará contra “la erotización infantil en las escuelas”, proponiendo códigos de vestimenta más rigurosos en los establecimientos educativos. Si es electo, reducirá la edad de imputabilidad y militará para que los ciudadanos puedan estar armados, defendiendo el derecho a la legítima defensa y estableciendo un nuevo marco jurídico que les dé más poder a las fuerzas policiales para combatir el crimen, en particular el narcotráfico.

La religión tiene un lugar preponderante en su plataforma electoral, donde establece que pondrá en primer lugar los valores cristianos. En lo que respecta a su plan económico, defiende el libre mercado y propone privatizar al menos 140 empresas que en la actualidad son públicas.

Fernando Haddad – El elegido de Lula

Fernando Haddad y Manuela D’Ávila, en plena campaña en Recife. Foto: Ricardo Stuckert.

Fue ministro de Educación entre los años 2005 a 2012 durante las presidencias de Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Roussefff. A su vez, este miembro del Partido de los Trabajadores (PT) nacido en San Pablo, fue alcalde de San Pablo en el período 2013-2017. Es hijo de inmigrantes libaneses, cristianos ortodoxos. Haddad tiene una maestría en economía y un doctorado en filo-sofía de la Universidad de San Pablo.

En 2018, había sido elegido por Lula para ser su compañero de fórmula, como vicepresidente. A partir de la inhabilitación que se le impuso a Lula para participar de las elecciones por una condena en una causa por corrupción, el 11 de septiembre último el PT anunció que el candidato a la presidencia de la República sería Haddad, acompañado por Manuela d’Ávila del Partido Comunista de Brasil (PCdoB), en la vicepresidencia.

“Mi gobierno se regirá por el principio de ampliar las oportunidades a la gente, con empleo y educación. Con trabajo y educación saldremos de cualquier crisis”, así lanzó Haddad su plata-forma electoral en Twitter.

Además de su elegido para la contienda presidencial, Haddad es el abogado defensor de Lula en el proceso que derivó en su detención en una cárcel de Curitiba. “Soy a mucha honra el abogado de Lula. Lo visito todos los lunes porque está preso injustamente y no voy a descansar hasta tanto no tenga un juicio justo”, expresó.

Ciro Gomes – El candidato laborista

El candidato Ciro Gomes (PDT) en campaña, en Salvador. Foto: Leo Canabarro.

El economista y político nacido en Pindamonhangaba, San Pablo, aspira a la presidencia luego de haber sido Ministro de Integración Nacional en 2016. Fue electo con tan solo 32 años gober-nador de Ceará, estado del norte de Brasil. Se presentó como candidato a la presidencia de la República en las elecciones de 1998, y llegó a ser el tercero más votado. En los comicios de 2002 también participó de la contienda presidencial, salió cuarto y dio su apoyo a Lula.

Entre las principales promesas de campaña de Ciro se destaca la construcción de policlínicas de alta complejidad, que contarían con médicos especialistas, mayor agilidad en la atención y con un sistema de salud integral y sin costo para el paciente.

El candidato laborista también promete concluir con las obras de transposición del Río San Francisco para solucionar los problemas de sequía que afectan al Nordeste brasileño. Por otro lado, promete la generación de 2 millones de puestos de trabajo, reactivando la obra pública, e iniciando un programa de saneamiento básico, que le dará empleo a los habitantes de los mismos barrios beneficiados.

Por último, Ciro propone mover las escuelas de formación profesional de tiempo integral al nivel medio de la educación, ofreciendo más de 50 cursos de formación de oficios y sistemas de pasantía en empresas, donde el sueldo del pasante lo pagaría el Estado.

Marina Silva – La opción ambientalista

Entre los principales candidatos, Marina Silva es la única mujer.

Nació en una comunidad rural, en el estado de Acre, en el Noroeste de Brasil. Es una de las dos mujeres en presentarse a esta elección.

Silva es política, ecologista y pedagoga, fundadora y portavoz del partido político Red de Sustentabilidad (REDE) desde 2013. Este partido se define en su sitio web como “ambientalista, progresista y socialdemócrata”.

Silva fue senadora en el período 1995-2001, ministra de Medio Ambiente de 2003 a 2008, diputada estatal del estado de Acre y concejal de Río Blanco. Fue candidata a presidente en 2010 y 2014, y alcanzó en esta última candidatura un 21,32% de los votos.

En su plataforma electoral se destaca el proyecto de inversiones en infraestructura y construcción civil, que da prioridad al saneamiento básico y la construcción de viviendas populares. También propone invertir en el turismo de base sustentable, multiplicar las inversiones en energía solar; promover el emprendedorismo, reduciendo la burocracia y ampliando el acceso al crédito y a cursos de capacitación; y por último, hacer una reforma tributaria, simplificando los impuestos y haciéndolos progresivos: quien gana menos que pague menos.