El 16 de marzo de 1968 se produjo la masacre de My Lai, en la que murieron 504 civiles vietnamitas, entre ellos 182 mujeres y 173 niños. Este sangriento operativo minó la reputación del Ejército de EE. UU. y alimentó una fuerte campaña dentro del propio territorio estadounidense contra la guerra de Vietnam, que llegaría a su fin siete años más tarde.

Ubicada en la provincia de Quang Ngai, en la costa septentrional del entonces Vietnam del Sur, la aldea de My Lai fue atacada en la mañana del 16 de marzo de 1968 por la Compañía Charlie del Ejército de EE. UU. “Durante cuatro horas, los civiles fueron asesinados. Muchos de ellos fueron acorralados, agrupados en pequeños grupos y tiroteados, mientras que muchos otros fueron baleados en forma aleatoria cuando se encontraban dentro de sus casas o cerca de ellas. Algunas de las niñas y mujeres jóvenes fueron violadas y luego asesinadas”, narra el periodista Seymour M. Hersh, ganador del Premio Pulitzer en 1970 por su investigación de la matanza.

Según testimonios recogidos por la Comisión Peers que investigó los hechos, los militares estadounidenses encerraban a los aldeanos en las chozas y, cuando estaban llenas, lanzaban a su interior granadas. Después de la masacre, los soldados estadounidenses se encargaron de incendiar las chozas que quedaban en pie, destruir los cultivos y contaminar las fuentes de agua potable de la zona. “Maten todo lo que se mueva”, habría sido la orden del capitán de la Compañía C, Ernest Medina. “La orden fue que destruyéramos My Lai y todo lo que allí hubiera”, confesó a la revista LIFE, en diciembre de 1969, el sargento Charles West.

Irónicamente, el mismo día de la masacre el Ejército de EE. UU. publicó las denominadas “rules of engagement” o reglas de intervención en combate, que establecían criterios restrictivos para los ataques y el despeje de aquellas zonas pobladas por civiles para evitar el uso de armas de guerra contra blancos no militares. Sin embargo, tal como afirma Seymour M. Hersh, durante la guerra de Vietnam “la libertad para matar impunemente condujo al asesinato de muchos civiles, en completa violación tanto de las convenciones de Ginebra como de las propias reglas de intervención” de los soldados. “La operación degeneró a un punto en que los pilotos, en lugar de detener civiles, los asesinaban deliberadamente, en algunos casos incluso atropellándolos con sus helicópteros o, en un modo aún más macabro, mediante el uso de un lazo para detener campesinos vietnamitas que intentaban huir”, añade este autor en una de sus célebres notas.

Este sangriento episodio de la guerra de Vietnam no tuvo graves consecuencias para los altos mandos de la operación. El único condenado fue el teniente William Calley, de entonces 26 años, quien cumplió tres años de prisión por la matanza de 109 civiles vietnamitas. La sentencia fue finalmente conmutada por Richard Nixon. En 2009 Calley rompió el silencio y pidió disculpas públicamente por el accionar de las tropas a su mando. “No pasa un día sin que sienta remordimiento por lo que sucedió aquel día en My Lai. Siento remordimiento por los vietnamitas asesinados, por sus familias, por los soldados americanos implicados en aquello y por sus familias”, dijo ante un auditorio en la ciudad de Columbus (Georgia).

Célebre fotografía del reportero militar Ronald L. Haeberle, publicada en diciembre de 1969 por la revista LIFE.