El Ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable, Sergio Bergman, resalta el valor del recurso hídrico como una política de Estado que atraviesa distintos gobiernos. Además, señala cuáles son los principales puntos de la política de saneamiento universal a la que está apuntando desde su cartera.

Seth Siegel habla en su libro El agua del concepto de “diplomacia del agua”. ¿Qué experiencia cree que puede aportar Israel en la materia?

En el libro de Seth Siegel se plantea muy claramente el caso de Israel con Jordania y también con la Autoridad Nacional Palestina. Hay conversaciones permanentes sobre este recurso vital. El agua es fuente de paz. Cuando la administramos para que todos contemos con el recurso, el agua trae la paz. Cuando no la proveemos y nos peleamos, generamos violencia y separación. Esta es una historia que viene desde la Biblia y llega a la diplomacia moderna. Israel ha sido muy sabio porque, a través de la política de manejo del agua, supo tender puentes y construir consensos. Israel logró, desde muy temprano, forjar una cultura del cuidado del agua y de los recursos naturales, algo de lo que sus ciudadanos se sienten orgullosos. La solución que Israel encontró debe inspirar a los argentinos, que tenemos tantos dones y bendiciones naturales y, sin embargo, nos ha faltado responsabilidad para cuidar nuestros recursos. En ese sentido, debemos ser capaces de compartir el insumo vital que nos sostiene y nos da la vida, que es el agua, y  aprender cómo con el agua podemos crear unidad.

Argentina tuvo en el pasado reciente disputas con los países limítrofes, particularmente con Uruguay, por el manejo del agua. ¿Cómo está la situación hoy en materia de administración de recursos conjuntos?

Estamos sosteniendo un diálogo fraterno porque somos hermanos latinoamericanos, siempre con la solidez y la firmeza de hacer los controles y monitoreos. En ese sentido, la CARU [Comisión Administradora del Río Uruguay] está cumpliendo con los monitoreos. Yo diría que tenemos que mantener, al mismo tiempo, una coherencia; no podemos tener el doble estándar de pelearnos con un país vecino por el agua y tener todas nuestras cuencas internas contaminadas. Sin fiscalización y sin control en el marco de la ley, la gente no aprende a cuidar y a respetar.

¿Cuáles son nuestros mayores desafíos y cuentas pendientes como país?

Nuestro país debe asumir un gran pasivo por no haber sido capaz de tener políticas ambientales. Todos debemos hacernos cargo de no haber tenido nunca en la agenda del Estado una presencia proactiva para cuidar nuestros recursos naturales. No tuvimos la posibilidad de ver un desarrollo sustentable, en términos de que no exista contradicción entre desarrollarnos para crecer y ser cuidadosos del ambiente que tenemos que legar. En este punto, el agua como insumo no es solo un recurso material, sino que es fuente de vida y de dignidad. Cuando se degrada el ambiente, lo primero que se degrada es lo humano. Este medio ambiente sano y equilibrado que debemos conservar no es neutro, sino que es para desarrollar nuestras actividades productivas y satisfacer nuestras necesidades. Garantizar un ambiente sano y equilibrado es un acto de justicia social. En esa dimensión de la justicia social, nuestra Constitución establece que tenemos derecho al agua y a un ambiente sano, pero también tenemos un deber: preservar el ambiente para que las futuras generaciones gocen del mismo derecho que hoy tenemos nosotros.

¿Cuáles son las prioridades de su gestión en este tema?

La Argentina va hacia una política de Estado que tiene que resolver lo que yo llamo “el triple play del mínimo de dignidad”. Esto implica una política de saneamiento universal: agua potable para todos, tratamiento de los efluentes y la cuestión de los residuos. Todos los habitantes tienen que tener estos tres temas resueltos, con un Estado que planifique desde una visión estratégica. Como esto no lo vamos a poder resolver en el tiempo de una sola gestión, es bueno que los argentinos unidos nos pongamos como meta garantizar este mínimo ético para salir de la vergüenza de haber olvidado a millones de nuestros hermanos que no logran ese nivel mínimo de dignidad. Tal como propone Seth Siegel, la filosofía rectora del agua como bien común empieza por asumir que el agua sirve como recurso para unificar a un país, y no necesitamos entidades rectoras en manos de políticos, sino políticas de regulación universal del recurso. Debemos cambiar nuestros hábitos y crear una cultura del respeto del agua como un don y mediante prácticas y acciones concretas que asuman que ser sustentables en el uso del agua es un desafío y una responsabilidad de todos.